Celos aun del aire matan/Acto II

Acto I
Celos aun del aire matan
de Pedro Calderón de la Barca
Acto II

Acto II

Dentro grita de pastores, y salen cantando todos los músicos, y detrás dellos CÉFALO, ERÓSTRATO y CLARÍN, de villanos, con dones en las manos, excepto CLARÍN, que no le trae.
CORO DE HOMBRES

Venid, moradores de Lidia, venid,
venid, que hoy de marzo la luna se cumple,
en que partidos el día y la noche,
iguala Diana las sombras y luces.
Venid, y trayendo de rosas y flores,
de fieras y aves los dones comunes,
las unas sus rizos coronen guirnaldas,
las otras sus aras adornen perfumes.

TODOS

Venid, que hoy de marzo la luna se cumple.
 

ERÓSTRATO

Pues ya el día amaneció
en que estos montes saluden
de Diana el templo, a cuyo
fin tantas gentes concurren.
Bien entre ellos mi rencor
disfrazado me introduce,
haciendo que este villano
traje encubra y disimule,
persona y intento, pues
como entre todos me oculte,
verán Venus, Amor y Aura
que si hay quien su pompa injurie,
hay quien sus agravios vengue;
y así, con todos procure
mezclarme, diciendo, a fin
de que mi error ejecute.
Venid, y tejiendo con blancos azares
los rojos claveles, violetas azules,
las unas, sus rizos coronen guirnaldas,
las otras, sus aras adornen perfumes.

TODOS

Venid, que hoy de marzo la luna se cumple,
en que partidos el día y la noche
iguala Diana las sombras y luces.
 

(Vanse todos, y quedan CÉFALO y CLARÍN.)
CÉFALO

Sigue, Clarín, esa tropa.

CLARÍN

El juicio que nunca tuve,
tus cosas quitarme intentan.

CÉFALO

¿Pues qué hay hoy que en ellas culpes?

CLARÍN

Noble en Tinacria naciste,
y como nunca se unen
de la fortuna y la sangre
las vanas solicitudes,
cansando al mundo vivías,
por lo mal que en él se sufren
sobre escaseces de pobre
las vanidades de ilustre.
Quiso Dios y tu ventura,
que en este estado te acude
la herencia de un tío, que en Lidia
mataron sus senectudes,
con cuyas nuevas alegre,
por estar puesto en costumbre
que se regocije el vivo
de lo que el muerto se pudre,
a tomar la posesión
venías, cuando en la cumbre
de aquese monte los cielos
quisieron que el eco escuches
de una desmayada voz,
y que de oírla resulte
que una ninfa pague en sangre
lo que otra en aire consume.
 

CLARÍN

Volvimos, porque no sea
la relación pesadumbre,
a buscar nuestros caballos,
que por esos cerros huyen,
cuando otra vez nos llamó,
sin saber para qué use
de voces contigo Amor,
pues en lo tierno y lo dolo
de tu condición, no dudó
cuanto es diligencia inútil,
quien siempre tuvo buen pleito,
ver que a voces le reduce.
Segunda vez a esta ninfa
viste, y en vez de que busques
los caballos y te vayas
donde acomodado triunfes,
veo que en una alquería
te albergas, y en ella el lustre
de tu esplendor, disfrazado
en tosco sayal encubres.
¿Qué es esto, señor?
 

CÉFALO

Clarín,
es un destino que induce,
es un hado que domina
y es una estrella que influyes.
En busca de los caballos,
para que seguir procure
mi viaje, llegué a ese
pobre albergue, donde supe
que la luna, en que a Diana
la rústica muchedumbre
destas comarcas celebra,
en este día se cumple,
y que en su solemnidad
eran a todos comunes
los umbrales de su templo,
para que todos tributen
a sus ninfas las ofrendas,
que en tibia trémula lumbre
sacrifican para que,
cuando sus aras ahúmen,
suban al cielo en pavesas,
cuyas condensadas nubes,
como Elcino dice, la hacen
deidad de sombras y luces;
y siendo así, que por pocos
días, más o menos, pude
de tanta celebridad
lograr el día, no acuses
quedarme en aqueste traje
en que mis dichas dispuse,
pues, si la verdad te digo,
bien que tú te la presumes,
no solo curiosidad
me mueve, pues no es bien dudes
que con aquesta ocasión
logren mis solicitudes
el volver a ver aquella
que, con divinas vislumbres,
luciendo a par de Diana,
a par de los cielos luce.
Y así, ven tras esa tropa,
que ya del templo descubre
del dorado chapitel
almenas y balaústres.
Mas no vengas sin ofrenda;
de esas bellas flores pule
siquiera algún ramillete,
y tras mí con todos sube,
pues yo, para disfrazar
el alto intento que truje,
iré diciendo con todos
para que su aplauso ayude:
«Venid», y mezclando de fieras y aves
matices que halaguen, lisonjas que adulen,
las unas sus rizos coronen guirnaldas,
las otras sus aras adornen perfumes.
 (Vase CÉFALO.)
 

