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Curiosa y poco conocida es la descripción de Lima hecha por Agustín de Zárate, a mediados del siglo XVI y que SE transcribe; cabe destacar que está escrito en español antiguo:

“Está en un llano junto a un río caudaloso; la tierra es muy abundante de pan y de todo género de frutas y ganados. Está la ciudad poblada de suerte que todas las calles van a dar a la plaza a cordel, y por cualquiera se paresce el campo por dos partes. Es muy apacible vivienda por causa de su templanza, que en todo el año no hay frío ni calor que dé pesadumbre; los cuatro meses del estío de España hace en ella alguna más diferencia de frío que en el otro tiempo. Estos cuatro meses cae en ella hasta el mediodía un rocío menudo como las nieblas de Valladolid, salvo que no es dañoso para la salud; antes los que tienen enfermedad de cabeza la lavan con este rocío. Dase muy bien toda fruta de Castilla, especialmente naranjas, cidras, limones., toronjas, dulces y agrios, higos y granadas, y aun de uva hubiera abundancia si las alteraciones de la tierra hubieran dado lugar porque algunas hay nascidas que se pusieron de granos de pasas. También hay grande abundancia de verdura y legumbres de Castilla y gran aparejo para criarlas, porque en cada casa hay una acequia de agua sacada del río, que podría hacer moler un molino. Hay en el río muchas paradas de molinos de Castilla, donde los españoles muelen su trigo; por manera que esta ciudad se tiene por la más sana y apacible vivienda de la tierra, por ser puerto de gran comercio y contratación, y que para proveerse de lo necesario acuden a él de todas las ciudades que están la tierra arriba, en cuyas minas se hallan tanta abundancia de oro y plata como de aquella provincia se trae; y también por estar en medio de la tierra, y haber Su Majestad mandado por esta razón que resida allí la Audiencia real, a cuya causa acuden todos los vecinos de la tierra a pedir allí justicia; y es de creer que cada día se irá aumentando más en vecindad. Tendrá ahora quinientas casas, aunque toma muy mayor sitio que una ciudad de España que tenga mil quinientas, así por ser las calles muy anchas y la plaza, como porque cada casa ocupa un solar de ochenta pies de delantera, y doblado el largo. Los edificios no se pueden hacer de más de un suelo, porque no hay madera en la tierra que sufra hallarse, y a tres años se come de carcoma; y con todo esto, las casas son muy suntuosas y de grande autoridad y muchos aposentos; los cuales edifican haciendo las paredes de los cuartos de adobes, con cinco pies de ancho, y en medio lo hinchen de tierra todo lo necesario para subir el aposento, hasta que las ventanas que salen a la calle queden bien altas del suelo. Las escaleras están descubiertas en los patios, y van a dar en unos terrados que sirven de corredor o antecuarto para entrar desde allí a los aposentos. Las techumbres se hacen y cubren con unos tirantes toscos, y encima de ellos se pone un cielo de unas esteras pintadas como las de Almería, que cubren también los mismos tirantes, o de unos lienzos pintados; y encima de todos se hacen ramadas, y así quedan los aposentos muy altos y frescos y defendidos del sol, porque del agua no hay necesidad de defenderlos, pues, como está dicho, nunca llueve”.