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Abolición de la esclavitud Emilio Castelar


posible, las mismas palabras que ha dicho fuera de aquí; y luego si es Ministro debe poner a la cabeza de las leyes que proponga, los discursos que aquí haya pronunciado.

Así se elevan al Gobierno los hombres de Estado en los pueblos libres. Yo no me creo elevado aquí a este alto puesto por lo que soy, ni ni por lo que valgo; yo me creo elevado a ese alto puesto, que estimo en mucho, por lo que fuera de aquí he dicho; yo repito aquí lo que he dicho fuera: yo jamás iría a ese banco (Señalando al ministerial) sino practicando lo que he dicho aquí.

Yo me acuerdo de que el Sr. Ministro de Fomento, que no se halla presente, entusiasmaba a las muchedumbres con su pintoresca elocuencia, reivindicando la abolición inmediata. ¿Por qué, pues, no ha de votar mi enmienda?

Yo recuerdo que el Sr. Ministro de Hacienda, que tiene tan fino escalpelo, disecaba con ese arte de la realidad que le distingue, los sentimientos del corazón, y hacía estremecer a todos los que lo escuchaban con la descripción de los horrores de la esclavitud y pedía también la abolición inmediata, ¿Por qué no ha de votar mi enmienda? Del Sr. Ministro de Ultramar no quiero decir nada, porque no quiero ser demasiado insistente en mis reconvenciones. Pero está moralmente obligado a votarla.

Ahora bien: grupos de esta Cámara, ¿no tenéis todos el sentimiento de humanidad? ¿Y en qué consiste este gran sentimiento que distingue a los pueblos modernos de los pueblos antiguos? Consiste en ponerse en la condición de aquellos que lloran, de aquellos que padecen. Acordémonos los que tenemos hogar de los que no lo tienen; acordémonos los que tenemos familia de los que carecen de familia; acordémonos los que tenemos libertad de los que gimen en las cadenas de la esclavitud.