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Capítulo II
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Atalaya de la vida humana I Mateo Alemán


Guzmán de Alfarache cuenta el oficio de que servía en casa del embajador, su señor Del mucho poder y poca virtud en los hombres nace no premiar tanto servicios buenos y trabajos personales de sus fieles criados, cuanto palabras dulces de lenguas vanas, por parecerles que lo primero se les debe por lo que pueden, y así no lo agradecen, y de lo segundo se les hace gracia, porque no lo tienen y compran sus faltas a peso de dineros. Es mucho de sentir que les parezca que contradice la virtud a su nobleza y, sintiendo mal della, no la tratan. Y también porque como se haya de conseguir por medios ásperos, contrarios a su sensualidad, y con su mucho poder, nunca se les apartan del oído y lados lisonjeros, viciosos y aduladores.

Aquella es la leche que mamaron, paños en que los envolvieron. Hiciéronlo su centro natural con el uso, y con el mal abuso se quedaron. De aquí nacen los gastos demasiados, las prodigalidades, las vanas magnificencias, que sobre tabla se pagan muy presto de contado, con suspiros y lágrimas: el dar antes a un truhán el mejor de sus vestidos, que a un virtuoso el sombrero desechado. Y porque también es dádiva recíproca, trueco y cambio que corre, visten ellos el cuerpo a los que revisten el suyo de vanidad. Favorecen con regalos a los que los halagan con halagos de palabras tiernas y suaves, de buen sonido y consonancia. Compran con precio su gusto, por lo cual corre su alabanza justamente de la boca de semejantes, dejando abierta la puerta por su descuido, para que los buenos publiquen sus demasías, que real y verdaderamente se debiera tener por vituperio.

No quiero con esto decir que carezcan los príncipes de pasatiempos. Conveniente cosa es que tengan entretenimientos; empero que den a cada cosa su lugar. Todo tiene su tiempo y premio. Necesario es y tanto suele a veces importar un buen chocarrero, como el mejor consejero. No me pasa por el pensamiento atarles las manos a hacer mercedes, pues, como tengo dicho, nunca el dinero se goza sino cuando se gasta, y nunca se gasta cuando bien se dispensa y con prudencia.



Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX