Abrir menú principal



¡Un año más! Con su celaje oscuro,
con su nieve, su escarcha y su neblina,
sobre esta frente que al dolor se inclina
cincuenta y ocho inviernos pesan ya;
y al vislumbrar la mente, en lo futuro,
visiones que se extinguen incoloras,
mira pasar de las perdidas horas
el negro enjambre que volando va.
El tiempo, que jamás la planta sienta,
devorando las noches y los días,
ya rasga el manto a las tinieblas frías,
ya al crepúsculo extingue el arrebol;
y una vez y otra su arenario cuenta
el polvo del desierto, grano a grano,
y agota su clepsidra el océano,
y su cuadrante embota el rayo al sol.
Arrebatado en incensante vuelo,
cuanto la mente a concebir alcanza,
cuanto es blanco falaz de la esperanza,
cuanto soberbia inspira y gloria da,
cuanto brilla en la tierra y en el cielo,
desde el átomo al astro luminoso,
sueño es ¡ay! que en su velo tenebroso
la sombra del olvido envolverá.
¿Qué memoria en la tierra deja el hombre?
¿Qué rastro deja por la mar la nave!
¿Qué rastro deja por el viento el ave!
¿Qué rastro deja por el cielo el sol!
¡La muerte borra al par de nuestro nombre,
las vanas glorias que el orgullo crea,
como borra en la playa la marea
las huellas del ausente barquero!
Y, aun en la áspera senda de amarguras
donde entre abrojos el dolor anida,
¿qué es la humana carrera? ¿qué es la vida?
¡Sufrir, lidiar, caer, llorar... morir!
No es otra la corona de venturas
que el tiempo nos ofrece despiadado:
¡esas las flores son que dio el pasado!
¡esas las que promete el por venir!
¡Ah! si al menos, el ánimo abatido
la luz del bien entre la bruma viera,
con su benigno rayo hallar pudiera,
ya que no la ventura la quietud.
Pero, en densas tinieblas sumergido,
¿quién la esperanza del acierto abriga?
¿Sabe el tallo Señor, lo que es espiga?
¿sabe el hombre, Señor, lo que es virtud?
¿Quién seguro aquilata sus acciones,
si por falta o por sobra de energía,
ya es la resignación vil cobardía,
ya la noble constancia obstinación?
¡Siempre, velada en lúgubres crespones,
se oculta la verdad: nadie la alcanza;
y en el trémulo fiel de la balanza
se columpia indecisa la razón!
¡Ah! Cuando triste, muda, misteriosa
la noche se aproxima, y paso a paso
va tu sol acercándose al ocaso,
desconocido abismo para ti,
al tocar en el borde de la fosa
donde otra vida inescrutable empieza,
si no sabes morir con entereza,
miserable mortal, ¿qué sabes? ¡di!
Muera, Señor, conmigo mi memoria;
quede al mundo ignorada mi existencia;
pero dame la paz de la conciencia,
hoy que al fin del camino siento el pie.
No te pido, Señor, fama ni gloria,
no te pido grandeza ni ventura,
no te pido ni aun tregua en mi amargura:
¡valor te pido, y esperanza, y fe!