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Casida de los ramos

Casida de los ramos
de Federico García Lorca



Por las arboledas del Tamarit
han venido los perros de plomo
a esperar que se caigan los ramos, 
a esperar que se quiebren ellos solos.

El Tamarit tiene un manzano
con una manzana de sollozos,
Un ruiseñor apaga los suspiros,
y un faisán los ahuyenta por el polvo.

Pero los ramos son alegres,
pero los ramos son como nosotros.
No piensan en la lluvia y se han dormido,
como si fueran árboles, de pronto. 

Sentados con el agua en las rodillas
dos valles aguardaban al otoño.
La penumbra con paso de elefante
empujaba las ramas y los troncos. 

Por las arboledas del Tamarit
hay muchos niños de velado rostro
a esperar que se caigan mis ramos,
a esperar que se quiebren ellos solos.