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Capítulo VIII
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Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


Sacan a Guzmán de Alfarache de la cárcel de Sevilla para llevarlo al puerto a las galeras. Cuenta lo que pasó en el camino y en ellas

Galeote soy, rematado me veo, vida tengo de hacer con los de mi suerte, ayudarles debo a las faenas, para comer como ellos. Híceme de la banda de los valientes, de los de Dios es Cristo. Púseme mi calzón blanco, mi media de color, jubón acuchillado y paño de tocar, que todo me lo enviaba mi dama con esperanzas que aún había de pasar aquel tiempo y había de tener libertad. Con esto y cobrando mis derechos de los nuevos presos, pasaba gentil vida y aun vida gentil; que tal es la de los tales como yo cuando se hallan allí en aquel estudio. Cobraba el aceite, prestaba sobre prendas, un cuarto de un real por cada día. Estafaba a los que entraban. Dábales culebras, libramientos y pesadillas. Porque allí, aunque se conoce a Dios, no se teme. Tiénenle perdido el respeto, como si fueran paganos. Y por la mayor parte los que vienen a semejante miseria son rufianes y salteadores, gente bruta, y por maravilla cae o por desdicha grande un hombre como yo. Y cuando sucede acaso es que le ciega Dios el entendimiento, para por aquel camino traerlo en conocimiento de su pecado y a tiempo que con clara vista lo conozca, le sirva y se salve.

Hubo en mi tiempo un rufián, que, teniéndolo sentenciado a muerte y puesto en la enfermería para sacarlo el día siguiente a justiciar, viendo jugar en tercio a los que lo guardaban, se levantó del banco y se fue para ellos como pudo, con sus dos pares de grillos y una cadena. Y preguntándole dónde iba, dijo: «Acá me vengo a pasar el tiempo un rato.» Los guardas le dijeron que se ocupase rezando y encomendándose a Dios, y respondióles: «Ya tengo rezado cuanto sé y no tengo más que hacer. Barajen y echen por todos y tráigase vino con que se ahogue aquesta pesadumbre.» Dijéronle ser muy tarde, que ya estaba cerrada la taberna, y dijo: «Díganle a ese hombre que es para mí. Basta, no digan más y juguemos. Que juro a Cristo que no entiendo en lo que ha de parar este negocio.» A este son bailan todos. Otros hay que se mandan hacer la barba y cabello para salir bien compuestos, y aun mandan escarolar un cuello almidonado y limpio, pareciéndoles que aquello y llevar el bigote levantado ha de ser su salvación. Y como en buena filosofía los manjares que se comen vuelven los hombres de aquellas complexiones, así el trato de los que se tratan. De donde se vino a decir: «No con quien naces, sino con quien paces.»



Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX