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Sueño doradoEditar




Veo como á través de un esmeralda

gigantesca, el confín del horizonte:

allá, un risco y después, de un alto monte

una casita entre la verde falda.


Y pienso -con el alma estremecida-

¡Cuán feliz fuera yo, tú, cuán dichosa,

si en aquella casita silenciosa,

pudiéramos vivir... toda la vida!