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Atalaya de la vida humana: 398

Capítulo VII
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Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


Después de haber entrado Guzmán de Alfarache a servir a una señora, la roba. Préndenlo y condénanlo a las galeras por toda su vida

Tanta es la fuerza de la costumbre, así en el rigor de los trabajos, como en las mayores felicidades, que, siendo en ellos importantísimo alivio para en algo facilitarlos, es en los bienes el mayor daño, porque hacen más duro de sufrir el sentimiento dellos cuando faltan. Quita y pone leyes, fortaleciendo las unas y rompiendo las otras; prohíbe y establece, como poderoso príncipe, y consecutivamente a la parte que se acuesta, lleva tras de sí el edificio, tanto en el seguir los vicios, cuanto en ejercitar virtudes. En tal manera que, si a la bondad se aplica, corre peligro de poderse perder fácilmente y, juntándose a lo malo, con grandísima dificultad se arranca. No hay fuerzas que la venzan y tiene dominio sobre todo caso. Algunos la llamaron segunda naturaleza, empero por experiencia nos muestra que aún tiene mayor poder, pues la corrompe y destruye con grandísima facilidad. Si amargo apetece, con tal artificio lo conserva y enduza, que, como si tal no fuese, lo vuelve suave. Y acompañada con la verdad es el monarca más poderoso y su fortaleza inexpugnable. ¿Quién sino ella hace al pobre pastor asistir en los desiertos campos, en la hondura de los valles, en las cumbres de los empinados montes y sierras, contra las inclemencias del riguroso invierno, sufriendo tempestades, continuas pluvias, vientos y aires, y en el verano, riguroso sol que tuesta los árboles, abrasa las piedras y derrite los metales? Y siendo su fuerza tanta, que hace domesticarse las fieras más fieras y ponzoñosas, refrenando sus furias y mitigando sus venenos, el tiempo la gasta, con él se labra y sólo a él se sujeta. Porque para con él son sus telas de araña, hechas contra un elefante; que si ella es poderosa, él es prudente y sabio. Y como el ingenio suele sobrepujar a todas humanas fuerzas, así el tiempo a la costumbre. Sigue la noche a el día, la luz a las tinieblas, a el cuerpo la sombra. Tienen perpetua guerra el fuego con el aire, la tierra con el agua y todos entre sí los elementos. El sol engendra el oro, da ser y vivifica. Desta manera sigue, persigue y fortalece a la costumbre. Hace y deshace, obrando sabiamente con silencio, según y por el orden mismo que acostumbra ella con las continuas gotas cavar las duras piedras. Es la costumbre ajena y el tiempo nuestro. Él es quien le descubre la hilaza, manifestando su mayor secreto, haciendo con el fuego de la ocasión ensaye de sus artes; con experiencia nos enseña los quilates de aquel oro y el fin adonde siempre van sus pretensiones encaminadas, y quien comigo no tuvo alguna misericordia, pues en breve hizo público lo que siempre con instancia procuré que fuese oculto.



Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX