Coloquios espirituales y sacramentales y poesías sagradas/Prólogo al letor

Coloquios espirituales y sacramentales y poesías sagradas (1877)
de Fernán González de Eslava
Editado por Joaquín García Icazbalceta
PRÓLOGO AL LETOR.

En los felices y dichosos tiempos que la ley de amistad y amor estaba en su punto, y los amigos eran tan verdaderos y sencillos cuanto en los presentes hay muchos paliados y fingidos (prudente y discreto letor), en aquella edad de oro se vian tan claras muestras de amistad y amor entre los amigos, y tan dignas de memoria, que apenas los que en estos tiempos ocupan este nombre las creerán, por ser tan poco imitadas de algunos, como con muestras claras lo vemos, y á costa nuestra hacemos experiencia dello.

Y porque vean los que se precian de este nombre de amigos, á qué les obliga esta ley, pondré aqui con brevedad algunas advertencias que muestren bien este intento, que imagino que admirarán y serán alabados de muchos, y no sé si imitadas dealguno.

Por lo que veo que hoy corre en algunos que indignamente quieren usurpar este nombre de amigos, que solo tienen el nombre, sin acudir á las obligaciones de amistad, antes á lo contrarío. Porque cosa ridiculosa es que acuda yo á mi amigo con necesidad, para que me la socorra, pudiendo, y que no solo no acuda á ella, antes se ponga muy de espacio á darme un largo consejo, que no sirve de más que de ator- mentarme, dejando en pié mi necesidad.

Y reprobando esto Platon, hizo una Jey en que mandaba, que el amigo pobre tuviese cuidado de aconsejar al suyo próspero cómo se conservase en su prosperidad, y este la tuviese de socorrer á su amigo menesteroso con mano larga y presta, porque la necesidad no le hiciese hacer cosa indebida.

Verdadera ley de amistad y amor fué la que pasó entre dos amigos que lo eran. Que estando el uno preso y condenado á muerte, el juez lo soltó de la prisión, con calidad que dejase en ella un fiador obligado á morir por él, si no volviese á la prisión á cierto plazo que le puso; y sabido por su amigo, sin ser prevenido ni rogado, hizo la fianza, y se metió en la prision con la calidad dicha. Y habiendo soltado al delincuente, volvió á la prisión un dia después del plazo señalado, y pidió al juez que soltase á su fiador, pues él habia vuelto á la prisión. Y habiéndolo mandado así el juez, el fiador amigo replicó en favor del suyo, que conforme á la justicia, él habia de ser condenado á la muerte, y su amigo dado por libre, pues habia tardado un dia más del plazo que le fué puesto para que volviese á la prision. Toque fué este por cierto donde toco bien los quilates que ha de tener la verdadera amistad y amor.

Y para mas corroborar lo dicho, dice nuestro Padre San Agustin (tratando de la muerte de su grande amigo Alipio, encareciendo lo mucho que la sentia), que le parecia que ya no vivia con más de la mitad del corazon y el medio cuerpo, porque un solo corazon y voluntad los regia á entrambos.

Y por echar la clave en este edificio de amistad y amor, digo que fué tanto el que el Padre Eterno nos tuvo, que por este nos dio á Jesucristo nuestro Bien; el cual (como era hijo del Padre de las misericordias y de Madre de misericordia) nos fué tan fiel amigo, que por amarnos tanto dió su vida por nuestra vida; y no paró aquí esta amistad y amor, que por la mucha que nos tuvo se quedó entre nosotros en el Sacramento Santo del Altar. Y como Salomon dice, sus regalos son tratar con los hijos de los hombres: prueba verdadera de la suma verdad de la ley de amistad y amor.

Y viniendo al propósito de mi intento, digo que por hacer yo bien este oficio de amigo, con buena correspondencia á la estrecha amistad y amor qué el R. P. Hernan Gonzalez de Eslava y yo tuvimos en la experiencia de cuarenta y tres años que tuvimos de amistad; y considerando que la fineza del amor y amistad es la que se muestra con el amigo después de muerto, y porque sus famosas y subtiles obras y levantados conceptos no quedasen en el olvido, me determiné de recoger estas preciosas reliquias y sacarlas á luz, corrigiéndolas de muchos vicios que (por haber andado escritas de una mano en muchas) se les habian pegado, para enriquecer con ellas un mundo, por ser tales que henchirán los buenos entendimientos, y él quedará con esto resucitado del olvido, y yo habré cumplido con lo que la ley de amor y amistad me obliga.