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Anastacio a Aniceto




"La Tribuna", del 26 de Febrero 1859.


Sr. D. Hilario Ascasubi.
Febrero 26 de 1859.

Mi querido amigo:

Si en los renglones que me dirige Vd. por La Tribuna de hoy, hubiera hallado solamente la aprobación del maestro para los trabajos del discípulo, la habría aceptado tal vez, no porque en tal caso abrigase yo la creencia de merecerla, sino porque en el juicio favorable de su inteligencia para mis pobres versos habría visto un germen de estímulo para muchos de nuestros jóvenes compatriotas, que, poseyendo una rica inteligencia y una brillante y natural disposición para cultivar el género de literatura tan útil en nuestro país, y que el renombrado Hidalgo y Vd. han inmortalizado, se abstienen de ejercitar esas dotes por un temor indisculpable bajo cualquier punto de vista.

Pero no es solamente la aprobación para mis humildes versos la que Vd. me envía en el diario de hoy.

Usted, generoso amigo, hace una transmisión en favor mío de los justos elogios que a sus bellas e ingeniosas producciones tributó el ilustre y malogrado Dr. Varela.

Usted arranca de sus hombros las doradas charreteras del viejo general, para adornar con ellas los juveniles y débiles del cadete. Usted arranca de la sien laureada del Vate de la Pampa, la rica corona que la ciñó el genio, para adornar con ella la humilde frente del pobre versista.

Más bien dicho: -Vd. ofrece al débil y deslucido Pollo, las agudas púas y el elegante plumaje del arrogante Gallo.

No, querido amigo: no puedo ni debo aceptar las palabras de Varela, que usted me transfiere.

Queden ellas en La Tribuna de hoy despertando en la imaginación de dos Repúblicas el mal dormido recuerdo de las anchas brechas, que la batería gloriosa de Paulino Lucero abrió en los baluartes que la tiranía levantó en ambas márgenes del Plata.

Al citar las palabras del Dr. Varela, y con aquella chispa que brilla siempre en sus producciones, me dice usted:


Antes digo yo que, si
Varela hoy resucitara,
otro gallo nos cantara,
a usted, Del Campo y a mí.


Comprendo perfectamente, querido amigo, el amargo sentimiento que ha tenido Vd. el capricho de retratar con el pincel del chiste, y permítame decir a mi turno:


Yo creo también que, si
resucitara Varela,
hoy alumbrara otra vela
a usted, amigo, no a mí.


Antes de cerrar estas líneas, diré a Vd., querido amigo, que al bajar a la arena de la literatura gauchesca, no llevo otra mira que la de sembrar en el árido desierto de mi inteligencia la semilla que he recogido de sus hermosos trabajos, por ver si consigo colocar, aunque sea una sola flor, sobre el altar de la Patria.

Su affmo., etc.


Estanislao Del Campo.