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Abolición de la esclavitud Emilio Castelar


acusó que debieron entrar 10.000. ¡Ah, cuántas veces Lord Aberdeen ha dicho que no cumplimos los tratados internacionales! Es verdad. Fernando VII cometió una grande estafa real. Tomó 40 millones para impedir la trata, y los consagró a comprar una escuadra rusa, escuadra rusa que se tragó el mar. Esa infamia no cae sobre la Nación. La Nación española es generosa ; la Nación no tiene nada que ver con los crímenes y con las bajezas de aquel hombre.

Pues bien, el cálculo de Lord Russell, y ya saben los Sres. Diputados que los ingleses son peritos en números y en estadísticas, el cálculo de Lord Russell es que desde el año de 1834 han entrado 30.000 negros anualmente en la isla de Cuba. Decid, Sres. Diputados: ¿qué magistrados tenéis allí, qué leyes imperan allí, qué hay allí, cómo se pueden entrar millares de hombres sin que los magistrados lo sepan; cómo no se averigua si existen esos bozales, cuando los bozales recién desembarcados no saben hablar nuestra lengua; qué policía es la vuestra; qué Audiencias son las vuestras; qué leyes son las vuestras?.

No, no os hago responsables; ese es el mal de la esclavitud. Esclavitud y libertad, esclavitud y moralidad, esclavitud y religión, esclavitud y familia, esclavitud y conciencia, son términos incompatibles.

¡Hermosa, rica Cuba! Su clima es una primavera perpetua; su campo un vergel interminable; cada planta se corona con una guirnalda; cada arbusto parece un ramillete; la caña que destila miel retoña hasta ocho veces; los cafetales y las vegas de tabaco no tienen fin; junto a las anchas hojas del plátano eleva la palmera real su sonora corona; el banano y el cocotero ofrecen frutos que satisfacen el hambre y apagan con su frescura la sed; no hay en la tierra un animal venenoso, y hay en los aires coros,