De Zamora sale Dolfos

Nota: Esta transcripción respeta la ortografía original de la época.
XXXVI




D

e Zamora sale Dolfos

corriendo y apresurado;
huyendo va de los hijos
del buen viejo Arias Gonzalo,
y en la tienda del buen Rey
en ella se había amparado:
—Manténgate Dios, el Rey.
—Bellido, seas bien llegado.
—Señor, tu vasallo soy,
tu vasallo y de tu bando,
y yo por aconsejarle
á aquel viejo Arias Gonzalo
que te entregase á Zamora,
pues se te había quitado,
hame querido matar
y dél me soy escapado.
Así me vengo, señor,
por ser en el tu mandado,
con deseo de servirte
como cualquier fijodalgo.

Yo te entregaré á Zamora,
aunque pese á Arias Gonzalo,
que por un falso postigo
en ella serás entrado.—
El buen Arias, el leal,
al Rey había avisado
desde el muro del adarve
estas palabras hablando:
—Á ti lo digo, buen Rey,
y á todos los castellanos,
que allá ha salido Bellido,
Bellido un traidor malvado,
que si traición te ficiere
á nos non será imputado.—
Oídolo había Bellido,
que al Rey tiene por la mano:
—Non lo creades, señor,
lo que contra mí ha fablado,
que don Arias lo publica
porque el lugar no sea entrado,
porque él sabe que yo sé
por dónde será tomado.—
Allí le fablara el Rey
de Bellido confiado:
—Yo lo creo bien, Bellido,
el Dolfos, mi buen criado;
por tanto, vámonos luégo
á ver el postigo falso.
—Vámonos luégo, señor,
id solo, no acompañado.—
Apartados del real,
el buen Rey se había apartado
con voluntad de facer
lo que á nadie es excusado:
el venablo que llevaba
á Bellido se lo ha dado,

el cual desque así lo vido
de espaldas y descuidado,
levantóse en los estribos,
con fuerza se lo ha tirado;
diérale por las espaldas
y á los pechos ha pasado.
Allí cayó luégo el Rey
muy mortalmente llagado;
vióle caer don Rodrigo
que de Vivar es llamado,
y como le vió ferido,
cabalgara en su caballo.
Con la priesa que tenía
espuelas no se ha calzado.
Huyendo iba el traidor
tras él iba el castellano,
si apriesa había salido,
á mayor se había entrado;
Rodrigo ya le alcanzaba,
mas viendo á Dolfos en salvo,
mil maldiciones se echaba
el nieto de Laín Calvo:
—Maldito sea el caballero
que como yo ha cabalgado,
que si yo espuelas trujera,
no se me fuera el malvado.—
Todos van á ver al Rey
que mortal estaba echado.
Todos le dicen lisonjas,
nadie verdad ha fablado,
sino fué el conde de Cabra,
un buen caballero anciano:
—Sois mi rey y mi señor,
y yo soy vueso vasallo;
cumple que miréis por vos,
que es verdad lo que vos fablo,

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Muerte del rey D . Sancho


que del ánima curedes,
del cuerpo non fagáis caso;
á Dios vos encomendad
pues fué este día aciago.
—Buena ventura hayáis, conde,
que así me heis aconsejado.—
En diciendo estas palabras
el alma á Dios había dado.
De esta suerte murió el Rey
por haberse confiado.



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