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Carta de Carlos Guido y Spano a Estanislao del Campo



 Señor D. Estanislao del Campo.


Setiembre 10.


 Amigo:


 He leido en su manuscrito, que devuelvo, el sabroso diálogo de Anastasio y D. Laguna, sobre el Fausto:—óptimo. Vd. quizà no ha meditado el sério peligro á que se espone dando á luz su obra, habiendo entre nosotros tantos alemanes, de esos que nadando en el infinito se embaucan en la contemplacion de las nubes, tras de las cuales á menudo solo se oculta el vacio, ó bien á veces como sucede con el Fausto, sirven de velo á la divinidad que se columbra en su seno. Ha profanado Vd. el santuario del sublime poema, del cual nadie puede hablar con propiedad sinó en tudesco, porque en romance no hay quien esplique sus delirantes bellezas. Treinta años gastó Goethe en meditarle y componerle—Goethe, el Júpiter Olímpico de la literatura germánica. Y parece indudable, segun la opinion de la rubia y soñadora Alemania, que solo le compuso para ella; pues si Vd. dice à algun aleman: « he leido el Fausto—su fisonomia toma al momento una espresion enre desdeñosa y sarcástica, que traducida al español quiere decir:—«le ha leido Vd., pero no le ha entendido.»

 Quizá tienen razon; gentes de letras conozco yo que lo confiesan sotto voce. ¿Qué mucho si la misma madama de Staël, ferviente admiradora del gran oráculo de Weimar, le llamó la pesadilla del espiritu, agregando, segun recuerdo, que si la imaginacion pudiese concebir un cáos intelectual, el Fausto debería haber sido compuesto durante ese periodo de ebullicion y de tinieblas? Mas por lo visto Anastasio no ha sufrido el mareo que causa en el ánimo esa composicion vertiginosa. En un santiamen se ha dado cuenta del enmarañadísimo drama, tal como nos le presenta en la ópera la mano impía del compositor. En su lenguaje rústico lo narra, lo comenta, lo critica, mezclando con naturalidad inimitable lo peregrino à lo grotesco. Preciso es, amigo, que su númen sea el mismo Mefistófeles para haberle inspirado á Vd. la mas estrafalaria de cuantas ideas puedan venir á la mente, y sobre todo, para haberle sacado airoso del berenjenal en que se habia metido. Su parodia está llena de gracia, de novedad y de frescura. Los dos paisanos que Vd. nos hace conocer, atraviesan por entre la nebulosa metafisica del altisimo poeta, como suelen hacerlo gallardamente á través de las brumas de la pampa nuestros gauchos, interrumpiendo los cantos con que entretienen el camino, para fijarse aqui y allí en las perspectivas fantásticas que produce el miroje. Singular es que sostengan su larga plática con tanta amenidad y donaire. ¡Cuánto ingénio no es necesario para que no decaiga el interés! A este milagro concurren una versificacion fácil y espontánea, un pincel galanamente colorido, un epigrama chispeante del cual se escapan algunos versos de una melancolia espresiva: engarzados en una composicion tan lozana y burlesca, parecen lágrimas en el rostro de un niño que rie y llora al misno tiempo.

 Plácemes, trovador paisajista, por habernos puesto en íntima relacion con esos dos aparceros. Parias de nuestra sociedad, llena de galas postizas y descolorida por la adopcion de costumbres exóticas, se van á conversar al rio, que con la pampa de donde vienen, son las únicas cosas grandes que nos van quedando. Parientes de Santos Vega, aquel de la larga fama, se perderán como él en el desierto, perseguidos y errantes, despues de haber exhalado sus trovas al pasar por la ciudad, que envuelta en una atmósfera pesada y deletérea, aspira con deleite el perfume de las flores campesinas arrancadas por la mano de sus románticos pastores.

 Buenos Aires, olvidada de si misma, envanecida con su lujo europeo, escuchando con avidez los cantares que la recuerdan su juvenlud y su inocencia perdida, se me figura á Linda de Chamounix, estremecida y ruborizada en medio de la pompa que la cerca y que deslumbrára su virtud, al escuchar las armonias agrestes de sus nativas montañas.

 Vd. que no haria un gran papel tocando la zampoña de Pierrotto, puntea admirablemente la guitarra, que vale tanto como cualquier otro instrumento desde que entre sonrisas haga sentir y recordar.





FAUSTO
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