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Capítulo IV
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Atalaya de la vida humana II Mateo Alemán


Caminando a Milán Guzmán de Alfarache, le da cuenta Sayavedra de su vida

A Milán caminábamos con tanta priesa como miedo; que como es alto de cuerpo, de lejos lo devisaba y siempre con su sombra me temblaba el corazón, recelando el peligro en que él mismo me había puesto. Porque siempre creí que ninguna culpa quedó sin pena ni malo sin castigo. Ya deseaba que naciesen con alas los caballos, para que volara el mío. Mas, pobre de mí, que lo mismo fuera, pues también las tuvieran los otros para darnos alcance. Todo lo vía lleno de malezas, en todo temía peligro y más en la tardanza.

Yo con mis pensamientos y Sayavedra con los suyos, íbamos mudos ambos, aunque con gran diferencia, que sólo el mío era de verme puesto en salvo y Sayavedra deseando saber lo que había de tocar de las monedas.

Fuemos caminando grande rato, hasta que por despedir el temor, que tanto me atribulaba, olvidándolo con algún entretenimiento, pareciéndome ser tan de locos callar mucho por los caminos como hablar mucho en las plazas, dije a Sayavedra que tratásemos alguna cosa o me contase algún cuento de gusto. Entonces él, hallando su bola en medio de los bolos, tomó por donde quiso y dijo:

-De un cuento quisiera yo que hubiera sido el gusto de la ganancia; mas yo confío que haber venido a servir a Vuestra Merced será no sólo para satisfación de mi deuda, pero aun para gran exceso de granjería.



Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

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Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX