Aquí estás, ombú gigante 
a la orilla del camino, 
indicando al peregrino 
no siga más adelante 
en la llanura sin fin. 
Tú señalas las barreras 
que dividen el desierto, 
y oyes el vago concierto 
que alzan las auras ligeras 
de la pampa en el confín. 


Eres la verde guirnalda 
de la cabaña pajiza, 
que vas marchando de prisa 
con el pasado a tu espalda 
y a tu frente el porvenir. 
Donde huye el indio salvaje 
y el cristiano se adelanta, 
tu cabeza se levanta 
susurrando tu ramaje: 
"el rancho llegó hasta aquí." 


Eres lo último que muere 
de la morada del hombre, 
y sin registrar un nombre 
estás contando al viajero 
memorias de hoy y de ayer. 
Al proseguir tu carrera 
por la llanura extendida, 
sobre tu cima florida 
hoy alzas en la frontera 
el pendón de nuestra fe. 


¿Qué ves más allá? ¿la pampa 
que en contorno se dilata, 
el arroyuelo de plata, 
el toldo en que el indio acampa, 
o el inmenso pajonal? 
Tú miras allá a lo lejos 
al trasponer aquel monte 
en el remoto horizonte, 
como en mágicos espejos 
lo que es y lo que será. 


Miras la pampa argentina 
de ciudades matizada, 
y por mil naves surcada 
la laguna cristalina 
que hoy cubre verde juncal; 
miras la pobre cabaña, 
que en palacio se transforma, 
y que al tomar nueva forma, 
con nuevas luces se baña 
su contorno natural. 


Miras al indio tostado, 
que lanzando un alarido, 
va huyendo despavorido 
por el llano dilatado, 
en pavoroso tropel; 
seguido del tigre fiero 
que abandona su dominio, 
hoy teatro de exterminio, 
y tras él, el jornalero 
que las transforma en vergel. 


No pases más adelante, 
que más lejos, abatido, 
marchito y descolorido 
verás al ombú gigante 
hoy de la pradera rey: 
y en su lugar la corona 
verás alzarse del pino, 
que unido al hierro y al lino 
sirve al hombre en toda zona 
para dar al mundo ley. 


Ese destino te espera, 
árbol, cuya vista asombra, 
que al caminante das sombra 
sin dar al rancho madera, 
ni al fuego una astilla dar; 
recorrerás el desierto 
cual mensajero de vida, 
y, tu misión concluída, 
caerás cual cadáver yerto 
bajo el pino secular.