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Abolición de la esclavitud Emilio Castelar


Una sinfonía infinita á los cielos, esmaltados por todas las sonrisas de esa maga que se llama la luz tropical; pero no hay libertad; pero no existen las primeras garantías de los pueblos; pero unos se educan en la democracia de los Estados Unidos, mientras que otros confunden la Patria con el antiguo absolutismo español; pero los criollos reniegan de los españoles sus padres, y los españoles maldicen a los criollos sus hijos; pero el negro gime en el ingenio, en el cepo, con la argolla al cuello y al pie, con el látigo sobre la cabeza, imagen de Dios confundida con las bestias; pero los asiáticos, los chinos, engañados en sus esperanzas, reducidos a una servidumbre insufrible, se cuelgan a racimos de los árboles y llevan en sus labios con las señales de la agonía las señales de la horrible burla que con su suicidio han hecho de sus amos; pero entre aquellas costas, el negrero luchando con el crucero; la guerra en todas partes, la guerra interminable, infinita, porque en todas partes se despliega la fuerza devastadora, el espíritu corrosivo de ese crimen que se llama servidumbre.

No hay más que un medio de evitar estos males: abolir la esclavitud. ¿Es cierto, es verdad que nuestra raza no tenga aptitudes para realizar este gran problema de la abolición de la esclavitud? ¿Pues qué son, qué vienen á ser todos, absolutamente todos los pueblos que han fundado repúblicas en América, fuera de los Estados Unidos? Son pueblos españoles; y estos pueblos, ¿cuándo han abolido la esclavitud? Pues es muy fácil saberlo: Bolivia. en 1826, Perú y Guatemala en 1821, Méjico en 1828, Nueva Granada en 1849, Venezuela en 1853.

Monagos quiso hacer la abolición gradual; no pudo, y tuvo que decretar la abolición inmediata. Por consiguiente, nuestra raza, nuestro propio espíritu, nuestra propia conciencia,