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 Símbolo pampeano y hombre verdadero,
 generoso guerrero,
 amor, coraje,
 ¡Salvaje!
  
 Gaucho, por decir mejor.
 Ropaje suelto de viento,
 protagonista de un cuento
 vencedor.
  
 Corazón
 de afirmación.
  
 Voluntad
 de lealtad.
 Cuerpo «morrudo» de hombría,
 peregrina correría
 que va tranqueando los llanos,
 con la vida entre las manos
 potentes de valentía.
 Vagabunda rebeldía.
 Carne de orgullo y destreza,
 alma que tiene corteza,
 pues no hay viento
 ni lamento,
 que penetre en su rudeza,
 ni doble, de su cabeza,
 la arremangada fiereza.
  
 En su melena asoleada,
 que va de luz revolcada,
 a la oración,
 flotando está una intención
  
 quiso libertad, la tuvo
 y en su batallar, no hubo
 quien le impusiera derrota.
 Su sangre, gota por gota
 demostró que era ilusoria,
 para otros la victoria,
 y escribió roja su historia.
  
 Pero hoy el gaucho, vencido,
 galopando hacia el olvido,
 se perdió.
 Su triste ánima en pena
 se fue, una noche serena,
 y en la cruz del Sur, clavado,
 como despojo sagrado,
 lo he yo.
  



«La Porteñas» 1915