CORO 2º

Venid, que hoy de marzo la luna se cumple.

CLARÍN

Ya que habiendo de seguir
la tropa, es fuerza procure
llevar ofrenda de aquesta
huerta, algunas frutas hurte.

(Sale RÚSTICO con máscara de lebrel, y collar y pieles.)
RÚSTICO

([Aparte]
¿Si se habrán cansado ya
todos del pasado embuste
de hacerme creer que soy
monstruo? En aqueste lo apure.)
¡Ha, pastor!

CLARÍN

¡Ay infelice!
¡Qué perro tan fiero acude
a guardarlas!

RÚSTICO

¡Ha, pastor!
 

CLARÍN

No, señor mastín, aguce
contra mí las presas, que
no he tocado una legumbre
tan sola en toda su huerta.

RÚSTICO

¡Oye, aguarda!, ¿de quién huyes?

CLARÍN

¡Ay, cómo ladra rabioso!

RÚSTICO

No ya el cordelejo dure.
Basta, pastor, y di quién
a aquesta burla te induce.
 

CLARÍN

Fiestas hace y no me muerde,
y si es que el discurso arguye
que a una deidad cazadora
un perro es don de gran fuste,
se le he de llevar.
¡Tus, tus, Cito!

RÚSTICO

Por más que me atufe,
nada enmiendo; y pues no hay
perro que con amo ayune,
dejarme llevar de aqueste
quiero.

CLARÍN

Tus, tus. ¿Cuál acude?
¡Y luego dirán que no hay
a perros viejos tus tuses!
Traílla he de hacer de la honda.
Ir conmigo no rehúses.

RÚSTICO

No haré, si a comer me llevas.

CLARÍN

Con todos ahora pronuncie:
Venid, moradores, etc.

(Vanse.)

 

(Descúbrese el templo; salen por una puerta los hombres y por otra las mujeres, DIANA está en el trono, y sale ERÓSTRATO, CÉFALO, CLARÍN y RÚSTICO.)
TODOS

Venid, moradores de Lidia, venid,
venid, que hoy de marzo la luna se cumple,
en que partidos el día y la noche,
iguala Diana las sombras y luces.

CORO 1º

Venid, y trayendo de rosas y flores,
de fieras y aves los dones comunes,
las unas sus rizos coronen guirnaldas,
las otras sus aras adornen perfumes.

TODOS

Venid, que hoy de marzo la luna se cumple.

DIANA

Rústicos moradores
destos campos de Lidia,
para que más la envidia
de vuestros sacros loores
ofenda a la deidad de los amores
(pues para mí no ha habido
ni dádiva ni ofrenda,
sino la que pretenda
publicar que este ha sido
contra el amor empleo del olvido),
id vuestros altos dones
dando a mis ninfas bellas,
y alternando con ellas
las músicas canciones,
decid para blasón de mis blasones...
 

CORO
ERÓSTRATO

([Aparte.]
Mi soberbia el primero
a la ofrenda me lleva.
La voz el labio mueva,
no el corazón, si espero
lograr postrado lo que altivo muero.)
(Llega a una NINFA con el arco y flecha.)
Si el arco de Amor, ¡oh, bella
deidad!, el mayor trofeo
para Venus es, bien creo
que este vengue a Diana bella,
pues su estrella
verá que a esta media luna
no hay ninguna
fiera que no sea inferior,
y más cuando su esplendor
diga, de su flecha herido:
¡Muera el amor y viva el olvido!
¡Viva el olvido y muera el amor!
 

(Llega CÉFALO a POCRIS, con un ramillete o guirnalda.)
CÉFALO

Cobarde a hablarla llego.
¿Cómo podré, divino
amor, si a tu destino
los influjos no niego,
de yelo hablar y padecer fuego?

POCRIS

¡Cielos!, ¿qué es lo que miro?
¿No es este el estranjero?

CÉFALO

Turbado, al verla muero.

POCRIS

Muerta, al verla respiro.

CÉFALO

([Aparte.]
¡Oh, si hablara sin voces el suspiro!)
Azucena y rosa ves
en iris, cuya belleza
símbolo es de la pureza
y sangre de Venus es,
y así, a tus pies,
rosa y azucena, infiero
lisonjero
don, pues una es del candor
imagen y otra el verdor
dice, en púrpura teñido:
¡Muera el amor y viva el olvido!
 

TODOS

¡Viva el olvido y muera el amor!

POCRIS

De azucena y rosa fuera
acepto el don que me das,
si la blancura no más
sin la púrpura viniera.

CÉFALO

Mal pudiera,
si la vi en sangre teñida.

POCRIS

¡Ay de mi vida,
si se acuerda del dolor!

CÉFALO

¡Y ay de la mía!, al rigor
de haber de decir rendido:
¡Muera el amor y viva el olvido!

TODOS

¡Viva el olvido y muera amor!

CLARÍN

Estrafalaria beldad,
que ni turba ni embraza.
Este lebrel para caza,
en nombre mío tomad.

RÚSTICO

¡Qué maldad!
¿Yo lebrel de mi mujer?
 

FLORETA

Agradecer
debo el don por el mejor.

CLARÍN

Es famoso cazador.

RÚSTICO

¿De qué lo habéis vós sabido?

CLARÍN

¡Muera el amor y viva el olvido!

TODOS

¡Viva el olvido y muera el amor!

CORO 2º

Todos de nuestro ejercicio
las primicias dedicamos.

CORO 1º

Y todas las acetamos
de Diana en sacrificio.

DIANA

Yo, propicio
a vuestro justo desvelo,
culto y celo,
os ofrezco mi favor,
que no es el oro el valor,
sino el haber repetido:
 

(Dentro AURA.)
AURA

¡Viva el amor y muera el olvido!
¡Muera el olvido y viva el amor!

DIANA

Esperad, que nueva voz,
sacrílegamente infiel,
en los coros de Diana
cláusula de Venus es.

TODOS

A nadie vemos, y solo
sentimos, al parecer,
un viento que blando inspira.

DIANA

Pues te oyen y no te ven,
¿quién eres? ¡Oh, tú del aire
veloz vaticinio!

(Vase AURA en el aire, en un carro tirado de dos camaleones, y cantando baja al tablado, atravesándole por delante de todos, y vuelve a subir por la otra parte, con el último verso.)

 

AURA

¿Quién,
perturbando en tus aplausos
la ingratitud de tu fee,
sin que la impidas la entrada,
penetrar puede y romper
las claraboyas al templo,
y las cercas al vergel,
entre amor y olvido,
publicando que
no enmienda al amar
el aborrecer?
No, pues, de ingrata blasones,
que bien puede una mujer
mantenerse en ser constante,
sin pasar a ser crüel,
y es darle tiempo al estremo,
querer no haya medio, pues
entre el favor de su agrado
y el odio de su desdén,
puede partirse el camino,
a cuya causa hay quien fiel,
penetrando tus umbrales,
repita una y otra vez
que contra el olvido
amor viva, pues
no enmienda al amar
el aborrecer.
 (Vase.)
 

DIANA

Traición en el templo hay
de algún amante, por quien
quiere Júpiter que el viento
estas noticias me dé.

ERÓSTRATO

¡Ay de mí, si me conoce!,
pues en llegando a saber
el intento con que vine,
¿qué disculpa he de tener?

CÉFALO

¡Ay de mí, si en mí repara!,
pues es fuerza conocer
que la intención que me trajo,
afecto del amor fue.

CLARÍN

¡Ay de mí, si ve que quiero
a esta maldita mujer!

RÚSTICO

¡Ay de mí, si se le antoja,
que el perro que rabia es!
 

DIANA

A todos miro, y en nadie
el alma penetro. ¿Qué
poder soberano hay
que se oponga a mi poder?
¿Yo de Júpiter segunda
hija no soy? ¿No soy quien
en mayorazgos de luz
parte al sol el rosicler?
¿No soy la que con tres rostros,
siendo mis imperios tres,
Diana en la verde selva,
luna en el azul dosel
y Proserpina en el negro
centro, los mortales ven
tal vez presidir opuesta,
y favorable tal vez?
Y dejando la deidad
aparte, ¿no soy la que
de los montes de la Luna
predomina la altivez,
cuyas venenosas plantas,
inficionadas, hacer
prodigios se miran, cuantos
al hombre mudan el ser?
Pues madre de horror y miedo,
les trueco el semblante, bien
empañándole a él la faz,
como a todo el día la tez.
 

