Abrir menú principal

Capítulo VI
Pág. 082 de 442
Atalaya de la vida humana I Mateo Alemán


En la casa que se retiró Guzmán de Alfarache se quiso limpiar. Cuenta lo que le pasó en ella y después con el embajador su señor

Ya era noche oscura y más en mi corazón. En todas las casas había encendidas luces; empero mi alma triste siempre padeció tinieblas. No sentía ni consideraba ser tarde ni que el señor de la posada donde me había recogido huyendo de la turba, me quería ver fuera della y rempujándome con palabras no vía la hora que me fuese; porque tenía recelo y sospechaba si aquello hubiera sido estratagema mía, tomando aquel achaque para tener en su casa entrada y a buen seguro hacer mi herida. El bueno del señor no andaba descaminado, porque la señora su dueña era en su casa el dueño, amiga de su gusto, cerrada de sienes y no muy firme de los talones. No era maravilla ver su marido visiones, antojándosele con cualquiera sombra el malo. Por lo cual, cuando de sus puertas adentro me vio, recogió su gente y, dejándome solo en el portal de afuera, no había consentido que aun sólo a darme un caldero con agua saliesen fuera. Ni tuve con qué lavarme.

Así yo pobre, lleno el vestido de cieno, las manos asquerosas, el rostro sucio y todo tal cual podréis imaginar, iba entreteniendo la salida con temor, y no poco, si aun todavía hubiese a la puerta gente aguardando para ver mi nueva librea, que mejor se dijera lebrada. Como los que vieron mi desgracia no fueron pocos y esos estuvieron detenidos refiriéndola en corrillos a los que venían de nuevo, y yo que generalmente no estaba bien recebido, deteníanse todos a oírla, dando unos y otros gritos de risa, sinificando grande alegría.



Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX