Danza de la muerte: 04

Comienza la farsa
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Danza de la muerte


Cámara en un palacio del Papa

Papa


¡Oh, cuán sublimada que fue mi ventura!
¡Y cuán a sabor tan bien fortunado,
venido de nada en tan alto estado;
Vicario en la tierra de Aquel del altura,
de quien, sobre toda cualquier criatura,
poder me fue dado acá, sin dubdar,
para absolver, ligar, desatar,
según a sant Pedro! Verdad digo pura.
Príncipes grandes, aunque emperadores,
Reyes, perlados, señores potentes
y todos Estados, me son obedientes,
por ser desigual al mío y menores.
Todos aquéstos me son servidores,
por ser más divino mi oficio que humano;
y todos procuran besarme la mano,
por más que presuman de grandes señores.
¡Con cuánta humildad me sirven y acatan
todos Estados, acá en este suelo!
Pues para salud del alma y consuelo,
remedios esperan de mí en lo que tratan;
y si de lo tal verdad me relatan,
puesto que a Dios se da la noticia,
de mí son absueltos de toda inmundicia;
que acá en su lugar me tienen y acatan.

Sale LA MUERTE

Muerte


¡Oh, cuán sin acuerdo de mí, y sin temor,
yaces en vicios terrenos jatando,
la gloria pasible de acá procurando,
soberbia mostrando por ser gran señor;
en quien la humildad, según que a Pastor,
había de ser grande ejemplo al ganado!
Y, pues fue al revés, irás muy priado
conmigo a do cuenta darás de tu error.

Papa


¡Oh Muerte!, no vengas con tanto furor;
aplaca tu ira; ten más sufrimiento:
mira que es grande mi merescimiento,
de muy alta estima mi estado y valor;
no muestres conmigo tan grande rigor,
que tengo en la tierra muy gran señorío.

Muerte


Muy poco te excusa tan gran desvarío
el golpe mortal de mi pasador.
Sin más resistencia sabrás, sin mentir,
aunque tu estado a todos hoy sobre,
muy breve serás igual con el pobre,
en solo este paso que llaman morir.

Papa


Déjame un poco, si quiés mi vivir;
Muerte, no vengas tan arrebatada,
para que enmiende la vida pasada.
Muerte No puede ser, digo; conmigo has de ir.


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