DIANA

¿Pues cómo, oh deidad, oh maga ,
no alcanzo, ¡ay de mí!, a saber
quién me ofende, quién me injuria,
ni quién me ultraja, ni quién
la luz de mi penetrar,
la fuerza de mi entender
impide? Mas, ¡ay de mí!,
vuelvo a decir otra vez,
que si contra iras de amor
hizo bando mi esquivez,
¿qué mucho, cielos, qué mucho
que todos contra mí estén
banderizados los dioses,
pues perturbada la ley,
cuando de mí recusados,
están sobornados dél?
Mal hubiesen una lluvia
de oro, una adúltera red,
y en los caistros de un cisne,
los verdores de un laurel.
Esos profanados dones
dejad, arrojad, romped,
que con sospechas de alguno,
ninguno he de agradecer.
 

DIANA

Salid, pues, salid, villanos,
del templo, y todas después
cerrad sus puertas, que más
no se han de abrir, hasta que
deste oprobio, este baldón
el fin sepa, y ay de aquel
por quien el aire me avisa,
tras cuyos ecos iré;
pues aunque todos los dioses
favor a algún traidor den
contra mí, no contra mí
han de mantenerle, al ver
que penetrando el supremo
solio, subo a proponer
a Júpiter mi querella,
aunque recele, y aunque
tema que de su delito,
siendo reo, le haga juez,
que en Júpiter aun no es fácil
obrar mal y juzgar bien,
y más cuando voy
a alegar contra él,
que enmienda al amar
el aborrecer.
 

POCRIS

Sube al sacro solio, sube,
sube al supremo dosel,
y pues a todas nos toca,
de parte de todas ve.

TODAS

Y sepa que va
a alegar contra él,
que enmienda al amar
el aborrecer.

(Huyen todos y desaparécese DIANA.)
CORO 2º

Huyamos todos.

RÚSTICO

Huyamos.

CLARÍN

Eso no, señor lebrel,
que pues no vuelven los dones,
ha de ir conmigo usted.

(Vase RÚSTICO, y CLARÍN.)

 

ERÓSTRATO

Aunque su enojo me dio
qué dudar y qué temer,
perdido en su ausencia el miedo,
detrás de aqueste cancel
me he de quedar escondido,
que no tengo de perder
la ocasión de mi venganza,
por si no la hallo otra vez.

(Vase.)
CORO

Pues hemos quedado solas,
el templo a cerrar volved.
No en ausencia de Diana
esté abierto.

(Vanse las NINFAS.)
POCRIS

Decís bien.

CÉFALO

No dicen, si no le cierran
al aire, que dijo...

POCRIS

¿Qué?
 

CÉFALO

Que puede una ser constante,
sin pasar a ser cruel.

POCRIS

¿Qué importa eso?

CÉFALO

Mucho.

POCRIS

¿Por qué? Di.

CÉFALO

Porque
no enmienda al amar
el aborrecer.

POCRIS

Sí, mas vós, ¿cómo aquí solo
os quedáis?

CÉFALO

Como no sé
la senda que me desvía
de vós.

POCRIS

¿Aquesa no es?

CÉFALO

Sí debe de ser.
 

POCRIS

Pues ¿cómo
viéndola no la sabéis?

CÉFALO

¿Quién quita verla los ojos
y no acertarla los pies?

POCRIS

Por eso os la enseño yo.
Idos, forastero; ved
que el templo se ha de cerrar
y que empieza a anochecer.

CÉFALO

Sí haré, pero permitidme
que estrañe que, al tiempo que
vós me mandáis que me vaya,
que me quede me mandéis.

POCRIS

¿Yo, que os quedéis? ¿Cuándo?

CÉFALO

Cuando
decís que me vaya.

POCRIS

Pues
el advertiros que os vais,
¿es deciros que os quedéis?
 

CÉFALO

Sí, que el oír es criado
tan mal mandado del ver,
que todo lo que le dicen
siempre lo entiende al revés.
Y así, entre veros y oíros,
perdonad si descortés
abandona el corazón
lo que oye por lo que ve.

POCRIS

Perdonadme vós a mí,
que no me atrevo a entender
plática que a mis oídos
llega la primera vez.

CÉFALO

¿No visteis estrellas?

POCRIS

Sí.

CÉFALO

¿No visteis flores?

POCRIS

También.

CÉFALO

¿No oísteis aves?
 

POCRIS

Sí oí.

CÉFALO

¿Cristales no escuchasteis?

POCRIS

Sí escuché;
mas con la plática, estrellas o flores,
cristales o aves, ¿qué tienen que ver?

CÉFALO

Preguntádselo al ardor
de aquella primera estrella;
veréis que en blando rumor
del aire que inspira, responde por ella...

(Atraviesa AURA en un carro por el tablado.)
AURA

¿Qué estrella no influye afectos de amor?

CÉFALO

Al verde botón que esconde
de aquella flor el matiz
lo preguntad; veréis dónde,
dudando si nace, el aire responde...
 

AURA

¿Qué flor no es de amor un concepto feliz?

CÉFALO

Al tierno dulce clamor
lo preguntad de aquel ave;
veréis como a su dolor
el aire responde, diciendo suave...

AURA

¿Qué cláusula no es un gemido de amor?

CÉFALO

Preguntádselo al sonido
de aquese cristal, que herido
baja del monte al vergel;
veréis que responde el aire por él...

AURA

Aquí esta el amor, pues aquí se hace el ruido.

POCRIS

¿Qué importa que ame la bella
luz, ni que amen, ¡ay de mí!,
matiz, rumor, y querella,
si nunca han de ser ejemplar para mí
el ave, el cristal, ni la flor, ni la estrella?
Idos, pues, que siento ruido.

CÉFALO

Yo, ¡ay infelice!, me iré,
mas con una condición.
 

POCRIS

¿Que os adivino cuál es?

CÉFALO

No haréis mucho, que es muy fácil.

POCRIS

Pues decidla.

CÉFALO

No diré
hasta que vós la digáis,
por ver si el alma me veis.

POCRIS

Esto es querer cortesano
decir que es ella después.

CÉFALO

Pues digámoslo a la par.

POCRIS

Es que advirtáis...

CÉFALO

Es que notéis...

POCRIS

Que siendo constante...

CÉFALO

Y no siendo cruel...
 

LOS DOS

No enmienda al amar
el aborrecer.

POCRIS

Es verdad.

CÉFALO

Verdad es.

POCRIS

Que todo mi mal...

CÉFALO

Que todo mi bien...

POCRIS

Está en que entendáis...

CÉFALO

Está en que penséis...

LOS DOS

Que siendo constante
y no siendo cruel,
no enmienda al amar
el aborrecer.

(Vanse.)

 

(Sale FLORETA.)
FLORETA

El templo cierran, y yo,
como no soy ninfa dél,
fuera he quedado, y no acaso,
si para discurrir es,
¿qué se habrá Rústico hecho,
que día de tal placer
no ha parecido? Hacia dónde
vaya a buscarle no sé.

(Salen CLARÍN y RÚSTICO.)
CLARÍN

¿Por dónde mi amo echaría?
Conmigo a buscarle ven.
¡Cito, to, pues ya tu amo
soy!

RÚSTICO

Y se le echa de ver
que es amo, pues solo cuida
del mandar y no el comer.
Mas sígole, porque otro
en otra tema no dé.

CLARÍN

Mas, ¡qué miro!
 

FLORETA

Mas, ¡qué veo!

CLARÍN

¿No es aquella...?

FLORETA

¿No es aquel...?

CLARÍN

¿La ninfa de mala mano?

FLORETA

¿El lacayuelo de a pie?

CLARÍN

Dígame uced, reina mía,
si sabe por dónde fue
un amo que Dios me dio.

FLORETA

Dígame si sabe usted
de un maridillo que a mí
me dio el diablo.

RÚSTICO

Yo sé dél,
por señas de que a estas horas,
sin saber cómo o por qué,
me dice que está hecho un perro.

FLORETA

Sal aquí.

(Vase RÚSTICO.)

 

CLARÍN

No le peguéis,
que para los jabalíes
es una pieza de rey,
y pues maridos y amos
no son prendas de perder,
de nuestras cosas hablemos
y busquémoslos después,
y así, Floreta, sabrás
que él se ha quedado, por ver
a una ninfa de retorno;
yo me he quedado con él
tan solo por verte a ti.

FLORETA

Y diga, amante novel,
¿cómo es eso de retorno?
¿Soy yo mula de alquiler?

CLARÍN

Hazte tú de propriedad;
y si he hablado descortés,
enmiéndenlo.

FLORETA

¿Quién?

CLARÍN

Los brazos...
 

FLORETA

¿Cómo?

CLARÍN

Así.

(Abrázala.)
(Sale RÚSTICO, con cabeza de jabalí.)
RÚSTICO

¿Qué llego a ver?
No ha de pasar ante mí
de tal abrazo la fee.

LOS DOS

¿Qué es esto?

RÚSTICO

El perro que rabia.

FLORETA

¡Qué jabalí tan crüel!

CLARÍN

Jamás mayor puerco vi.

RÚSTICO

Eso es por honrarme usted.
([Aparte.]
Jabalí me han hecho. ¿Pero
de qué me quejo?, ¿de qué?,
si en no haberme hecho venado,
me han hecho mucha merced.
Mas vengarase en los dos
mi furia, empezando en él.)
 

CLARÍN

¡Ay, qué Adonis del trapillo!
¿Sin por qué, ni para qué
me da muerte un jabalí?

FLORETA

Tu perro te ayude, pues
él, para los jabalíes,
es una pieza de rey.

(Vase.)
(Vase RÚSTICO, y sale CÉFALO.)
CLARÍN

¡Perro mío, de hoy acá
a darme la vida ven!

CÉFALO

Clarín, ¿de qué das voces?

CLARÍN

¡Ay, es un puerco que me ha muerto a coces!

CÉFALO

¿Estás borracho o loco?

CLARÍN

Lo uno no merecí, lo otro tampoco.

CÉFALO

Cobra aliento y sentido.
 

CLARÍN

¿Coces a mí, que lacayuelo he sido?

CÉFALO

¿De qué nace ese yerro?

CLARÍN

De que un perro me ha dado pan de perro,
pues huyendo se aleja
de un jabalí, y en su poder me deja.

CÉFALO

¿Quién?, que aquí no hay persona.

CLARÍN

¿Coces a mí, galán de una fregona?

CÉFALO

Deja aquesas locuras.

CLARÍN

Sí haré, en dejando tú tus aventuras,
con que en las selvas eres
amante de novela.
 

CÉFALO

¿Cómo quieres
que me ausente de aquella
que, imperioso destino de mi estrella,
no solamente el día
en estos montes, mas la noche fría,
cual ves, me tiene en calma,
rémora de la vida, imán del alma,
y con mortal despecho,
un Etna el corazón, volcán el pecho,
siempre que a verla llego
todo es decirme, ¡ay, triste!...

(Dentro TODOS.)
[TODOS]

¡Fuego, fuego!

CÉFALO

Pero, ¿qué confusas voces
son estas que, de los vientos
adivinadas, las hurta,
antes de oírlas, el eco?

CLARÍN

No sé, pero a aquella parte
se ve un pavoroso incendio
que de la noche desmiente
la obscuridad.
 

CÉFALO

Hacia el templo
es de Diana.

CLARÍN

Y aun él
el que se abrasa, pues dentro
es donde se oye el confuso
clamor decir...

(Dentro TODOS.)
[TODOS]

¡Fuego, fuego!

CÉFALO

¿Quién nos dirá lo que ha sido?

CLARÍN

¿Quién lo ha de decir más cierto
ni claro que el fuego mismo?

(Sale ERÓSTRATO.)
ERÓSTRATO

Logrose mi atrevimiento;
la llama que de sus aras,
en sagrado culto ardiendo,
era su mayor aplauso,
será su mayor desprecio.

CÉFALO

¿Quién va? ¿Quién es?
 

ERÓSTRATO

No lo sé,
que ese asombro, ese despecho,
esa desesperación,
ese escándalo, ese estruendo
me ha dejado tan sin mí
de mí, ¡ay de mí!, tan ajeno,
que de quien soy olvidado,
de lo que fui no me acuerdo.
Pero ese estrago lo diga,
cuando de su saña huyendo,
a los montes a ampararme
voy de mí contra mí mesmo.
¡Aura!, ya que de los aires
tienes el veloz imperio,
anima la llama tú,
que yo encendida la dejo.

(Vase, y sale AURA en lo alto, sobre una salamandra.)
AURA

Sí haré, que si de amor y ira
partimos los dos estremos,
es bien que de ira y amor
partamos los elementos,
y pues el fuego te toca
que encendió tu atrevimiento,
y a mí el aire que le avive,
arda todo.
 

[GENTE]

(Dentro.)
¡Fuego, fuego!

CÉFALO

El templo es el que se abrasa,
que en humo y llamas envuelto
de más cerca se divisa.
Conmigo ven.

CLARÍN

¿A qué efecto?

CÉFALO

De socorrer a quien pueda.

CLARÍN

Ve tú, que eres caballero.
Que los socorros jamás
tocan a los lacayuelos.

CÉFALO

Entra conmigo, cobarde.

CLARÍN

Por sola una cosa quiero
entrar, y es por ver si hallo
quemadas cuantas hay dentro.
 

(Vanse los dos, y descúbrese la perspectiva del incendio, y AURA volando sobre el fuego, y van pasando las ninfas, y se entran, como van diciendo los versos.)
NINFA 1ª

Moradores destos riscos...

NINFA 2ª

Pastores destos desiertos...

NINFA 3ª

Cazadores destas selvas...

TODOS

Acudid, acudid presto.

UNO

El gran templo de Diana,
abrasado Mongibelo,
arde en pavesas.

OTRO

Vesubio
su gran fábrica se ha vuelto.
¡Fuego!

VOZ 1ª

¡Que me abraso, fuego!

VOZ 2ª

¡Que me quemo!
 

UNOS

¡Piedad, dioses!

AURA

Arda todo.

OTRO

¡Piedad, cielos!

UNA

Al altar.

OTRO

Al chapitel.

OTRO

A la torre.

OTRO

Al claustro.

OTRO

Al templo.

AURA

Aunque más acudáis todos,
en vano será el intento,
si fénix de tanta hoguera,
yo con mis alas le enciendo.
 

(Salen CÉFALO y CLARÍN.)
CÉFALO

Entre las caducas ruinas
que ya el voraz elemento
unas de su centro arranca
y otras reduce a su centro,
he de arrojarme...

CLARÍN

Yo no.

(Vase.)
CÉFALO

Por si venturoso puedo,
aunque sobre mí se venga
toda su máquina al suelo,
socorrer alguna vida.

VOZ 1ª

¡Que me abraso! ¡Fuego!

VOZ 2ª

¡Que me muero! ¡Fuego!

VOZ 3ª

¡Que me quemo! ¡Fuego!

VOZ 4ª

¡Que me ahogo! ¡Fuego!
 

UNAS

¡Piedad, dioses!

OTRAS

¡Piedad, cielos!

AURA

A pesar de sus clamores,
¡arda todo!

TODOS

¡Fuego, fuego!

(Sale POCRIS, tropezando, y dice antes de salir:)
POCRIS

¡Ay, infelice de mí!

CÉFALO

Hacia allí se oyó el acento.
Si fuera el báratro, entrara
su abismo.

(Ahora sale POCRIS.)
POCRIS

¡Válgame el cielo!
¿Cómo, donde todo es llama,
en solo sombras tropiezo?
¿De qué me sirven las luces,
si a ver, ¡ay de mí!, no acierto?
 

CÉFALO

No temas, pues, mariposa.
Yo por ti de amor no temo
la llama, por más que activa
quiera abrasarme.

POCRIS

¿Quién? Pero
ni el aliento, ni la voz,
la vida, ni el alma puedo
usar. ¿Qué mucho, si faltan
alma, vida, voz y aliento?

(Cae desmayada.)
CÉFALO

En mis brazos ha caído;
¿pues qué aguardo?, ¿pues qué espero?
Y si solo en esta vida
logradas mis dichas llevo,
arda el templo de Diana.

(Vase, llevándola en los brazos.)

 

AURA

Sí arderá; mas no por eso
Pocris dejará de arder,
pues va de uno en otro incendio,
donde su lamento diga,
cifrando esotros lamentos...

VOZ 1ª

(Dentro.)
¡Que me abraso! ¡Fuego!

VOZ 2ª

¡Que me muero! ¡Fuego!

VOZ 3ª

¡Que me quemo! ¡Fuego!

VOZ 4ª

¡Que me ahogo! ¡Fuego!

TODOS

¡A la torre, al claustro, al templo!

AURA

Arda todo.

TODOS

¡Piedad, dioses!

AURA

Todo acabe.

TODOS

¡Piedad, cielos!