Elenco
Céfalo y Pocris
de Pedro Calderón de la Barca
Acto I

Acto I

Habrá en el teatro una gruta. Sale PASQUÍN y, llegando junto a ella, representa.

 

PASQUÍN:

Príncipe soterrado,
a quien tiene el amor contraminado
y a quien, zahorí, su dama le hace guerra
siete estados debajo de la tierra:
advierte que ya el día
repite la luciente bobería
de vestirse temprano,
sin saber si es invierno o si es verano.

(Sale POLIDORO por la boca de la gruta.)
POLIDORO:

Pasquín, ¿aquí das voces?
¿No echas de ver que te daré de coces?
¿Dónde el pollino tienes?

PASQUÍN:

Allí está, con jamugas de borrenes.

POLIDORO:

Por eso traigo yo espuelas secretas,
que en efecto es pollino de corvetas.
Vamos de aquí.

PASQUÍN:

Parece que aturdido
vienes: ¿qué hay?
 

POLIDORO:

Que dos dueñas me han sentido,
una peor que otra.

PASQUÍN:

Eso no lo ignores,
que las mejores dueñas son peores;
pero... diraslas algo si son dueñas.

POLIDORO:

Ya se lo di, mas díselo por señas.

PASQUÍN:

Ay, señor, mejor fuera de contado;
que en Castilla el que es adelantado,
vive con alegría,
porque es señor de Dueñas y Buendía.

POLIDORO:

¡Gran daño el alma llora!
Mas vámonos, que es hora de ser hora.

PASQUÍN:

Eso es lo que yo quiero.

(Dentro UNO.)
[UNO]:

¡Amaina, amaina, pícaro cochero!
 

OTRO:

(Dentro.)
En vano por salir a tierra anhelas,
que apaga las cortinas, sin ser velas,
el aire en travesía.

CÉFALO:

(Dentro.)
¡Mal haya alcoba que en cortinas fía!

POLIDORO:

¿Qué es aquello?

PASQUÍN:

Que, en esos hondos mares,
tormenta corre como en Manzanares,
dando al través un coche.

POLIDORO:

Aqueso tiene el caminar de noche.

PASQUÍN:

Cosa será perfeta
lo que trae, pues por mar viene en carreta.

POLIDORO:

Pues vámonos pasico, sin mirallo,
como que no lo vemos.

ROSICLER:

 (Dentro.)
¡Jo, caballo!
 

POLIDORO:

¿Qué voz es esta que escuché a otro lado?

PASQUÍN:

Un borrico es que viene, desbocado,
despeñando del monte a un caballero.

POLIDORO:

No subiera él en bruto tan ligero.
¿A los dos no daremos dos consuelos?

PASQUÍN:

¿Cuáles?

POLIDORO:

Ven a pensarlos.

(Vanse por la gruta POLIDORO y PASQUÍN.)
TODOS:

¡Piedad, cielos!

ROSICLER:

Bruto veloz que vas con ansia fiera,
sin ser media, tomando esta carrera:
dime si la pespuntas o la coses...

TODOS:

¡Que nos vamos a vuelco! ¡Piedad, dioses!
 

UNO:

(Dentro.)
Puesto que aquí delante
un bergantín no hay, haya un bergante.

CÉFALO:

(Dentro.)
Llega; yo te daré para buñuelos.

ROSICLER:

(Dentro.)
¡Jo, pollino!

CÉFALO:

(Dentro.)
¡Harre, hombre!

TODOS:

¡Piedad, cielos!

UNO:

¡Ya a tierra habéis salido!

(Saca UNO en hombros a CÉFALO.)
CÉFALO:

¡Oh humano bergantín! Agradecido
confieso que he quedado:
tomad la oncena parte de un ducado.
 

(Sale ROSICLER en un pollino.)
ROSICLER:

¡Que a despeñarme un bruto así me traiga!
¿Qué piedra habrá mullida en que yo caiga?
Mas quiérome matar hacia esta parte;
ahora no habrá quien pueda ya menearte.

CÉFALO:

¿Qué tierra será esta?

ROSICLER:

¿Si habrá pastor en toda esta floresta?

CÉFALO:

Voy de hoja en hoja.

ROSICLER:

Voy de rama en rama.

(Dentro PASTEL.)
[PASTEL]:

Céfalo.

TABACO:

(Dentro.)
Rosicler.

CÉFALO:

¿Quién es?

ROSICLER:

¿Quién llama?
 

(Salen TABACO y PASTEL, por distintas partes.)
PASTEL:

Yo soy.

TABACO:

Yo llamo.

CÉFALO:

¿Cómo has escapado
de aquese inmenso ciénago?

PASTEL:

Mojado.

ROSICLER:

¿Cómo hasta aquí llegaste?

TABACO:

Despeñásteme tú y te despeñaste;
que señores menguados
se despeñan a sí y a sus criados.

PASTEL:

Pues ya que tú escapar puedes
hollando húmidas arenas,
no aquí parado te quedes
en vil retrete que apenas
se divisan las paredes.
 

TABACO:

El susto al consuelo trueca;
y, andando de Ceca en Meca,
pisen tus huellas bizarras
campo inútil de pizarras,
ribera agostada y seca.

CÉFALO:

No sé si gente hallaré
por el desierto que sigo.

PASTEL:

Pues, ¿no me dirás por qué?

CÉFALO:

(Canta.)
    Yo que lo sé, que lo vi, te lo digo;
    yo que lo digo, lo vi y me lo sé.

ROSICLER:

Mal a buscar persüades
ni palacios ni retiros,
pues aún no cantan abades
aquí donde mis suspiros
pueblan estas soledades.
 

PASTEL:

Van once maravedís
que a mis voces, en un tris,
gente hay arriba y abajo.
¡Hola, pastores del Tajo
que a Manzanares venís!

TABACO:

¿Oyes voz?

ROSICLER:

Y aunque imagines,
no será delito feo,
que ha sido voz de maitines
cantando los serafines
el Gloria in excelsis Deo.
Responde tú, dando al viento
otros suspiros más claros,
para que escuchen tu acento.

TABACO:

Otra vez vuelvo a templaros,
desacordado instrumento.
¡Pastores destos apriscos,
aliviad vuestros pesares,
que la suerte entre estos riscos
trasladó de Manzanares
milagros y basiliscos!
 

CÉFALO:

Ya hemos hallado socorro,
pues si con la vista corro
al pie de aquel monte altivo,
cabizbajo y pensativo
estaba el pastor Chamorro.

'(Hasta aquí han representado como sin verse, y ahora reparan unos en otros.)'
TABACO:

¿Ves si ya las voces mías
tuvieron algo de bueno?

ROSICLER:

Sí, pues allí junto a Olías
mirando estaba Fileno,
del Turia las aguas frías.

PASTEL:

Caballero es.

CÉFALO:

Sus pisadas
dicen que lo determines,
pues tienen aderezadas
borceguíes marroquines
y espuelas de oro calzadas.
 

TABACO:

Marinero es.

ROSICLER:

No lo temo,
antes me alegro en extremo,
pues así dará a mi enfado
de esperanza y de cuidado
poca vela y mucho remo.

CÉFALO:

Dél, pues, sabré mi venida
dónde fue.

ROSICLER:

De mi caída
sabré dónde me hice el daño.

CÉFALO:

Dígasme tú, el ermitaño,
que haces la santa vida,
qué ciudad, qué pueblo o villa
hay en estos horizontes
que, sin poder descubrilla,
pasaba a extranjeros montes
una bella pastorcilla.
 

ROSICLER:

Lo mismo en los mismos males
preguntaron mis destinos,
pues que voy en dudas tales,
de día por los caminos,
de noche por los jarales.
Extranjero, gimo y lloro,
pues saliendo a este horizonte
el alba entre rayos de oro,
y con ella un fuerte moro
semejante a Rodamonte,
que soy yo, con tal rigor
se hizo mi caballo astillas
que no corrieron mejor
cüando corren las füentecillas
riyendo y saltando de flor en flor.
Y así, sobre estos tapetes
que abril supo dibujallos,
quedamos los dos pobretes
entre los sueltos caballos
de los vencidos jinetes.
 

CÉFALO:

Yo, no con menor mancilla,
iguales fortunas siento;
pues que me arrojó a la orilla
fatigada navecilla
que al mar se entrega, y al viento.
Uno y otro dura guerra
me hicieron, con tal extremo,
que estaba viendo esta sierra
con las manos en el remo
y los ojos en la tierra.
Viendo, pues, que perecían
todos al rigor de Eolo,
a un gran bergante me fían,
dejándome venir solo
las gentes que me seguían.

ROSICLER:

Aliento vuestro mal cobre
pues, para ejemplo, el mío sobre;
y ese monte que el olvido
le dejó por escondido,
o le perdonó por pobre,
examinemos.

CÉFALO:

Mi ofensa
no hallará otra recompensa.
 

ROSICLER:

Nuestras amistades digan
que los trabajos obligan
a lo que el hombre no piensa.

TABACO:

¿Oís, escudero?

PASQUÍN:

Decid,
¿qué me mandáis?

TABACO:

Advertid
que solo saber espero
quién es este caballero
que a mis puertas dijo: «Abrid».

PASQUÍN:

Príncipe es (porque no troven
sus señas y me le roben)
de Trapobana arrogante,
el más venturoso amante
y el más desdichado joven.
¿Quién es esotro?

TABACO:

Escuchad:
rey Picardía le jura,
y busca Su Majestad
muchos siglos de hermosura
en pocos años de edad.
 

CÉFALO:

Ya aquí no puede romper
la maleza mi deseo;
y solo se dejan ver
montañas, sin ser recreo
del hombre ni la mujer.

ROSICLER:

¡Qué notable desconsuelo!
Altos montes de Aranjuez,
cumbres con cuya altivez
también saltean el cielo
gigantes segunda vez:
¡sacadnos de aqueste horror!

(Suena dentro un almirez.)
CÉFALO:

Escuchad: ¡un instrumento!

TABACO:

Y el más sonoro y mejor,
porque no iguala a su acento
clarín que rompe el albor.

(Vuelven a tocar el almirez y cantan.)
MÚSICA:

    San Cristóbal estaba a la puerta
    con su capillita cubierta,
    y rogando y suplicando
    a las monjas del perdón
    que le digan la oración.
 

CÉFALO:

¡Qué süave melodía!

PASQUÍN:

¿Dónde será donde cantan?

ROSICLER:

Canónigo, aqueste monte
lleva arrastrando la falda;
y en ella, si no me engaño,
la provincia de La Mancha
cae.

TABACO:

Siempre aquesa provincia
cae en las cosas que arrastran.

CÉFALO:

¡Un palacio se descubre
tan grande como una casa!

PASQUÍN:

¡Torres son sus chimeneas!

ROSICLER:

¡Son importantes alhajas
de un palacio!

TABACO:

Y más si tienen
humos de verse tan altas.
 

CÉFALO:

Andemos hacia él, pues él
hacia nosotros no anda,
y tomaremos noticia.

ROSICLER:

Si es que nos la dan barata;
que príncipes distraídos
suelen caminar sin blanca.

TABACO:

Escucha, que a cantar vuelven.

POCRIS:

(Dentro.)
Pícara, idos de mi casa.

AURA:

(Dentro.)
¿Adónde?

POCRIS:

A espulgar un galgo.

AURA:

No espulgo bien galgos.

TODAS:

(Dentro.)
Basta.
 

POCRIS:

Si no espulgáis galgos bien,
id a buscar la gandaya,
idos a buscar la vida,
idos a Turra o a Jauja;
harto os doy en que escoger;
y si no, idos noramala.

AURA:

Para quien oye esa afrenta
no hay consuelo, ¡ay desdichada!

CÉFALO:

¿Cantar y llorar tan junto?
¿Cúyo será aqueste alcázar?

TABACO:

De un tahúr, que ellos a un tiempo
son los que lloran y cantan.

ROSICLER:

Adelantaos los dos
a buscar la puerta falsa.

CÉFALO:

Sí, que viniendo a escondidas
no es justo entrar a las claras.

TABACO:

Ven, Pastel.
 

PASTEL:

¿Mi nombre sabes?

TABACO:

Desde ayer.

PASTEL:

No me acordaba
de que ayer fuimos los mismos.

(Vase.)
CÉFALO:

Diligencia ha sido vana
enviarlos, que esta es la puerta.

ROSICLER:

Pues llamad a ella.

CÉFALO:

¡Ha de casa!

GIGANTE:

(Dentro.)
¿Quién es?

CÉFALO:

Dos príncipes somos,
como quien no dice nada.
 

(Sale un GIGANTE, con la maza al hombro.)
GIGANTE:

¿Príncipes a mis umbrales?
Abro la puerta. ¡Deo gracias!

LOS DOS:

Por siempre jamás, amén.

ROSICLER:

¡Ay cielos, figura extraña!
¡Qué monstruo de tan mal cuerpo!
{{Pt|CÉFALO:|
Sí, mas monstruo de buen alma
según devoto responde. v

GIGANTE:

Siendo yo fuego, ¿quién llama
a esta puerta?

CÉFALO:

Aquel.

ROSICLER:

Aquel.

CÉFALO:

Mama, coco.

ROSICLER:

Coco, taita.

GIGANTE:

No temáis; que cuando mucho
os daré con esta maza.
Llegad.

CÉFALO:

Necesarias fueron
en todo tiempo mis calzas;
pero después que te vi
son dos veces necesarias.

PASQUÍN:

Las mías no, y así me voy
en aquese monte a echarlas
de mí.

CÉFALO:

Yo también.

GIGANTE:

¡Yo os juro
que no os vais, por estas barbas!
¿Quién sois?

CÉFALO:

Dos andantes somos
caballeros de importancia.

ROSICLER:

Y ya somos dos 'patantes',
a saber lo que nos mandas.
 

GIGANTE:

Si sois caballeros, ¿cómo
teméis?

CÉFALO:

Por la misma causa;
que tenemos que perder
muchísimo en nuestras casas.

ROSICLER:

Y estamos sin herederos;
y así, este temor nos guarda
de las vidas.

GIGANTE:

¿Dónde vais
por aquí?

CÉFALO:

Buscando maulas.

GIGANTE:

¿Tú quién eres?

CÉFALO:

Yo, señor,
de Picardía monarca.
 

GIGANTE:

¿Es gran provincia?

CÉFALO:

No es
muy grande, pero es muy ancha.

GIGANTE:

¿Y tú?

ROSICLER:

En Trapobana fui
nacido de mí y mi dama,
y de este parto quedamos
yo, el 'trapo', y ella, la 'vana'.

GIGANTE:

¿Venís más?

CÉFALO:

Dos escuderos
a los dos nos acompañan.

ROSICLER:

Y estos nos traen los escudos
de paciencia y no de armas.

GIGANTE:

¿Cómo ha nombre el tuyo?
 

CÉFALO:

El mío
Pastel.

GIGANTE:

Ya lo adivinaba;
que en Picardía el pastel
escudero es de importancia.
¿Y el tuyo?

ROSICLER:

Tabaco.

GIGANTE:

Bueno,
también era cosa clara
que a trapos y vana sirva
esa sucísima alhaja.
¿Dónde fueron?

CÉFALO:

Por ahí.

GIGANTE:

Pues, ¿cómo por aquí tardan?

ROSICLER:

Gigante, mucho preguntas.
 

GIGANTE:

Esto es más fuerza que maña.
Pena de muerte los cuatro
tenéis.

CÉFALO:

¿Por qué?

GIGANTE:

Por nonada;
y así, yo quiero mataros,
pero ahora no tengo gana.
Idos de este monte, idos;
porque en este inmenso alcázar
soy guardadamas tan fiero
como cualquier guardadamas.
No os burléis conmigo ahora,
porque no gusto de chanzas.
(Yéndose.)

CÉFALO:

A fe que si no volviera
tan aprisa las espaldas...

GIGANTE:

¿Qué?
(Vuelve.)

ROSICLER:

Que habíamos de volverlas
nosotros.

GIGANTE:

¡Príncipes mandrias!
 
(Amágalos y vase, y ellos caen.)

ROSICLER:

Céfalo.

CÉFALO:

Rosicler.

ROSICLER: ¿Tienes

miedo?

CÉFALO:

Tengo el que me basta
para mí.

ROSICLER:

Yo el que me sobra
para mí y un camarada.
(Salen PASTEL y TABACO.)

PASTEL:

No hemos hallado otra puerta
que la de Guadalajara.

CÉFALO:

Nosotros sí, la del Sol,
pero hicímosla Cerrada.

TABACO:

¿Qué hacéis en el suelo?
 

ROSICLER:

Atunes
somos de capa y espada.

CÉFALO:

A aquesta estancia llegamos...

ROSICLER:

Venimos a aquesta estancia...

CÉFALO:

...adonde un ruin gigantillo...

ROSICLER:

...hijo de enano y giganta...

CÉFALO:

...nos puso de vuelta y media.

ROSICLER:

...puso en nosotros las patas.

PASTEL:

Calla, cobarde, ¿eso dices?

TABACO:

Medroso, ¿eso dices? Calla.

PASTEL:

¡Las hazañerías que hacen!
 

TABACO:

Pues sigamos las hazañas
nosotros. ¡Caiga esa puerta!

TODOS:

(Dentro.)
¡Échala fuera!

PASTEL:

No caiga.

CÉFALO:

Jácara piden adentro,
pues «échala fuera» claman.

ROSICLER:

Ya sale sola quien es.
(Sale AURA, llorando y cantando.)

AURA:

¡Ay belleza desdichada!
¡Ay malograda hermosura!
¡Nunca Dios me diera gracia
para enamorar infantes
ni para servir infantas!
Caballeros, si os merezco
piedad, piedad a mis ansias.
 

CÉFALO:

Si es tu hermosura santera,
dinos ya de qué demanda;
que quien canta mal sus males,
muy mal sus males espanta.

ROSICLER:

Dinos ya de quién te quejas
con música tan amarga.

AURA:

(Cantando.)
Tinaja es aqueste reino,
que dizque ayer fue Trinacria;
Tebandro, baldado rey,
le tiene, mas no le manda.
Diole dos hijas el cielo:
a la una Pocris llaman
y a la otra llaman Filis,
si bien poco filis gasta.
Su padre, el Rey, es tan diestro
en esto de echar las habas,
que las ha echado a perder
solamente por ganarlas.
No sé qué le dijo un día
un cedacico en su estaca,
unos berros en su artesa,
una candela en su ara,
un chapín en sus tijeras,
en su orinal una clara
de huevo, y en fin, de ahorcado
una soga en su garganta;
pues, sin más ni más, ¿qué hizo?
 

AURA:

Naciendo de un parto entrambas,
de un parto las desnació;
de modo que aquesta casa
de las niñas de Loreto
es, porque hay muchas y pasan
extrema necesidad
de ingenio, hermosura y gracia.
Dejemos aquí a las dos;
que en todo tiempo encontradas,
siendo en todo tiempo autoras
de mil competencias vanas,
yacen silbándose una
a otra, culebras humanas;
y vamos a mí, que entre ellas
estoy vendida y comprada:
yo soy hija de Luis López...
  (Representa.)
Mas, ¡ay de mí, qué ignorancia!
¡Hablar en montes ajenos
como si fuera en mi casa!
  (Canta.)
Hija soy de Antistes, que hoy
tiene del Rey la privanza;
y pues él es el privado,
su hija será la privada.
 

AURA:

  (Representa.)
Mi nombre es María... ¡Qué digo!
Es Aura, que estoy turbada.
 (Canta.)
El príncipe Pollodeoro
por mis amores se abrasa,
que príncipes de mal gusto
hay en infinitas farsas.
He aquí que lo sabe el Rey,
he aquí mi padre lo alcanza,
y que el uno dice «¡tate!»
cuando el otro dice «¡vaya!,
encerremos esta moza»;
dicho y hecho: aquí me enjaulan.
El Príncipe, enamorado,
buscó modos, halló trazas
de hablarme. Y viéronle dos
destas señoras urracas
que traen los alones negros
y traen las pechugas blancas;
destas que velando siempre
duermen en Valdevelada,
y comiendo en Buenavista,
van a merendar a Parla.
Dijéronlo y...
 
(Sale el CAPITÁN y otros con linternas.)

CAPITÁN:

¡La justicia,
caballeros!

AURA:

¡Qué desgracia!

CAPITÁN:

Abrid aquesas linternas.

TABACO:

¿Linternas con luz tan clara?

CAPITÁN:

Pues, ¿qué se os da a vós? ¿No es
mi cera la que se gasta?
¿Es bueno escandalizando
estar aquí con jácaras
la vecindad?

PASTEL:

Pues, ¿quién es
vecino desta montaña?

CAPITÁN:

Aquel risco. Quién son digan.
 

ROSICLER:

Son dos príncipes que vagan
el mundo.

CAPITÁN:

¿Vagamunditos
son? Pues a la cárcel vayan:
¡prendedlos!

TODOS:

¡Las armas vengan!

CÉFALO:

Esta, señor, es mi espada;
que no puedo en trance tal
daros mejor memorial
que a ella de sangre bañada.

CAPITÁN:

Y ella, ¿qué habla aquí con cuatro
hombres?

AURA:

¿De cuatro se espanta?

CAPITÁN:

Prendedla.

AURA:

¿Por qué?
 

CAPITÁN:

Por fea,
que es precisa circunstancia,
pues es fea, ser prendida.
Ponedlos carantamaulas
porque nadie los conozca.
(Pónenlos mascarillas.)
Y tú, ahora, a todos los ata,
y tiremos.

UNO:

¡Hola, hao!
¡San Pedro!

PASTEL:

¡Gentil redada!

TABACO:

Aun si fuéramos besugos
iríamos a la plaza.

OTRO:

¡San Francisco! ¡Hola, hao!

CAPITÁN:

De aquesta manera vayan.
 

AURA:

¡Ay infeliz padre mío,
qué malas nuevas te aguardan!

ROSICLER:

¡Los príncipes forasteros
por qué de indecencias pasan!

CÉFALO:

Eso no será en mis días.
(Quiere huir.)

SOLDADO 1.º:

¡Uno de la red se escapa!

TODOS:

¡Resistencia!
(Llévanlos.)

CAPITÁN:

Tras él yo
iré.

CÉFALO:

¡San Martín me valga!

CAPITÁN:

No valdrá.
 

CÉFALO:

Sí hará.

CAPITÁN:

Por qué
di.

CÉFALO:

Porque Dios ve las trampas.
(Húndese por un escotillón.)

CAPITÁN:

¿Qué dïablos se hizo dél?
Hombre, ¡mira que te matas!
[Aparte.]
( Debió como un pajarito
de quedarse, pues no habla
ni paula, que es mucho menos,
tampoco. Aunque me hagas rabias,
para esta sí te has muerto;
que no me has de ver la cara
alegre en toda tu vida.)
¡Qué hombre era de tan buen alma!
 
(Vanse llevando presos a los demás, y salen LESBIA y CLORI, dueñas.)

LESBIA:

Ya basta, Clori, ya basta:
cese la cólera fiera,
que la paciencia se gasta;
y si fuera yo frutera,
te diera con la banasta.
Bueno es que tan zahareña
me riñas lo que parlé,
cuando la razón enseña
que dueña que calla...

CLORI:

¿Qué?

LESBIA:

No sabe lo que se dueña.

CLORI:

Eso, ni lo riño, no,
ni en mi dueñez fuera justo;
solo mi pecho sintió
que me quitases el gusto.

LESBIA:

¿De qué?
 

CLORI:

De parlarlo yo.
Y aun otra cosa que hiciste...

LESBIA:

¿Cuál? Llégamela a advertir.

CLORI:

¿Lo que viste no dijiste?

LESBIA:

Sí.

CLORI:

Pues debieras decir
aquello que nunca viste.

LESBIA:

Pues, ¿tú no echas de ver, boba,
que me llevara el demonio?
 

CLORI:

La dueña que más se arroba,
levantar un testimonio
puede, aunque pese una arroba,
con buena conciencia, a efeto
de enredar y de lucir
las tocas sin su buleto.
¿Nunca has oído decir
desta quintilla el soneto?
(Canta.)
Guardaos todos de una Urganda
    que con blandas tocas anda,
    porque de sus tocas sé
    que en el mar donde se ve,
    son todas velas de Holanda.

LESBIA:

Es engaño manifiesto;
y algún ingenio molesto
ese romance escribió,
y he de sacártele yo
de la memoria.
 
(Salen POCRIS, FILIS y las damas.)

POCRIS y FILIS:

¿Qué es esto?

LESBIA:

Clori, que riñe endueñada
porque, como dueña honrada,
te dije yo lo que vi.

POCRIS:

¿Por qué, Clori?

CLORI:

Porque sí.

POCRIS:

Esa es razón extremada.

CLORI:

Y por esto y por aquello
y por lo otro, la decía
que ya que llegaba a vello
era gran bachillería
que no se mirase en ello.

FILIS:

Decía bien.
 

POCRIS:

No decía tal,
sino muchas veces mal.

FILIS:

Pues, sepa la causa yo
por que reñís.

CLORI:

Porque no.

LESBIA:

Llamome una tal por cual.

POCRIS:

Yo, pues honrada me llamo,
haré que con un cordel,
cuando vuelva aquí al reclamo,
le den.

FILIS:

¿Qué?

POCRIS:

Un pote con amo.

FILIS:

¿Cómo?
 

POCRIS:

Como para él.
Que, pues a Mari Aura eché
de palacio, vengaré
mi enojo en este atrevido
que a mi jardín ha venido
tan sin qué ni para qué;
que sabiendo que vivía
yo en él, saliese y entrase,
sin que aun solo en cortesía
ni las manos me besase,
diciendo esta boca es mía.

FILIS:

La resolución alabo;
mas, si ausente a ella la advierto,
no se le dará a él un clavo
de entrar, y es al asno muerto
poner la cebada.

POCRIS:

Al cabo
de tu concepto estoy ya;
no le expreses, que será
muy inmundo a mis orejas.
Yo sabré vengar mis quejas
por aquí o por acullá;
y así, cuando aquesta noche
la sombra se desabroche,
le tengo de hacer cascar.
Sin 'coche', no hay acabar
la copla: pues digo 'coche'.
(Vase.)
 

FILIS:

¡Qué notables son mis penas!

NISE:

Diviértate este pensil,
pues te ofrece a manos llenas
las flores de mil en mil.

FLORA:

Haz de aquestas berenjenas
un ramillete.

NISE:

Arreboles
allí hacen, con blando son,
tulipanes y fasoles.

FILIS:

¿Qué son estas?

FLORA:

Coles son.

FILIS:

Y yo el alba entre las coles.
¡No vi más cultos jardines!
 

CLORI:

Ven; divertirante ahora
del estanque los confines;
verás en ellos, señora,
cómo nadan los rocines.

FILIS:

La gala ahora del nadar
aumentará mis pasiones.

NISE:

Pues ven hacia el palomar,
que hay cría y verás sacar
de sus huevos los lechones.

FILIS:

Nada me dará placer;
todo, ¡ay amigas!, me enfada.

FLORA:

No es mucho, llegando a ver
que una mujer encerrada
es la más libre mujer.

FILIS:

Aquí, que el mayor farol
hiere con blando arrebol,
me siento.
 

FLORA:

¿Cantarán?

FILIS:

Sí;
y tú...

CLORI:

¿Qué?

FILIS:

Espúlgame aquí,
porque sirva de algo el sol.
(Siéntanse FILIS y CLORI, que hace como que la espulga, y cantan.)

MÚSICA:

Al sol, porque se durmiera,
le espulga Amor la mollera,
alumbrándole otro sol;
y fue girasol de un sol otro sol
para que nadie los viera.
 
(Sale CÉFALO por la boca de la gruta.)

CÉFALO:

¡Ce!

CLORI:

¿Quién llama?

CÉFALO:

A esa divina
beldad que despierta está,
decid que es mucha mohína
que duerma, que es hora ya
de salir yo de la mina.

NISE:

Ya lo ha oído y se enternece.

CLORI:

No cantéis más, que parece
que ya al sueño corresponde.

FLORA:

Pues vámonos, porque adonde
el Rey no está, no parece.
 
(Vanse las dueñas. Queda FILIS dormida y canta CÉFALO.)

CÉFALO:

Que una boca me trague
y otra me escupa.
¿Quïén creyera, madre,
tan gran ventura?
¿Qué jardín es aqueste
donde he llegado?
Pero, ¿qué gana tengo
de averiguarlo?
Sea donde se fuere,
¿no basta hallarme
orillitas del río
de Manzanares?
Y aún mayores prodigios
mis ojos hallan
en el alamedita,
que no en el agua.
¿Qué deidad es aquesta,
cielos, que miro,
al pasar el arroyo
del Alamillo?
Porque sus ojos bellos
mi alma no abrasen:
aires de mi tïerra,
venid, llevadme.
¿Si será deidad muerta
o mujer viva?
Venga el padre del alma
que me lo diga.
¡Válgame el amor mismo
con qué donaire
duerme y ronca mi niña
y enjuga el aire!
 
(Canta FILIS como en sueños.)

FILIS:

Acechando si duermo
y a ver si ronco,
hétele por dó viene
mi Juan Redondo.

CÉFALO:

Entre süeños canta
y a ella me llego,
porque vaya más cerca
del bien que dejo.

FILIS:

Cautelosos ahora
son mis ojuelos,
que parece que duermen
y están despiertos.

CÉFALO:

Puesto que no te sirven
de nada amores,
préstame tus ojuelos
para esta noche.
 

FILIS:

Acercándose viene
para mirarme;
hácelo de valiente,
Dios es mi padre.

CÉFALO:

Con las liendres parecen
sus rubias trenzas
de color de silicio,
blancas y negras.
Iris es de colores
su hermosa cara,
amarillas y verdes
y coloradas.
Y en las perfecciones
de toda ella,
como tiene la cara
la pascua tenga.
Brujuleados descubren
bellos celajes;
la calceta caída,
la pierna al aire.
¿Qué haré yo por servirte,
prodigio hermoso?

FILIS:

Hágame una valona
de requilorio.
 

CÉFALO:

¿Qué es 'valona'? Trairete
de todos cortes
rábanos y lechugas
y alcaparrones.
(Sale POCRIS.)

[POCRIS]:

Tiende presto tu manto,
medrosa noche,
que me importa la vida
matar a un hombre.
 [Aparte.]
Pero, ¡qué miro! ¡Cielos!
¿Si este lo ha oído?
Más valiera callarlo
que no decirlo.

CÉFALO:

Matar hombre dijeron...
Mas, ¡qué hermosura!,
púsoseme el sol,
saliome la luna.

POCRIS:

Pues, ¿qué hacéis, señor hidalgo,
aquí, y Filis a la mu?
 

CÉFALO:

Esperar solo a que tu
belleza me dé con algo.

POCRIS:

Mal de mi aliento me valgo;
que al veros, de asombro llena,
¡qué horror!, ¡qué espanto!, ¡qué pena!,
si me diérades lugar,
me quisiera desmayar.
(Desmáyase.)

CÉFALO:

Desmayaos en hora buena.

FILIS:

¿Desmayose esta señora?

CÉFALO:

Sí.

FILIS:

Pues, si se desmayó,
quiero ahora despertar yo.

CÉFALO:

Despertad muy en buen hora.

FILIS:

¿Qué entrada ha sido, traidora,
esta?
 

CÉFALO:

Si el saberlo os toca,
allá me tragó una boca
y acá me echó un agujero.

FILIS:

Digerido caballero
del vientre de aquesa roca,
¿cómo aquí entrasteis?

CÉFALO:

Así.
(Paséase.)

FILIS:

Así, no importa: si hubiera
sido entrar de otra manera,
os acordarais de mí.

CÉFALO:

Al sueño, señora, os vi
tan dulcemente rendida
que el alma, a vós ofrecida,
en viendo otra entre las dos
me quedé, como si no os
hubiera visto en mi vida.
 

FILIS:

Por cierto, que obliga
tanto esa lisonja,
caballero, como
si fuera otra cosa.
Y así, agradecerla
es lo que me toca,
con aconsejaros
que escurráis la bola;
porque si en sí vuelve
esa regañona,
que en la condición
es una demonia,
hará que un gigante
os pegue en la chola.
Y si os da una vez,
aqueso, per omnia;
porque es el mayor
pariente de todas
las nobles familias
de Mazas y Porras.
Y aunque hayáis venido
a ver a Aura hermosa,
quiero perdonaros
el venir por otra
estando yo aquí,
que no a todas horas
me duermo en las pajas;
harto he dicho, y sobra.
Idos norabuena;
temed que a deshora,
en estos jardines,
os halle la ronda
de aqueste gigante,
ya que mi piadosa
cortesía os dice
a voces sonoras:
(Canta.)
Caballero de capa y gorra ,
guardaos de la...
 

CÉFALO:

Acorta,
cesa, no prosigas;
que cuando yo ahora,
por ti que lo mandas,
no huyera, señora,
solo huyera por
guardar mi persona;
porque dizque tengo
una vida sola,
y no hay quien me venda
en la tienda otra.
En cuanto a que busco
dama más hermosa
es, por esta cruz,
mentira tan gorda.
Y así, agradecido
a vuestras lisonjas,
quiero obedeceros,
que es lo que me toca.
(Vase.)
 

FILIS:

Excusad al eco
que otra vez responda:
 (Canta.)
Caballero de capa y gorra,
guardaos de la...

POCRIS:

Acorta
el falso discurso;
pues, libidinosa,
la traición que haces...

FILIS:

Tú eres la traidora,
pues que te desmayas
y mayas a solas.

POCRIS:

¿Quién era el que estaba
aquí?

FILIS:

¿Qué te enojas?
Ahí era un amigo
de cierta persona.
 

POCRIS:

¿Era hombre?

FILIS:

No sé;
porque no me informa
del juego que tiene,
si bien sé que roba.

POCRIS:

Dime, ¿qué se hizo?

FILIS:

Fuese a cazar zorras.

POCRIS:

Lesbia, Clori, Laura,
Flora, Nise, ¡hola!

FLORA:

(Dentro.)
Pocris nos holea.
(Salen todas.)

CLORI:

Deidad de estas rocas,
¿qué mandas?

LESBIA:

¿Qué quieres?
 

FLORA:

¿Qué hay en la parroquia?

POCRIS:

Un hombre que andaba
aquí, ¿qué es dél?

NISE:

Sombras
en el aire miras.

FLORA:

Berros se te antojan.

CLORI:

¿Hombre aquí? Pluguiera
a nuestra...

FILIS:

Está loca;
no hagáis caso de ella.

POCRIS:

Todas mentís, todas.
Yo le vi; conmigo
no ha de haber tramoyas;
por señas que estaba
(¡ay Dios, qué zozobra!)
dando (¡qué desdicha!)
con (¡qué carambola!)
un dardo (¡qué susto!)
en mí (¡qué pandorga!)
como (¡qué presagio!)
si diera (¡qué historia!)
en real de enemigo.
(Vase.)
 

LESBIA:

Infanta...

LAURA:

Señora...

CLORI:

El juicio ha perdido.

FILIS:

(Aparte [a CLORI].)
No ha sido mamola.
Un hombre aquí ha estado
por señas notorias,
Clori; que los hombres
son lindas personas.