Atalaya de la vida humana: 069

Pág. 069 de 442
Atalaya de la vida humana I Mateo Alemán


Estúveme así a un lado de la cama, lo más apartado que pude, no un cuarto de hora, ni media, sino más de cinco, que ya era casi de día. Considere cada uno y juzgue lo que pudiera sentir en lugar semejante y tanto tiempo. ¡Qué congojas por no ser conocido! ¡Con cuánto temor de no ser sentido! Y era lo menos que sentía lo más que me pudiera suceder, que era la muerte, si recordara el conde. Porque, como entré desnudo y sin armas, había de ser a brazos la pendencia. Y cuando de los suyos escapara, no pudiera de los de sus criados, pues no sabía cómo ni por dónde había de huir. Y no fueron solas estas mis congojas, que adelante pasaron, porque don Luis y la condesa se reían y hablaban tan descompuestos y recio, que les oía desde la cama casi todo lo que decían, con que me aumentaban el temor no dispertasen a el conde. Y entre mí me deshacía, viendo que no les podía decir que hablasen quedo, ya que se tardaban. Reventaba con esto y por no poderme apartar de allí un punto, por esta negra honrilla. Después de todo esto, ya cuando vieron el día tan cerca, que casi era claro, se vinieron risueños y juntos hacia la cama, con una vela encendida y llegándose adonde yo estaba, con mucha grita y trisca, hacían grande ruido. Entonces vine a pensar si con el mucho contento se hubieran vuelto locos. Ya me pesaba tanto de su desgracia como de mi desventura, pues había de ser la infamia y castigo general en todos y, sin que alguno escapase dél, ellos por faltos y yo por sobrado. Vime de modo que dentro de un espacio muy breve tuve mil imaginaciones y ninguna que me pudiera ser de provecho. Y estando en ellas, en medio de mi mayor conflito, se vinieron acercando a la cama y tirando la condesa de la cortina, que ya podíamos claramente vernos, quedé sin algún sentido, tanto, que quisiera huir y no pude. Mas muy presto volví en mí. Porque yo, que siempre creí tener a mi lado a el conde, alzando la condesa la ropa de la cama, descubrió el desengaño y conocí no ser él, sino una señora doncella, hermana de la condesa, hermosa como la misma Venus. De lo cual y de la burla que creí habérseme hecho, quedé tan atajado y corrido, que no supe hablar ni otra cosa que hacer, más de levantarme como estaba en camisa y salir a buscar mis vestidos, de que después me avergoncé mucho más de lo que temí antes. Vea, pues, Vuestra Señoría, el peligro a que me puse y juzgue por él debérseme dar la sortija.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX