Apuntes de Historia Americana de Felipe Ferreiro

:APUNTES DE HISTORIA AMERICANA

Clases del Dr. Felipe Ferreiro dictadas en 1933 en el curso de 2º año de Preparatorios para Derecho del Instituo IAVA ( Instituto Alfredo Vazquez Acevedo) de Montevideo, Uruguay por los estudiantes Carlos Angulo y Hugo Chocho Vicens

LA HISPANIDAD

Al dar título a estas disertaciones deseo entroncar la historia americana con la Hispanidad. La Hispanidad es un sello que tiene su expresión más visible en el idioma, pero que se manifiesta también en las costumbres, en la religión, etc. La Hispanidad es una unión de pueblos, no una unidad, cuyo lazo de unión es el Rey. No existe en España sino un conjunto de pueblos demográficamente distintos, que se unen políticamente, sin perder sus privilegios ni sus caracteres propios, bajo la autoridad real. Esta unión la realizaron los Reyes Católicos. Toda política tendiente a pasar de la unión a la unidad produjo efectos contraproducentes, pues sólo consiguió demorarla; así pasó con los Austrias, y más notoriamente bajo los Borbones. Catalanes y Navarros son los ejemplos hoy más destacados de la supervivencia de este principio. Pero no sólo hubo una Hispanidad europea, también puede hablarse de una Hispanidad asiática, y de una Hispanidad americana, que es la que nos interesa. La Hispanidad europea se expande hacia América, más o menos a principios del siglo XVI y los muchos pueblos de España se mezclan con los también diversos pueblos americanos y así surge la Hispanidad Americana.

LA CONQUISTA

¿Cómo se realiza esta expansión de la Hispanidad europea? ¿Cómo se realiza la conquista de América? Generalmente se cree que se hace bajo la dirección real, financiadas y orientadas por el Rey. Y no es así; si bien es cierto que hubo ciertas expediciones que fueron empresas reales, la mayoría eran particulares. Lo que hace el Rey y el Consejo de Indias es coordinar la conquista y hacerla humanitaria, defendiendo al indígena, con el indio se hace población, se trata de cristianizarlo; más que de conquista se debería hablar de cruzada. El primero que ha observado este rasgo es el historiador mexicano Carlos Pereira; en su obra “La huella de los Conquistadores”, en la que demuestra notablemente que sólo en el período inicial el tesoro y la vigilancia real preparan las expediciones. Y hace notar que estas expediciones todas han fracasado; enumeraremos algunas: la de Mendoza al Río de la Plata en 1535, la de Fernández de Lugo a Nueva Granada el mismo año, la de Pedro Arias Dávila a Panamá después de que un conquistador surgido de la propia experiencia americana había hecho el descubrimiento del Mar del Sur. Salvo la de Nicolás de Ovando a las islas Españolas en el año 1502, las demás, todas expediciones reales, fracasaron; no fundaron nada. En 30 o 40 años, la conquista aumentó y toda América era recorrida por españoles. ¿Dónde se preparaban estas expediciones? En la propia América, y eran dirigidas por americanos o mestizos de Cuba, Haití, etc. Y hace notar Pereira las grandes conquistas: la conquista de México se prepara en Cuba y Hernán Cortez, brazo y cerebro de esta expedición se hizo soldado en Cuba. La conquista de Perú se prepara en Panamá y Pizarro, si no es originario de América, por lo menos ha pasado buena parte de su vida allí; la del Paraguay, la del norte argentino se preparan en América; Buenos Aires es refundada por Garay, que vino de España teniendo 15 años y se hizo soldado aquí; la de Nueva Granada, preparada en Cartagena y Santa Marta, después de fundada Bogotá, por un abogado que se hizo conquistador: Gonzalo Giménez de Quesada; Venezuela es descubierta por españoles de las islas, pero luego Carlos V haciendo una excepción, cede la colonización a una empresa alemana, adoptando en este caso el sistema inglés, más habiendo fracasado, la continúan los españoles y mestizos de las islas y esta vez con éxito, y tras tres tentativas del criollo Francisco Fajardo, Caracas es fundada por Diego Losada. La historia clásica tiene el concepto de que los blancos para introducirse en nuestro territorio tuvieron que fundar a Colonia y Montevideo, pero no es así. Los primeros que lo exploraron fueron los mestizos correntinos y paraguayos, que pasaban continuamente por nuestro territorio en busca de ganado; recién en una segunda etapa es que se fundan Colonia y Montevideo, Colonia con portugueses y otros extranjeros, principalmente ingleses, Montevideo con criollos venidos de Santa Fe y un número de canarios. La conquista y colonización se realiza en varias etapas. En un primer período los soldados siguen sin saber donde tras su jefe, verdadero caudillo, de autoridad absoluta, dada la imposibilidad del contralor real. Alvar Núñez Cabeza de Vaca, el formidable soldado que llegó al Río de la Plata decía que pasado el Ecuador, la pólvora perdía su efecto y si esto ocurría como no iba también a mermar la autoridad del Rey, por lo tanto, luego de pasado el Ecuador se consideraba independiente. Una segunda etapa estaba constituida por la fundación de las ciudades y la organización de sus autoridades, cabildos, etc. Según sea la situación geográfica o la riqueza de su ciudad, su progreso aumentará, llegarán nuevos habitantes, que se irán instalando en las zonas circundantes, esta es la tercera etapa, aquella en que se produjo la revolución.

LOS DERECHOS DE LOS CONQUISTADORES

Establecidas las ciudades, quienes han hecho la conquista tienen la seguridad de un mejor derecho que el mismo Rey. Esto se ve claramente en las múltiples agitaciones que provoca la “Nueva Ordenanza” dictada en 1542, que para favorecer a los indios suprimía el servicio personal de los indios y declaraba caducas las encomiendas. Así por ejemplo en Méjico en 1564, al ser confirmadas las Ordenanzas, se produjo gran agitación en la que los encomenderos se reunieron en torno a Martín Cortez, hijo del Conquistador y de una india, que llevaba el título de Marqués del Valle de Caxaca. Un cronista de la época describe: ”Empezóse la tierra a alterar; habían muchas juntas y concilios, tratando de que era gravísimo agravio el que su Majestad hacía a la tierra y quedaba perdida de todo punto porque ya, las más de las encomiendas estaban en tercera vida y antes se perdían las vidas que consentir tal y verles quitar lo que sus padres habían ganado. Nosotros no somos gallinas pues el Rey nos quiere quitar el comer y las haciendas, quitémosle a él el reino y alcémonos con la tierra y démosla al Marqués pues es suya y su padre y el nuestro la ganaron a su costa“ La Ordenanza establecía que la encomienda sólo podía hacerse hasta la tercera generación, a esto se refiere el texto al hablar de la tercera vida. Del mismo tipo de concepto, el mayor derecho de los conquistadores e hijos de ellos, encontramos muestra en un documento de 1589 de Buenos Aires. En ese año el Rector de la comunidad de los padres mercedarios, Pedro de Velazco, se presenta al Gobernador solicitando la concesión de matanza del ganado caballar cimarrón que existía desde el tiempo de la expedición de Mendoza. El Cabildo de la Ciudad se presenta inmediatamente reclamando contra la posible concesión porque dice: “Pertenece a los hijos de los primeros conquistadores ser suyos y gozar de estos dichos caballos cimarrones como a gente que de sus padres lo heredaron y sustentar la dicha tierra a su costa y misión y sin ser ayudados de su Majestad ni de otra persona”. En dos extremos del continente, en Méjico y en Buenos Aires, el criterio es igual: los conquistadores y descendientes tienen un mejor derecho a la riqueza de América. El motivo que mueve a los conquistadores es el de protestar contra una tendencia humana de los reyes, cuya función en los primeros tiempos era de evangelizar y humanizar. Hay tres o cuatro casos característicos de este proceso, que en algunos llega, en su exageración, a intentar la total separación. El más famoso es el de Lope de Aguirre, que intenta formar un reino independiente, separado del Virreinato del Perú, como reacción contra la confirmación de las Ordenanzas de 1542. Encuentra muchos adeptos que deseaban enriquecerse a expensas del tributo indígena. Perseguido por el Virrey, se interna en el Perú y hace una expedición extraordinaria por el Río Amazonas, el Negro y el Orinoco; cruzando Venezuela sale a la Isla Margarita. En Venezuela se tuvo noticia de la llegada, lo enfrentaron y lo derrotaron en 1561. De su campaña nos queda un documento, una carta escrita a Felipe II, explicando el proceso de su rebelión. Dice en esa carta: “Y ansí manco de mi pierna derecha de dos arcabuzazos que me dieron siguiendo tu voz y apellido contra Francisco Hernández Girón, rebelde a tu servicio como yo y mis compañeros al presente lo somos y seremos hasta la muerte, porque ya de hecho hemos alcanzado en estos reinos cuán cruel eres y quebrantador de fe y palabra. Y mira, rey y señor, que no puedes llevar con título de rey justo ningún interés de estas tierras donde no aventuraste nada, sin que primero los que en estas tierras han trabajado y sudado sean gratificados”. Antes de la sublevación de Lope de Aguirre, ya había habido otros movimientos de protesta contra la Ordenanza de 1542. La de Gonzalo de Pizarro, que entre otras consecuencias trajo la muerte del Virrey Blasco Núñez de Vela. Al lado de Gonzalo Pizarro se colocan los primeros conquistadores y todos los españoles que habían llegado al Perú atraídos por la fama de sus riquezas. Como jefe de estado mayor, al lado de Pizarro, estaba un soldado extraordinariamente interesante: Francisco de Carbajal, a quien la tradición histórica llama “el demonio de los Andes”. Tenía 70 años y había intervenido en las guerras de Europa, siendo de buena cultura. Carbajal, desde el principio de la lucha, indicó a Pizarro la necesidad de ir a la independencia, y para garantizarse contra las reacciones de los indígenas, le aconsejó que se casara con una princesa de la familia de los Incas. Pizarro, por patriotismo o mayor serenidad de pensamiento, no quiso ir tan lejos. Estaba resuelto a mantenerse en rebelión hasta que se modificara la ordenanza, pero sin dejar de obedecer al rey de las Españas. Se adoptaba con eso una fórmula clásica de la libertad española. Cuando los representantes del rey dictaban a su nombre una ley que vulneraba derechos adquiridos por los pueblos, éstos podían reclamar y la fórmula era la siguiente: se obedece pero no se cumple, es decir que se dejaba en suspenso. Carbajal tuvo ideas definidas de independencia y entre la documentación que existe de esas ideas hay una estupenda carta de 1545 escrita a Gonzalo Pizarro a propósito de las relaciones que debía mantener éste con Valdivia, conquistador de Chile. Carbajal le aconseja que trate de captarse la adhesión de Valdivia para que lo ayude en su empresa. Después de una serie de manifestaciones bastante veladas sobre el propósito independizador, le dice concretamente que conviene ayudar a Valdivia, para que este cuide el estrecho de Magallanes, que le manden equipos y alimentos, que si consigue que Valdivia lo acompañe, “nos tendrán aquí de pie hasta dentro de mil años, a pesar de reyes…” Sobre la sensación producida por las Ordenanzas de 1542 un cronista de la época aporta este documento: “Letrados hubo que afirmaron como no incurría en deslealtad ni crimen por las no obedecer cuanto más que suplicar de ellas diciendo que no las quebrantaban, pues nunca las habían consentido ni guardado, y no eran leyes ni obligaciones las que hacían reyes sin común consentimiento de los reinos y que tampoco pudo el imparador hacer aquellas leyes sin darles primero parte a ellos que eran el todo de los reinos del Perú”. Este pensamiento político se pronunció en la América recién poblada, más de 200 años antes de la Revolución Francesa. Madame Stael, gran escritora francesa, dijo alguna vez que en España lo nuevo era el despotismo y lo viejo era la libertad. Los reyes van cortando los privilegios para apurar la unidad y este error trae como reacción lo que Ortega y Gasset llama el particularismo.

LA SUJECIÓN A LOS BORBONES

Hay otro aspecto: la discusión de las comunidades frente a los gobernadores. El simplismo histórico tiende a formar un sistema mental completamente falso y del cual está embebida la historia. Se cree que los gobernadores hacían y deshacían, que los virreyes eran obedecidos fuese cual fuese su resolución. Es lo contrario, en América se cumplía una ceremonia tradicional en España. Cuando llegaba un gobernador con su título enviado por el Rey, lo debía presentar al cabildo para que lo examinase y si no encontraba objeciones le señalaba fecha para recibirlo como gobernador. Pero antes éste se comprometía a prestar obediencia a las ordenanzas de la totalidad, o sea a la Constitución que se había dado la ciudad al fundarse. Se cumple este requisito en todos los tiempos y se cumple frente a los caudillos más temibles y de más poder. El cabildo de Méjico lo cumple frente a Cortez. Tenemos el caso de Valdivia, de él depende la felicidad de los pobladores por sus grandes condiciones, pero el cabildo en el 1549 le exige que venga a su sala; por iniciativa de su procurador Pedro de Miranda, el ayuntamiento dispuso que Valdivia hiciese un juramento solemne antes de asumir el mando. Dice el acta del 17 de junio de 1549 que “el gobernador para serlo debe guardar los mandamientos reales, mantener a sus gobernados en paz y justicia, guardar las libertades, franquicias y privilegios y gracias, que el rey acuerde a los caballeros hijosdalgos y a todas las personas que descubren o conquistan o pueblan tierras nuevas; y consentir que goce esta ciudad, vecinos y moradores de ella, de los términos y jurisdicción que les fueron señalados” El acta continúa diciendo que Valdivia concurre al Cabildo y que durante la ceremonia “plegó las manos una entre la otra y juró en debida forma el derecho”. Pero los cabildantes no conformes le exigieron que pusiese las manos sobre la cruz y volviese a jurar, de acuerdo con la más solemne forma de juramento para un caballero.

LA VIDA POLITICA EN AMERICA

Contrariamente a lo que se sostiene, la vida política de América fue muy agitada; nada más alejado de la pretendida “siesta colonial”. Hay centenares de movimientos locales, muchos de los cuales alcanzaron grandes dimensiones: luchas de blancos contra blancos, luchas contra los mestizos, luchas contra los indígenas, luchas entre mestizos, entre indios; luchas de partidos entre sí, luchas contra representantes del rey despóticos, luchas de la iglesia contra el gobierno político, lucha de todos los colonos frente al extranjero. Las hipótesis pueden seguirse multiplicando. Veremos algunos de ellos. En Méjico en 1642 el duque de Escalona, virrey de origen portugués ( Portugal había pertenecido a España), es depuesto en un motín popular que se produce en el concepto de que Escalona podría traicionar a la casa reinante en España, para entregar ese dominio a su patria de origen, que en ese momento empezaba a guerrear por su independencia. Casi 200 años más tarde, en 1807, por razones mucho más lógicas el pueblo de Buenos Aires exige al Virrey Marqués de Sobremonte que deje el mando al general Santiago Liniers, que había sido el héroe de las invasiones inglesas, mientras Sobremonte no supo defender la capital. La exigencia no llega a expulsarlo por la fuerza, como en el caso de Méjico; de tal virrey apenas llega a reclamar que nombre a Liniers como Teniente General del Virreynato, para que pueda ejercer de hecho todos los poderes del Virrey, aunque Sobremonte queda siempre con el título. Pues bien, en la historia clásica a la deposición de Sobremonte se le da una trascendencia enorme. Se le señala como principio de la descomposición del régimen colonial. Se dice que en América por primera vez los pueblos revolucionarios por su triunfo sobre los ingleses, se consideraron soberanos y resuelven nombrarse el mandatario. La analogía de los casos demuestra que no hay nada extraño ni trascendental en la deposición de Sobremonte. En 1692 en Méjico, se habían perdido las cosechas del año anterior y por consiguiente en las partes altas del territorio existía mucha pobreza y la intranquilidad consiguiente. Algunas personas empezaron ( quien sabe porque motivos personales) a decir que comerciantes patrocinados por el virrey, estaban acaparando los pocos productos de la cosecha para venderlos después con grandes ganancias. Por consiguiente, el pueblo se empieza a disgustar contra el Virrey, Marques de Gelves, y creciendo ese disgusto se llegó a la asonada y hasta el incendio de algunos de los edificios principales de la ciudad. Apenas pudieron salvarse el palacio del virrey y el del Ayuntamiento debido al prestigio de un sabio mejicano que ya tenía fama mundial, Carlos de Gigüenya y Góngora quien apaciguó al pueblo dándole la seguridad de que el virrey dejaría el mando. Y en efecto, Gelves renunció al virreynato. En Nueva Granada en 1553 hay un movimiento encabezado por el caudillo del sur Alvaro de Oyón para independizar el territorio partiendo del principio del mejor derecho de los conquistadores y por consecuencia de la imposibilidad de admitir las nuevas ordenanzas de 1542. En 1630 gobernando el general Marquez de Sofrago, el pueblo de Bogotá encabezado por lo principal del clero, volteó a dicho gobernador, intentando quemar el Palacio de la Capitanía General, y todo porque el gobernador había exigido que se modificaran los planos del atrio de la catedral en construcción. Más nos interesan las revoluciones en el Plata. La principal fue la de los comuneros en el Paraguay desde el 1718 al 1735, sofocada al fin por el fundador de Montevideo, Bruno Mauricio de Zabala. Esta revolución constituyó en el Paraguay un gobierno absolutamente independiente. El principio de ella fue el disgusto que ocasionó entre la parte principal de la población de Asunción la designación para gobernador de un vecino de la ciudad, Diego de los Reyes Balmaceda. Con esto se rectifica un juicio de la historia clásica, de que una de las causas que provocan la revolución es que el rey mandaba gente de afuera para el gobierno. No es así, se hacía con un fin de garantía, obedecía a un sistema que desde el punto de vista político era conveniente, ya que así se garantizaba la neutralidad del gobierno en las cosas locales. Que era bueno el sistema lo prueba el hecho de esta revolución; a Balmaceda no lo querían porque pertenecía a un partido local y decían que era de calidad baja y no digno de ocupar el gobierno. Vino un letrado de Perú, el Dr. José de Antequera, que se hizo cargo del mando y pensó en separar el Paraguay siguiendo la conducta que habían tenido en la primera etapa de la conquista. Después de él se hizo cargo del gobierno un caudillo de origen español, Mompox, quien establece la doctrina y la propaga a la vez, de que hay que constituir un estado aparte y que quien es soberano no es el rey, sino el pueblo. Hay que tener en cuenta que esto ocurre 60 o 70 años antes de la proclamación de la soberanía popular por la revolución francesa. Tenemos una historia completa de la revolución de los comuneros; dice el cronista Lozano, refiriéndose a la propaganda de Mompox: ”Mompox hablaba del poder del común de cualquier república, ciudad, villa o aldea, enseñando que era más poderoso que el mismo rey, y que en manos del común estaba admitir la ley o el gobernador que le gustasen, porque aunque se lo diese el Príncipe, si el común no quería, podía justamente resistirse y dejar de obedecer. Y esta doctrina la encarecía con tan aparentes razones su locuacidad o charlatanería, que dejaba admirados a sus ignorantes oyentes. Era cosa graciosa oír y ver a un rústico, que viniendo a la ciudad acertaba a escuchar a Mompox. Cuán lleno de asombro salía! Y encontrándose con otro de los suyos en el campo, le decía arqueando las cejas y manifestando en el semblante toda la admiración de su ánimo: Jesús hermano, que cosas tan grandes he oído al hombre docto en la ciudad sobre lo que puede el común; diz que puede más que el rey y a veces más que el Papa. Vea hermano, lo que teníamos y no lo sabíamos“. Hay otra revolución de consecuencias, y es la de Corrientes, que dura del 1761 al 64. A propósito de esta revolución hay también un vista fiscal del juicio que se sigue a los revolucionarios. El 30 de Octubre del 64 se reúne en la ciudad de Corrientes en Cabildo Abierto la parte más prestigiosa de la ciudad; después de deliberar, declaran este principio: “Se debe obediencia a un gobernador, pero no a un tirano”. Luego, de acuerdo con el principio, desconoce al gobierno y asume todo el ejercicio de la soberanía porque dice: “el vecindario tiene derecho a nombrar sus autoridades”. El gobernador de Buenos Aires, Pedro de Zeballos, al fin sofoca este movimiento, hecho de acuerdo a las fases de nuestro concepto de democracia. En la vista fiscal de acusación a los complicados dice el fiscal: “ No es fácil explicar la común idea o concepto de aquellas gentes, al ver que por sus propias confesiones, quieren muchos de ellos dar a entender que no sólo no es delito un levantamiento de esta especie, sino que merece el renombre de señoría ( que es una jerarquía muy superior a la de ciudad) el común de aquella gente levantada”. El mismo concepto de la soberanía del pueblo que había aparecido en la revolución de los comuneros, lo encontramos 40 años después en Corrientes, 20 años antes de la revolución francesa y de la propaganda de los enciclopedistas.

EL PRINCIPIO DE LA SOBERANIA POPULAR

La soberanía del pueblo fue la doctrina que animó la revolución de los comuneros paraguayos, la revolución de Corrientes, para no hablar más que de esta parte del continente. Antes de los enciclopedistas, antes de la Revolución Francesa, la idea de la soberanía popular era cosa corriente en América; doctrina de cuño tomista, fue difundida principalmente por los jesuitas. Entre otros, lo afirma Tomás Bell, pastor protestante, profesor de la Universidad de Henrich. En todos los libros de los teólogos españoles, cuando uno menos se espera se encuentra con demostraciones palmarias de la doctrina de la soberanía popular. El libro de Bell se refiere a Fray Luis de León, que tiene un capítulo muy interesante para conocer sus ideas políticas; pero hay libros especialmente dedicados por los teólogos a la política, a la conquista de América y el derecho de los europeos sobre los indígenas. Así, el padre Victoria, verdadero fundador del derecho internacional, muy anterior a Grocio, que no obstante pasa por serlo; el P. Victoria sostiene en su libro que la conquista es injusta, que es una usurpación hecha por los españoles. En lo que respecta a ideas políticas, el más categórico y famoso de los teólogos es el padre Mariana, quien viene a sostener en un famoso libro que hay derecho a matar al tirano; este libro fue quemado en la Universidad de París mientras que en España circulaba libremente. El P. Suarez es el principal sostenedor del concepto usufructuario de la monarquía, según el cual, el poder, que viene de Dios, es dado al pueblo, y éste lo transmite al monarca; no es como en Francia donde se sostenía la doctrina que hacía del rey un representante divino.

ORIGEN DE LA MONARQUIA ESPAÑOLA

Es fundamental tener una noción clara del concepto español acerca del origen de la monarquía. Nos interesa para justificar la posición de las juntas de gobierno propio que surgen en 1810. En este año, estando prisionero Fernando VII, los pueblos en España y en América se consideraron dueños de toda la soberanía; el ataque de Napoleón trajo como consecuencia esta reversión de la soberanía, compartida antes con el Rey. Los pueblos constituyeron sus gobiernos de conjunto, deponiendo a quienes ejercían el mando por delegación del Rey. Siempre las juntas sostuvieron que eran legales, y el fundamento está en el origen de la monarquía española, llamada por los tratadistas usufructuaria. Para ellos existen dos formas de monarquía: las usufructuarias y las patrimoniales. Según el concepto patrimonialista, el Rey es el dueño y los nacidos en el territorio son súbditos. Según el concepto usufructuario, opuesto al anterior, el Rey no es dueño, representa a todos los individuos, y les da ley por intermedio de sus Consejos, Consejo de Castilla en España, de Indias en América; se da el poder al rey por un concilio del pueblo, aunque posteriormente se hace hereditario. El concepto usufructuario es el aceptado en España y en Alemania. Desaparecido el Rey cuando parte para Bayona, dejó una junta presidida por su hermano. Pero la junta dejada por el rey es disuelta, y entonces de acuerdo con la doctrina española, desaparecida la monarquía, ciudades y pueblos pueden hacer su voluntad y la hacen. De la doctrina de la monarquía usufructuaria se sirve un revolucionario americano en 1809, el doctor Rodríguez Quiroga. Años antes, en 1879, el Dean Funes, que estudió en Salamanca, explica en un discurso esta doctrina. Los ejemplos podrían multiplicarse, no cabe duda que esta doctrina es la que predominaba en 1810.

REINOS Y NO COLONIAS

Aunque muchas veces por comodidad se hable de época colonial, colonias españolas en América, etc. , utilizar estos términos es un profundo error que es necesario salvar. Se debe hablar de Reinos, países, provincias de América, que eran los términos usados, pero nunca de Colonias. Esto es un principio absoluto bajo los Austrias, aunque bajo los Borbones se atempera bastante, pues se comienza a hablar de colonias, palabra importada de Francia. El concepto español no es hacer colonias, sino prolongar a España. Los nacidos en América tienen los mismos derechos civiles y políticos que los nacidos en España. Este es el concepto que tenían los doctrinarios y juristas de la época. En 1809, cuando se inicia la Revolución, una autoridad ( mandaba entonces la Junta Central) declaró el 22 de Enero que los territorios de América no eran colonias, sino que eran iguales a los de la Península. Seguir la vida histórica de los pueblos españoles de América desde el siglo XVI hasta principios del siglo XIX es como seguir la vida histórica de la propia España; lo que se producía en un territorio es eco de lo que se produce en el otro, en todas las ramas de la actividad. En la cultura, por ejemplo, América está a la par de España, si allá algo era malo, aquí era malo; si allá algo es bueno, aquí también lo era. Es un absurdo decir que España sometía a América a un régimen oscurantista. Las Universidades americanas, que se multiplicaron desde los primeros tiempos, tenían los mismos privilegios, las mismas jerarquías que las universidades españolas. Tanto en Salamanca, para nombrar la principal de España, como en la de Lima ( que llegó a tener 6000 estudiantes) no se pagaba matrícula y los estudiantes elegían al decano y al rector. En esto se separa España de los demás países europeos, que fundan colonias para operar comercialmente; los ingleses las llaman factorías. Aparte de los que huyen de Inglaterra por falta de libertad religiosa y se refugian en América, la colonización inglesa se hace por medio de compañías particulares a las que se les entregan tierras para colonizar con gentes que llevan de cualquier país de Europa, con tal de que el rey perciba una ganancia. Así se forman en las partes más ricas de Norte América la compañía de Londres y la compañía de Manchester. No es éste el único aspecto en que difieren la colonización española y la inglesa. Mientras que el inglés expulsa al natural, mata al indígena, el español trata de atraerlo y asimilarlo, incorporarlo a España. Si el Rey de España, en vez de dictar esas ordenanzas de que hablamos antes, en el concepto de que defendía al natural contra el conquistador, hubiera dejado hacer a éstos lo que querían, la situación sería similar a la de las colonias inglesas; pero el Rey limitó sus derechos y allí empezaron las dificultades; la política inglesa fue más hábil pero no más humanitaria. En la América hispana la ley era igual para todos, fueran estos españoles, indios o criollos. Cuando había diferencias estaban dictadas en beneficio de los indígenas, con el mismo concepto que en nuestros códigos se han hecho diferencias a favor de las mujeres y los menores. Claro que en la práctica hubo muchos abusos, pero lo que nos interesa afirmar ahora es el principio.

DE LA INSURGENCIA LEGITIMISTA HACIA EL SEPARATISMO
REVOLUCION E INDEPENDENCIA

La tesis que vamos a sostener con respecto al movimiento conocido con el nombre de Revolución Americana, en líneas generales, es la siguiente: No se puede hablar como de una sola cosa de la Revolución Americana y de la Constitución de los gobiernos propios de 1810.

LA REVOLUCION ESPAÑOLA

La Revolución americana es una variante de la Revolución española, cuyas causas están en la vida contenida de los distintos pueblos españoles, a través de la dominación de los Austrias y Borbones, que cercenaron las libertades provinciales, anulando el particularismo. El disgusto provocado en los pueblos españoles por ese modo coercitivo de adelantar la unidad precipitó la Revolución, en momentos en que causas muy ajenas a los planes de los pueblos españoles dan facilidades al movimiento. La revolución española vendría fatalmente como vino la francesa del 89; sería el año 1820 o 1830, si los Borbones no modificaban su política; el pedido de Cortes era cada vez más perentorio. A esto se unirá la influencia de la Revolución Francesa y las ideas políticas preconizadas durante el siglo XVIII. La invasión napoleónica y la acefalía del trono precipitan los acontecimientos. Los hombres que suben ahora al gobierno, más que en España que en América, se sienten influidos por ideas extrañas al medio. El pueblo quería restaurar libertades españolas, hacer una revolución española, pero los estadistas piden prestadas instituciones, formas de gobierno, extrañas a las españolas. Este es el gran error de la Revolución Española, que se manifiesta sobre todo en las Cortes de Cádiz, donde se formula una Constitución, cuya base está en el concepto español, pero cuyas fórmulas son copiadas e incomprendidas. Esto traerá el desprestigio para las Cortes y proporcionará a Fernando VII, en 1814, la oportunidad de voltearla y volver al régimen absoluto; si las Cortes hubieran hecho una Constitución Española no hubiera pasado esto.

LA REVOLUCION AMERICANA

El fenómeno ocurrido en España tiene su reflejo en América. Los Congresos surgidos de la revolución hacen sus constituciones tomando modelos extranjeros. La consecuencia más lamentable de esto es que viene la Independencia y nuestros pueblos no se habitúan a estos gobiernos, y de ahí las guerras civiles que hubo en América durante el siglo pasado. Los tratadistas habrán tenido muy buena voluntad, pero procedieron muy equivocadamente. Si se hubieran hecho constituciones apropiadas al medio hubiera habido paz y el gobierno de la dominación española a los gobiernos independientes hubiera sido fácil. No fue así, y viene el ciclo de la anarquía, de las dictaduras, de las oligarquías liberales o conservadoras.

