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Atalaya de la vida humana: 136

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Atalaya de la vida humana II Mateo Alemán


Guzmán de Alfarache va en siguimiento de Alejandro, que le hurtó los baúles. Llega en Bolonia, donde lo hizo prender el mismo que lo había robado

En Florencia me comí todo el caballo que saqué de casa del embajador mi señor, y una mañana me almorcé las herraduras. Digo que para venderlo mandé se herrase de nuevo, y las que me quedaron en casa viejas las vendió Sayavedra y almorzamos. Si la hereje necesidad no me sacara de allí a coces y rempujones, fuera imposible hacerlo de mi voluntad en toda mi vida; quiero decir a ley de «creo», porque había ya tomado bien la sal y sondado la tierra.

No sé después lo que hiciera, porque al fin todo lo nuevo aplace y más a quien como yo tenía espíritu deambulativo, amigo de novedades. Así lo juzgaba entonces por la mucha razón que para ello tuve de mi parte. Yo llegué allí por tiempo de festines. Traíanme otros mozos floreando de casa en casa, de fiesta en fiesta, de boda en boda. En una bailaban, en otra tañían; aquí cantaban, acullá se holgaban: todo era placer y más placer, un regocijo de «vale y ciento al envite». No se trataba en todas partes otra cosa que loables ejercicios y entretenimientos, muchas galas y galanes, muchas hermosas damas con quien danzaban, gallardísimos tocados, ricos vestidos y curioso calzado, que se llevaban tras de sí los ojos y las almas en ellos.

¡Ved qué negro adobo para que no se dañase el adobado! Si no bebo en la taberna, huélgome en ella. No hay hombre cuerdo a caballo, y menos en el desbocado de la juventud. Era mozo al fin y, como la vejez es fría y seca, la mocedad es muy su contraria, caliente y húmeda. La juventud tiene la fuerza y la senetud la prudencia. Todo está repartido, a cada cosa su necesario. Y aunque casi siempre lo vemos, viejos mozos, por maravilla se hallan mozos viejos; y aun digo que sería maravilla, como hallar un peral que llevase peras por Navidad. En Castilla digo, porque no me cojan por seca los de otras tierras que no conozco. Váyase dicho que siempre voy hablando con el uso de mi aldea; que yo no sé cómo baila en la suya cada uno.



Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX