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Brindis (Balart)



Escrito y leído en un banquete dado al autor por sus amigos de Asturias



Cuando en busca de estos mares
embravecido y huraños
visito vuestros hogares,
siempre me dejo en Pajares
los achaques y los años.
Pero, por contrario azar,
que mis provechos trabuca,
siempre los torno a encontrar
en cuanto vuelvo a pasar
el túnel de la Perruca.
Hermosa, fértil y sana
es esta tierra asturiana
de que enamorado estoy;
y merece, por lozana,
todo el amor que le doy.
Pero, aunque verde y florida
sus galas perpetuas luce,
esta región bendecida
aún es de mí más querida
por la gente que produce.
Los que pueblan los lugares
de esos bellos horizontes,
para defender sus lares
son bravos como esos mares
y firmes como esos montes.
Yo, señores, soy murciano,
y orgulloso de ello estoy;
pero, aun sin ser asturiano,
me tengo por vuestro hermano,
ya que en el alma lo soy.
Mas son distingos sutiles:
para Asturias no hay fronteras
ni pasiones concejiles;
vuestros pechos varoniles
son españoles de veras.
Sin pasioncillas espurias
con que el patrio amor se empaña,
ahorrando envidias e injurias,
ponéis sobre todo a Asturias,-
y sobre Asturias a España.
Y es justo; -porque, a mi ver
fuera cosa singular
que, olvidando lo de ayer,
no supierais defender
lo que supistéis ganar.
Sin que la fuerza os lo imponga,
la patria en Cangas fundada
hasta Cádiz se prolonga:
¡si es tan grande Covadonga,
es porque llega a Granada!
Conservad en la memoria
esa página bendita,
portada de nuestra historia:
la española ejecutoria
con sangre vuestra está escrita.
Brindemos, pues, como hermanos;
y, sin envidia ni saña,
estrechémonos las manos:
¡viva Asturias, asturianos!
¡españoles, viva España!