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Capítulo III
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Atalaya de la vida humana II Mateo Alemán


Después de haber salido Guzmán de la cárcel, juega y gana, con que trata de irse a Milán secretamente

Salí de la cárcel, como de cárcel. No es necesario encarecerlo más, pues por lo menos es un vivo retrato del infierno. Salí con deseo de mi libertad y no hice mucho en desearla, que a quien tan injustamente se la quitaron, causa tuvo para temer mayores daños, por serle muy fácil de negociar al contrario cualquier demasía, pues no le fue dificultoso lo principal.

Quizá piensan algunos que Dios duerme; pues aun los que no tuvieron verdadero conocimiento suyo, lo temieron y temen. Preguntándole Isopo a Chilo «¿Qué hace Dios? ¿En qué se ocupa?», le respondió: «En levantar humildes y derribar soberbios.» Yo soy el malo y, pues me dieron pena, debí de tener culpa. Que no es de sospechar de un honrado juez, que profesa sciencia y santidad, se querrá empachar por amistades ni dádivas o miedos. Allá se lo hayan, juzgados han de ser; no quiero yo juzgarlos ni más molerlos.

Quedé tan escarmentado, tan escaldado y medroso, que de allí adelante aun del agua fría tuve miedo. Ni por el Torrón o cárcel ni cuatro calles a la redonda quisiera pasar, no tanto por la prisión que tuve, cuanto por haberme visto en ella tan sin razón ofendido. No vía vara de arriero que no se me antojase justicia. Desde allí propuse para siempre dejarme antes vencer que comparecer en tela de juicio. A lo menos escusarlo hasta no poder más, y que sea más fuerza que necesidad.



Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

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