Argentina - industria, comercio, cultura.

Argentina, industria, comercio, cultura de Octavio Velasco del Real
Publicado en el libro Viaje por la América del Sur, Barcelona, 1892.
Nota 2: se han modernizado algunos acentos.

Si la industria pastoral de la Argentina es indudablemente de grandísima importancia, la industria manufacturera no corresponde a lo que podría suponerse en vista de lo que se pretende aparentar, lo cual no quiere decir que no existan, en realidad de verdad, algunas industrias nacionales de considerable interés. Merecen citarse entre ellas, en primer lugar, las prensas de aceite de maní, así como de otras simientes oleaginosas, todas ellas de aplicación culinaria. El maní crece en abundancia en los Estados de Santa Fe, Corrientes y Entre Ríos y en el Chaco.

Como industrias nacionales pueden considerarse también la carretería, la construcción de coches, la guarnicionería y sillería, la fabricación de cervezas, las refinerías y destilaciones, los molinos, la fabricación de conservas de carnes, frutas y legumbres, las fábricas de macarrones y pastas alimenticias, las fábricas de cigarros y de fósforos, las ebanisterías, etc.

Las fábricas de cigarros de Buenos Aires pasan de ciento, y emplean como materia prima de los cigarrillos la picadura de la Habana. En cuanto a los cigarros (tabacos), son de calidad inferior.

Las cerillas fosfóricas no ceden en nada a las de Europa, habiéndose, con la implantación de esta industria, librado la Argentina del tributo que pagaba antes a Italia.

La ebanistería se ha desarrollado de una manera notable en estos últimos años, imitando los artesanos argentinos con perfecta exactitud, y aun con ventaja, los muebles de Alemania, que llegaban antes en grandes cargamentos, y ya no llegan ahora. Aparte de esto, el modelo alemán ha sido el preferido. De Francia se importan solamente los muebles de gran lujo. De Inglaterra llega poco. En cambio, tienen gran salida los muebles de madera curvada de Viena y de los Estados Unidos. La madera empleada por los ebanistas argentinos es importada de Europa, no utilizándose gran cosa la de los bosques del Chaco. Dará idea de la grande importancia del comercio de Buenos Aires la estadística siguiente. Es de 1887, pero no debe haber experimentado mucha alteración.

Había empleados a la sazón en las casas de comercio de Buenos Aires 33,904 individuos, de los cuales 18,000 eran italianos, 7,000 españoles, 3,000 franceses, 700 argentinos, 657 alemanes, 604 ingleses, etc.

El mayor número de casas de comercio eran argentinas; pero las que hacían más negocio eran inglesas y alemanas.

El número de casas importadoras era de 672; el de exportadoras, 55; el de casas importadoras y exportadoras, 100. Es decir, más de 800. El ramo de instrucción pública es objeto de la mayor solicitud por parte del Gobierno, pudiendo abrigarse la mayor seguridad de que no habrá de tardarse mucho en recogerse óptimos frutos de los grandes dispendios consagrados a tan importante atención.

Hónrase la República Argentina con dos magníficas Universidades: la de Buenos Aires y la de Córdoba, las cuales contaban en 1889 con 993 alumnos, habiendo conferido 234 grados; a saber: 81 de doctor en derecho, 85 de doctor en medicina y 11 de ingeniero civil.

La República tiene establecidos 16 Colegios Nacionales, o Institutos de 2.a enseñanza con un cuerpo docente de 464 catedráticos, ascendiendo el número de alumnos a 2,599.

Existen en todo el territorio 35 escuelas normales de maestros, con 12,024 alumnos.

La capital contaba en 1889 con 255 escuelas de instrucción primaría, frecuentadas por 54,509 alumnos y regidas por 1,571 maestros. La provincia de Buenos Aires poseía 2,719 escuelas, con 4,532 maestros y 205,186 alumnos. El total de escuelas en la República entera era de 2,373, con 6,013 maestros y 259,695 alumnos. De dicho número de escuelas, 1,888 pertenecían a particulares, y el resto eran oficiales.

Pero no sólo se halla mu y extendida la instrucción primaria: también la instrucción superior se va perfeccionando, contando hoy la Argentina con algunos sabios de primera talla, como, por ejemplo, el doctísimo geólogo Sr. Amerino, cuyos trabajos sobre la fauna fósil de dicho país han llamado profundamente la atención en los centros científicos de Europa.

La prensa, reflejo de la cultura de una nación, cuenta con más de cien periódicos diarios, algunos de superior importancia, y a su cabeza La Prensa y La Nación (tirada de 20,000 ejemplares cada uno); siguen el Correo de la Plata (5,000); la The Standard (3,000); Buenos Aires' Herald (1,500); la Patria Italiana (12,000); el Operario Italiano (6,000); El Correo Español (4,000); Sud América (6,000); El Nacional, diario de la noche (13,000), y otros.

La mayor parte de estos periódicos son de grandísimo tamaño, y ni por su papel ni por sus condiciones tipográficas pueden tomarse como modelos. En cambio, son inmejorables su parte comercial y financiera, el servicio telegráfico y la sección política. En punto a reporterismo local, ya quisieran estar servidos como los diarios de Buenos Aires nuestros más portentosos noticieros. Menos de alabar son las secciones destinadas a la critica dramática, musical, literaria, etc., aunque es lo suficiente para las exigencias del público. Respecto a la parte amena, — folletín, cuentos, crónica, correspondencias de Europa, — vense con frecuencia las firmas de los más afamados literatos franceses y españoles, contándose entre últimos los Sres. Castelar, Valera y Pérez Galdós.

El pasto intelectual más propagado es en Buenos Aires, igual que en España, lo de Francia; lo cual, como ya se comprenderá, no tiene nada de particular. Como el hecho es innegable, pudo sugerir a un viajero francés las consideraciones siguientes: "No se podría insistir demasiado acerca de la influencia intelectual que Francia ejerce sobre la República Argentina. Es positivo que cuanto se refiere a la civilización, los argentinos se inspiran en los franceses, y los imitan tanto como se lo permiten su riqueza y su cultura intelectual, exactamente como las generaciones anteriores se inspiraban en los Estados Unidos en materia política y se esforzaban en copiarlos.

Actualmente parece que los Estados Unidos no gozan ya aquí del prestigio que antes, lo cual depende, sin duda, en gran parte de que la representación diplomática de la República del Norte es insuficiente, y también de que los cambios comerciales entre ambos países son muy limitados. El doctor D. Roque Sáenz Peña expresaba, tocante a este punto, los verdaderos sentimientos de la nación cuando decía en el Congreso de Washington en términos cuyo alcance estaba suavizado apenas por las exigencias de la cortesía:

"—Ciertamente que yo amo a América, pero no puedo ser ni desconfiado ni ingrato con Europa. No puedo olvidar a España, nuestra madre, que contempla con alegría sincera el desenvolvimiento de su antigua colonia, gracias a la actividad de las poblaciones nobles y viriles que han heredado su sangre; no puedo olvidar a Italia, que es nuestra amiga; a Francia, que es nuestra hermana... a Europa, que nos envía trabajadores y perfecciona nuestra vida económica, después de habernos enviado su civilización y su cultura, sus ciencias, sus artes, sus industrias y sus costumbres, cosas todas a las que debemos el acabamiento de nuestra evolución sociológica."

Estas palabras, pronunciadas en pleno Congreso de las Dos Américas, merecen ser recordadas, y creo que mis lectores se complacerán en tener noticia de ellas [...]