EL AÑO X

Sostendremos que la Constitución de los gobiernos propios de 1810 es un movimiento aparte de la Revolución, la que se produce a favor del legitimismo, tanto en España como en América. Donde hay gobernadores fernandistas no hay Revolución, aunque se puede demostrar que pueblos ajenos a la insurgencia de 1810, como Montevideo y Perú, eran revolucionarios. En Montevideo, bajo la legislación de las Cortes de Cádiz, se elige popularmente el cabildo, antes que en Buenos Aires, lo que es signo revolucionario. Aquí y en Lima tuvo lugar la abolición del paseo del estandarte real antes que en los pueblos insurgentes. De la insurgencia de unos pueblos, y no de todos, se pasa a la lucha separatista, por causas ulteriores a la formación de los gobiernos propios. Son perfectamente lógicas, la indignación de los hombres que en Bogotá, Caracas o Buenos Aires, para defender los derechos de Fernando VII, quieren gobierno propio. Bogotá, Caracas o Buenos Aires, al constituir gobiernos propios, no había buscado sino ponerse en la misma línea que Montevideo o Lima, que tenían gobiernos fernandistas. Pero estos los combaten. La incomprensión decide la guerra civil. Las causas a que se refiere la Historia Clásica y que pertenecen al período anterior serían causas para la Revolución Española, pero no causas para la formación de los estados propios de América. Lo mismo que ocurrió en la revolución de América ocurre en España. Los pueblos se sublevan contra sus gobernadores y constituyen gobiernos propios; y a los gobernadores afrancesados se les mata en España como en América. El caso de Liniers, fusilado por oponerse a la formación de los gobiernos propios en Buenos Aires, tiene muchísimos similares en España.

LA UNION DE LA HISPANIDAD

Al alborear el siglo XVIII toda la hispanidad tiende a la unidad, unión material y espiritual. Esto es lo que en tres siglos de conquista, colonización y establecimiento en América se ha ganado. Se han formado aquí pueblos, pero como el tiempo es corto, aún no se ha llegado a la unidad. La estructura externa histórica de este período demuestra que son igual España, Europa y América. No hay dependencia entre ellas, por ello, la lucha posterior será separatista; no podemos hablar de emancipación, pues para haberla tendría que haber uno superior y otro inferior. Los pueblos americanos no son colonias sino reinos y provincias, tenían las mismas instituciones que en España; la unión de todos los pueblos la producía el Rey. Los pueblos españoles tenían el Consejo de Castilla como órgano supremo de organización administrativa, y los americanos el Consejo de Indias. La organización de cabildos era idéntica. Si los pueblos de la península tenían privilegios desde tiempos remotos, los pueblos de América también los tenían; cuando se fundó Montevideo, como había pocos vecinos, y para fomentar la población, se abolió la alcabala, impuesto a la transmisión de bienes. En lo cultural había la misma igualdad, y hasta a veces la universidad americana superaba a la española.

FUERZAS QUE ACTUAN EN LA FORMACIÓN DE LOS PUEBLOS HISPANO AMERICANOS

En la formación histórica de los pueblos hispano-americanos actúan dos clases de fuerzas opuestas, como actúan siempre en toda sociedad que se formará con núcleos distintos hasta llegar a la unificación. Llamaremos a la primera cohersiva y a la segunda dispersiva; la primera tiende a la unión, la segunda actúa tratando de separar. Nuestra interpretación de la Revolución Americana está basada en la creencia de que la fuerza cohersiva vence continuamente, marcando siempre un saldo a su favor, y las pruebas que vamos a enumerar después, están hechas con datos históricos, como por ejemplo la situación de los pueblos hispano-americanos frente al estallido de la Revolución Francesa o frente a la independencia de Norte América, o el hecho extraordinario de la actitud con que los pueblos hispano-americanos reciben la expulsión de los jesuitas en 1767. Para graduar bien el valor de estos hechos es preciso tener en cuenta desde luego que en América no había ejército grande, capaz de sofocar cualquier intentona. Vamos a hacer un análisis de esas fuerzas y veremos que avanzando a través del tiempo, van a actuar con más vigor en un lugar que en otro.

FUERZAS DISPERSIVAS

1º) Entre las fuerzas dispersivas encontramos el individualismo de la raza, que ha provocado tantas revoluciones; ese individualismo que es el que principalmente se nos manifiesta en la decisión de López de Aguirre, o en la de Hernández Girón, o en la de los encomenderos de Méjico y en todos los casos que señalamos al principio del curso. Ese individualismo actúa también como fuerza dispersiva en España. 2º) Otra fuerza dispersiva es la distancia grande que separa los núcleos de población. Los españoles, como los ingleses en Norte América, se extendieron rápidamente y como consecuencia quedaron pueblos se parados por grandes distancias. 3º) También actúa como fuerza dispersiva la diferencia étnica entre los primeros núcleos de los pobladores del continente; a la que se une la diferencia, a veces radical, entre los distintos núcleos indígenas. Las diferencias étnicas de la península tienen en América una continuación lógica, se forman en las ciudades lo que entonces se llamaban “naciones”, grupos de originarios de uno u otros reinos, surgiendo a menudo rivalidades entre ellos. 4º) Otra fuerza es la diferencia de clases. Las clases que existían en España siguen existiendo aquí; pero complicándose el problema , ya que había que ubicar a los indios dentro de la sociedad. Las diferencias étnicas de España a veces se convierten en diferencias sociales en América. Dice el chileno Alberto Edwar que en España, los pueblos del Norte, los de las provincias vascas, los gallegos, etc. son más eficaces, más constructores, más trabajadores porque sus tierras son áridas; en cambio los el sur, los andaluces, etc. son más imaginativos pero menos trabajadores, porque su clima es más benigno. De ahí que cuando viene a América, la aristocracia pertenece a los pueblos del norte, porque más acostumbrados a trabajar se enriquecen, y el pueblo, el vulgo, a los del sur. O sea, que traídas a América se escalonan por clases, lo que allá es geográfico, aquí es social. Así, por ejemplo, actualmente en Chile, donde hay muchos vascos, hay una tendencia conservadora; en Buenos Aires hay más andaluces, predomina el populacho, hay una tendencia democrática más pronunciada que en Chile. En algunas partes se llegó a lo excesivo, así en Venezuela se forma una clase, la de los “mantuanos”, llamados así porque usaban mantos, no permitiendo a otros que lo usaran; a esta clase perteneció Bolívar, y en general los que hicieron la revolución de 1810; cuando uno de las clases inferiores es capaz e inteligente y quiere elevarse, los mantuanos no se lo permiten; por esta causa hay muchos pleitos, que la Casa Real falla casi siempre a favor del elemento popular. En Maracaibo, en 1796, hay un ruidoso pleito porque un ciudadano con rasgos de mulato estaba en buena posición y quería usar paraguas; en este pleito la Casa Real falló a su favor. Con el padre del General Miranda hay otro pleito porque quiere ocupar una posición elevada en Caracas y no se lo permiten diciendo que no es de sangre limpia, aduciendo que era descendiente de canarios, que no eran españoles peninsulares; también en este pleito se falló a su favor. Resulta así que en 1810 hay una división de clases bien pronunciada. Esto ayuda a comprender la enorme inexactitud que es decir que en 1810 pelean americanos contra españoles. Precisamente los americanos de la clase más elevada son los más separados de las clases populares; los inmigrantes españoles, que ya los había, están mucho más cerca del bajo pueblo que ellos.

FUERZAS COHERSIVAS

1º) Como fuerza cohersiva tenemos en primer término el Rey, unificador de todo el imperio español; en él confluye la obediencia de todos los pueblos. 2º) Otra fuerza cohersiva es el ataque continuado de escuadras extranjeras o simplemente de corsarios a diversos pueblos de América. El peligro de una dominación extraña obliga a la unión y se forman milicias integradas por elementos de todas las clases sociales, porque hay un solo interés, que es la defensa del territorio; a veces se unen ciudades, el caso típico de los últimos días de la dominación española son las invasiones inglesas; ante la invasión a Buenos Aires, Montevideo reacciona como un solo hombre y todo el mundo corre a defenderla, a pesar de que no teníamos muy buena amistad con ella; y debido a esta ayuda se volvió a tomar Buenos Aires. Durante los 300 años de la dominación española, casos como éste son frecuentísimos y tienen un doble efecto: unir dentro de las ciudades todos los elementos y hacer sentir el sentimiento de Hispanidad. 3º) Hay fuerzas cohersivas resultantes de medidas de gobierno. Por ejemplo, la de encargar del mando superior de un pueblo a originarios de otros pueblos. Hay casos excepcionales, cuando una personalidad de gran relieve manda en la ciudad en que ha nacido; hay un caso célebre, que es de los tres gobiernos de Hernandarias. Un originario de Méjico, Vertiz, es gran virrey del Río de la Plata; el Conde de Castelar, originario de Lima, es virrey de Méjico; y así varios más. Por lo general estos puestos no se dan a los americanos. Al principio es lógico, porque no había americanos capacitados; pero en la última época de la colonización, fue una injusticia y contra ella se van a volver los americanos. Mandaban peninsulares, que salvo raras excepciones, eran muy buenos. Dice Carlos Pereira, que Perú no tuvo nunca tan buenos gobernantes como los virreyes. En tiempos de los Austrias estos virreyes pertenecían siempre a la nobleza española. En la época de los Borbones se buscó hombres capaces y no nobles. En España pasaba lo mismo, el virrey de Navarra era oriundo de Andalucía o Valencia. El sentido de este hecho está en que como había grandes distancias y muchas dificultades en la navegación, no se podía castigar con rapidez las faltas y por ello es que había que impedir que el virrey tomara partido.

LAS FALSEDADES DE LA HISTORIA CLÁSICA

La Historia Clásica dice que el movimiento de 1810 fue orientado hacia la independencia. Hay que buscar causas para la formación de las ideas de Independencia y la Historia Clásica recurre entonces al pasado colonial para buscar indicios demostrativos de que el estado de las colonias era de disgusto y que no bastaba una reforma de régimen sino que era necesaria la separación. Los clásicos dividen estas causas en substanciales y ocasionales, o próximas y remotas. Las estudian separadamente del ambiente histórico y les dan gran importancia, pero miradas dentro del ambiente se ve que no tienen gran importancia ni por la generalidad ni por la unanimidad. Un caso típico en cuanto a generalidad y unanimidad es el asunto del comercio libre. Para la Historia Clásica una de las causas del movimiento de 1810 es la reclamación de los americanos a favor de la absoluta libertad de comercio. Ahondando el estudio vemos, que en cada Virreinato hay provincias partidarias y contrarias al comercio libre, pasando otro tanto entre las diversas ciudades. En el Virreinato del Río de la Plata, debido al sistema comercial restrictivo las provincias del norte y oeste argentino, no aptas para la agricultura ni la ganadería, desarrollaron algunas industrias como la talabartería y la fabricación de paños y ponchos, de modo que frente al puerto de Buenos Aires no era desfavorable su balanza comercial. La libertad de comercio las iba a perjudicar porque el artículo fabricado por ellos no iba a encontrar mercado ante la competencia de artículos similares, mejores y más baratos, venidos de Europa; mientras tanto deberían seguir comprando artículos como yerba del Paraguay, ganados de la Mesopotamia, etc. ; su balanza comercial sería perjudicada. En cuanto a la unanimidad en Buenos Aires mismo, los partidarios de la libertad de comercio son los hacendados, a quienes defiende Mariano Moreno, pero el comercio y en particular el comercio chico se perjudican, porque con el comercio libre van a venir los ingleses con capitales fuertes y con grandes créditos y fatalmente los ahogarán. Se ve pues, que el asunto del comercio libre no era defendido ni ansiado por todos ni en todos lados. Otro de los argumentos que invoca la historia clásica es el de los movimientos antecedentes al de 1810, señalando la sublevación de Tupac Amarú y la revolución de los comuneros de Nueva Granada. Estos movimientos no tienen vinculación con el de 1810. La tendencia de la revolución de Tupac Amarú es la de volver al Perú, al estado anterior a la conquista, es un movimiento indigenista , de carácter nacionalista, mientras que la revolución de 1810 la hacen los criollos y no los indios. En el caso de la revolución de los comuneros estamos frente a un movimiento que tuvo similares por centenares; eran protestas contra impuestos y sólo buscaban su revocación. Tanto en uno como en otro movimiento se ve la intervención de elementos externos que pretenden aprovechar el levantamiento; en la revolución de los comuneros existe vinculación entre sus líderes y la corona inglesa; y en el caso de Tupac Amarú hay propagandistas ingleses y adictos de los jesuitas expulsados.

LA REVOLUCION NO ES INDEPENDENTISTA

Vuelvo a repetir que estos dos hechos son independientes del de 1810. La Historia Clásica toma causas parciales para basar sus afirmaciones, pero esto no es posible para establecer la verdad histórica. Hay que buscar sinceramente causas generales. Luis de Alarcón dice en un prólogo de sus comedias que el público juzga como es gusto y no como es justo; algo semejante ha hecho la Historia Clásica. Nos tenemos que colocar en una posición equidistante que nos permita ver todo el panorama colonial y entonces juzgar causas generales. Por de pronto un historiador clásico habla de Revolución Americana, imponiendo de entrada el principio de que en 1810 luchan españoles contra criollos, como si hubiera explotadores y explotados, esto es completamente falso. Primero: en 1810 los españoles peninsulares son muy pocos y la lucha se entabla entre criollos. Segundo: no es cierto que toda América se levanta en 1810, las tres cuartas partes permanecen ajenas al comienzo del movimiento. La revolución es un movimiento de toda la Hispanidad que se inicia en la Península en 1808, con motivo de la caída de Carlos IV y el Príncipe de la Paz, y se extiende luego a toda la Hispanidad. En 1810, cuando la revolución ya va muy adelantada, la tendencia a organizar la monarquía bajo forma constitucional ha triunfado y se van a reunir las Cortes de Cádiz; entonces Napoleón viene personalmente sobre España y se dirige hacia Cádiz, la resistencia era entonces muy difícil y estalla entonces la insurgencia legitimista. En todos los lugares donde habían gobernantes que no eran leales a Fernando VII, es decir, que eran afrancesados, los pueblos se levantan para sacarlos y establecer juntas provisorias, porque estando el soberano prisionero, de acuerdo a la doctrina jurídica española, los pueblos debían formar sus gobiernos; quien indica ese camino es la misma ciudad de Cádiz. Montevideo y Lima tienen gobernantes fieles a Fernando VII y por ello no se preocupan en voltearlos; sin embargo Montevideo y Lima son revolucionarias, quieren el gobierno bajo forma constitucional y aplauden por eso el que viene produciéndose desde 1808. Podemos establecer una regla diciendo que todos los pueblos hispánicos son revolucionarios y que la revolución hispánica se hubiera producido fatalmente antes de 1819, fecha del fallecimiento de Carlos IV, si este monarca hubiese seguido gobernando, bajo la dirección o con la orientación del Príncipe de la Paz. Si no viene una reforma voluntaria antes de 1819, la revolución se hubiera producido, de acuerdo a esa tendencia de organizar gobiernos constitucionales que existían en otros países europeos. Uno de los precursores que se encuentran en el primer tercio del siglo XVIII es un ministro de Fernando VI, llamado Campillo, y otro el Marqués de la Ensenada. En el gobierno de Carlos III, tenemos a Floridablanca, el Conde de Aranda y Campomanes; en América a Olavide, quien sostenía en los días alboreales de la Revolución Francesa que en España no había que ir a la revolución sino a la restauración de la monarquía, bajo las formas olvidadas desde la instauración de los Austrias y más aún en tiempo de los Borbones. En tiempos de Carlos IV, la crisis se hace mayor y aparecen nuevos sostenedores de la revolución en ese sentido, de movimiento interno, de reajuste en la Península y América. Hay sí, algún republicano demócrata influido por los enciclopedistas, pero su voz se pierde en el vacío, tanto en España como en América. En 1795 hubo en Madrid, un conato de revolución para proclamar la república, pero se trataba de un movimiento destinado al fracaso. Tan poca importancia se le dio al movimiento, que a los cabecillas se les dio por todo castigo el destierro a la Capitanía General de Venezuela. Estos, que son Pi Coronel, España y Cortes Campanones, volverán en Venezuela a intentar otra revolución, lo que indica que su prisión era muy relativa ya que podían hacer propaganda; reunieron adeptos entre el mestizaje y en el año 1797 trataron de hacer un motín que fracasó; los criollos blancos se manifestaron en contra del movimiento y los que no pudieron escapar a la prisión fueron ejecutados. Conviene agregar que el Príncipe de la Paz fue para España un mal gobernador, pero para América un excelente ministro, tratando de hacerla adelantar por todos los medios, preocupándose por su cultura, etc. Obedeciendo a una influencia de sus adversarios, de los que lo desprestigiaban, también en América era mal querido. Se deseaba la llegada al trono de Fernando VII, que por ser enemigo del Príncipe de la Paz tenía gran prestigio en España y en América; de ahí que se le llamara “El Deseado”. Y en verdad resultó ser un pésimo rey. En 1808 debido al ataque a la soberanía española por parte de Napoleón, sube Fernando VII apoyado por todo el pueblo, tanto en España como en América. Veremos al estudiar el desarrollo de la Revolución que es el pueblo el que exige siempre el juramento para aceptarlo como rey; si en este momento hubiera habido el menor partido a favor de la separación y el desconocimiento de la monarquía, los pueblos se hubieran quedado quietos; la revolución les proporcionaba una situación extremadamente fácil para ir a la separación y sin embargo todos los pueblos juraron fidelidad a Fernando VII. Como caso típico tenemos a Venezuela; Venezuela es la primera en declarar la independencia absoluta. Allí el pueblo, contrariando la voluntad del gobernador hizo la proclamación de Fernando VII y lo juró como monarca. Quien hace un juramento frente a los Evangelios es porque , en ese momento al menos, piensa cumplirlo; esa es la posición de Caracas. Si hay gobernadores dispuestos a entregar las colonias americanas a los franceses, los americanos no están dispuestos a ello.

LA EVOLUCION A LA INDEPENDENCIA

Razones nuevas, por consiguiente ulteriores a 1810, son las que van a hacer derivar este movimiento hacia la separación definitiva. Es lo lógico, y es por otra parte, lo que está revelado por todos los documentos de la época; un documento que tache a los americanos de 1810 de independentistas tiene un móvil especial: el de hacer méritos en España o el de quitar responsabilidad a los que se opusieron a los levantamientos. Por ejemplo: desde Montevideo, que no se rebela van a España noticias de la revolución de Buenos Aires, sindicándola como separatista; tomada una de esas noticias sin análisis sirve de prueba a lo que pretende la Historia Clásica, pero es la época, los antecedentes de los personajes y su actuación ulterior lo que permite valorar esas noticias; y de esa valoración resulta siempre una demostración de que en el caso del ejemplo, Montevideo buscaba hacer méritos frente al Consejo de Regencia, para superar a Buenos Aires. Otro tanto hacía Lima. Se oponían a la insurgencia, que era legitimista y que era un movimiento de españolidad y se organizaban ejércitos para ir contra los insurgentes, mientras que éstos apelaban a todos los medios para probar que eran leales a Fernando VII; unos y otros disputaban por ser los más leales a la corona. El encono que produjeron estas disputas puede ser una de las causas de la separación definitiva. Es la reacción que producen los excesos y las injusticias de los que combaten a los insurgentes. Esta reacción es el punto inicial, luego el proceso continúa, se van juntando nuevas causas: la experiencia del gobierno propio, la conciencia de las ventajas que reporta, etc. Entonces se produce una evolución y va surgiendo la idea de separación, sin que en esta evolución se vean afectadas las ideas sobre la forma de gobierno. Se reúnen las Cortes de Cádiz y en su mayoría empieza a notarse influencia de ideas extrañas al pueblo español; se empieza a importar, especialmente de Francia, ideas que van haciendo el desprestigio de las propias cortes en el pueblo español; eso no era lo que quería; por eso, cuando en 1814 Fernando VII vuelve a España le es fácil voltear las cortes y rechazar la constitución, constituyéndose en monarca absoluto. Esto tiene en América una importancia decisiva. Los gobiernos surgidos de 1810 han necesitado organizar las regiones donde mandan; una organización provisoria no se hace sobre bases monárquicas, las formas republicanas se prestan más; así se empiezan a copiar en América los textos constitucionales estadounidenses. Se produce en España la caída de la Constitución del 12, la vuelta al régimen absoluto, y es lógico que los pueblos de América, que llevan cuatro años de autonomía, ya con un poco de experiencia política, con conciencia sobre las ventajas de la separación, se coloquen frente a Fernando VII; ya no es el rey que se esperaba, el rey que iba a pacificar y a hacer justicia. Esto es una razón más de la separación. Los revolucionarios que actúan en esa época, terminadas las guerras de la independencia, no dicen que el proceso se ha operado así. Por lo general afirman que su propósito desde el principio era el de la separación, pero de ello no ha quedado rastros en los hechos ni en los documentos. Sobre Bolívar, por ejemplo, hay una verdadera leyenda, que el tiempo y el trabajo de los historiadores va desvaneciendo. Empieza por la demostración de que en 1805 Bolívar ya se había manifestado partidario de la separación de España y América y de la organización republicana de ésta. Se dice que influenciado por un hombre de gran ilustración, que fue algo así como su maestro, Simón Rodríguez, un día estando en Roma, desde el monte Aventino juró que iba a consagrar su vida a la libertad de América. Lo lógico es que después de ese juramento, descripto con pelos y señales por Simón Rodríguez, que era un perfecto sinvergüenza, era que Bolívar se pusiese a trabajar en esa causa, ya que era un hombre activo e impetuoso. Tenemos pruebas de que no hubo tal cosa. Vuelve a Venezuela y en 1807 está pleiteando por sus haciendas o viviendo en Caracas en un ambiente refinado, muy cerca del gobernador, de quien era gran amigo. Bolívar, con sus esclavos y sirvientes, no iba a hacer la revolución. Recién en 1810 y después de la Junta, deja Caracas y se incorpora a la Revolución. A pesar de que los estadistas y los soldados de las guerras de la Independencia, después de terminada, en sus memorias y relaciones tienden a dar la impresión de que lucharon por lo que al fin se consiguió, es decir la Independencia, dejan rastros de que no dicen la verdad. Lo que buscaban era una mayor autonomía, mayor libertad civil e igualdad de derechos de representación en la Península y en América. El siguiente documento justifica esto: Bolívar en Octubre de 1813, se dirige al gobernador de la isla de Curacao, explicándole el proceso de la guerra, y teniendo en esa época ideas separatistas. Dice así: “Al saber en 1810, la disolución de los Gobiernos de España por la ocupación de los ejércitos franceses se pone en movimiento ( Venezuela) para preservarse de igual suerte y escapar a la anarquía y confusión que le amenaza. Venezuela constituye una junta conservadora de los derechos de Fernando VII, hasta ver el resultado decisivo de la guerra. Ofrece a los españoles que pretenden emigrar un asilo fraternal, inviste de la magistratura suprema a muchos de ellos y conserva en sus empleos a cuantos estaban colocados en los de más influjo e importancia. Pruebas evidentes de las miras de unión que animaban a los venezolanos; miras desconocidas dolorosamente por los españoles, que todos por lo general abusaron con negra perfidia de la confianza y generosidad de los pueblos. Venezuela adoptó aquellas medidas impelida de la irresistible necesidad; en circunstancias menos críticas, provincias de España, no tan importante como ella ( Venezuela), habían erigido juntas gubernativas para salvarse del desorden y de los tumultos. ¿Venezuela no debería ponerse igualmente a cubierto de tantas calamidades y asegurar su existencia contra las rápidas vicisitudes de Europa? ¿No hacía un mal a los españoles de la Península, quedando expuesta a trastornos que debía introducir la falta de gobierno reconocido, y no deberían de agradecer nuestros sacrificios para proporcionarles un asilo imperturbable? ¿Hubiera esperado nadie un bloqueo riguroso y hostilidades crueles debían ser la correspondencia a tanta generosidad? Persuadida Venezuela de que la España había sido completamente subyugada, como se creyó en las demás partes de América, dio aquél paso que mucho antes pudo igualmente haber dado autorizada con el ejemplo de las provincias de España a quienes estaban declaradas igual en derechos y representación política. Tal fue el generoso espíritu que animó la primera revolución de América, sin sangre, sin odios, sin venganza”. Se ve ahí todo el proceso auténtico de la insurgencia que luego derivará hacia la separación. Y para valorar bien este documento hay que tener en cuenta que Bolívar lo subscribe en 1813, dos años después de haber hecho Venezuela una declaración de Independencia, es decir cuando podía hablar con toda libertad. Del mismo tipo de este documento veremos otros relativos a todos los países que se forman después.

LAS CAUSAS DEL SEPARATISMO
EL ENCONO ORIGINADO EN LA LUCHA

La primera causa deriva del encono producido por la lucha que tienen que mantener los sectores que van a la insurgencia contra los que permanecen del lado del gobierno español. Lo político, lo correcto, hubiese sido reconocer a los pueblos que constituyeron gobiernos propios, el derecho a tener esas juntas. En Montevideo, en 1808, se constituyó una junta y tampoco el gobierno español creyó que era un crimen, ni nada que se le parezca. En el caso de las juntas de 1810 existía todavía el antecedente de que vino de Cádiz la incitación de constituir gobiernos propios. De modo que la innovación estaba explicada de hecho y era justificada de derecho. Estaba explicada de hecho por razones de necesidad de tener un gobierno digno de la confianza popular y era justificado de derecho porque cuando Fernando VII partió para Francia dejó constituido un Consejo de Regencia, Consejo que fue volteado enseguida por Murat, quedando el gobierno español acéfalo, lo que imponía la constitución de nuevos gobiernos. Y conforme a la doctrina jurídica española, y conforme a la lógica, para hacer un gobierno nuevo que mereciese la obediencia de todos los pueblos era necesario que todos los pueblos interviniesen en su formación; y mientras fuese sólo parcial, interviniendo unos pueblos y otros no, los pueblos que no hubiesen intervenido no tenían porque obedecerlo. Se constituye así la Junta de Aranjuez con delegados de las Juntas provinciales. Esto ocurre a fines de 1808 y principios de 1809. En ese momento los países de América que no tenían representantes pudieron hacer sus gobiernos propios sin que nadie pudiese tachar su conducta de desleal. Y no sólo los constituyen , sino que obedecen a la Junta de reino provincial solo, que se estableció en Sevilla. Después se instala una Junta Central y América sigue obedeciendo, aunque por su constitución era un gobierno ilegítimo. Llegamos a 1810, ese gobierno de la Junta Central está desprestigiado en España y continuamente llegan a América malas versiones, muy injustas, respecto de la lealtad de la Junta hacia Fernando VII. Esto quiere decir que los americanos leales a Fernando VII podían abrigar graves dudas respecto a la Junta Central. En 1810 el pueblo de Sevilla hace una revolución y disuelve la Junta Central. En el momento de esta revolución dispone la Junta que se cree un Consejo de Regencia; el Consejo se crea a pesar de que Consejos de Regencia sólo podía crearlos el Rey. Esto y el desprestigio en que había caído la Junta origina su caída y el desconocimiento del Consejo de Regencia. Las Juntas de gobierno de las provincias que estaban libres asumen poderes. Una de ellas, la de Cádiz envía delegados a América exhortando a seguir ese ejemplo, a formar juntas locales. Lo lógico hubiera sido que el Consejo de Regencia admitiese la creación de Juntas en América, pero en cambio les declara la guerra. Es a esto que se refiere Bolívar en el documento citado anteriormente, cuando se habla del bloqueo de Venezuela. Esta se declara unida a España, le da recursos, y , en cambio, España le declara la guerra. Esta guerra se produce entre criollos y españoles por el otro ( España). Los enconos de esta guerra, sin duda injustificada, es la primera causa ulterior a la insurgencia legitimista de 1810, que hacen que ésta evolucione hacia el separatismo. Fue precisamente Venezuela, uno de los lugares donde la guerra fue más violenta y más sangrienta, donde se llegó más rápido a la separación total.

PROPAGANDA EXTRANJERA

Otra causa es la propaganda de los extranjeros en desprestigio de todo lo español, propaganda que tenía que medrar forzosamente en las circunstancias en que se produce. Los extranjeros tenían alto interés en la separación pues era el modo de entrar en estas provincias y de permanecer en ellas, de modo que se van a convertir en propagandistas acérrimos de la separación. Desde luego su interés crea intereses entre los americanos; son comerciantes fuertes y generosos en su ayuda a la revolución.

NOTICIAS EXAGERADAS

También es causa de la separación el monopolio que tenían los extranjeros de las noticias relativas al desarrollo de la Revolución. Para evaluar bien esta causa es preciso pensar que en 1810, 1815, las dificultades de comunicación entre las diversas partes de América eran enormes; las noticias de Venezuela llegaban a Buenos Aires después de ir a Europa. Ahora, debido a la guerra, el centro de difusión de esas noticias pasa de España al extranjero, especialmente a Londres, donde se llegan a editar diarios en español. Además el comercio entre las diversas colonias se va a realizar por intermedio de buques extranjeros. Entonces los extranjeros empleaban el siguiente sistema: al Río de la Plata traen noticias exageradas de la revolución de Venezuela y viceversa. Ahora bien, en esa época de tanteos el espíritu de imitación tiene un campo enorme para desarrollarse; y se piensa con esta lógica: si en Venezuela se ha llegado a la Independencia, Montevideo, en las mismas condiciones, debe llegar también a ella. La Revolución en Buenos Aires hacia fines de agosto de 1810 se desarrolla tímidamente, en Agosto un buque americano procedente de Filadelfia trae noticias falsas de Venezuela; el diario ministerial publica esas noticias y entre ellas va una declaración de libertad de Venezuela; entonces se puede notar que la revolución de Buenos Aires toma impulso. Este ejemplo podría repetirse.

ABSOLUTISTAS Y LIBERALES

Otra causa, un poco más alejada, es la división que se opera entre los defensores del gobierno de España en absolutistas y liberales, a raíz de la caída de la Constitución de Cádiz de 1814. Entre los representantes y defensores de Fernando VII se produce en ese momento una radical división. Mientras unos aplauden el absolutismo, otros se vuelven contra el Rey. Esto se verá claramente de 1821 en adelante; de 1821 a 1823 la división se hace tan profunda que Bolívar puede triunfar en el Perú, cuando el triunfo parecía imposible; la batalla de Ayacucho se ganó más que nada debido a esas divisiones. Por su parte, México , que estaba totalmente bajo el poder español hasta 1821, pasa sin guerra a la independencia.

CAPACIDAD DE GOBIERNO

Otra causa es la comprobación práctica que tienen los criollos de su capacidad para el gobierno, nacida de la necesidad de ejercerlo. Los estadistas de 1810 tuvieron que improvisar, pero luego demostraron aptitudes.

Obra ConsultadaEditar

APUNTES DE HISTORIA AMERICANA

Clases del Dr. Felipe Ferreiro dictadas en 1933 en el curso de 2º año de Preparatorios para Derecho del Instituo IAVA ( Instituto Alfredo Vazquez Acevedo) de Montevideo, Uruguay por los estudiantes Carlos Angulo y Hugo Chocho Vicens