Abolición de la esclavitud: 30

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Abolición de la esclavitud Emilio Castelar


lón era la estrella de un Nuevo Mundo, el cual se levantaba en los mares como una segunda creación para el hombre regenerado por la libertad y por el crecimiento de su conciencia necesitada de nuevos y más dilatados espacios.

Pero, señores, ¡cuán grande, cuán terrible será la esclavitud, cuando a pesar de los horrores que encierra, se quedó como una raíz venenosa en América, en la tierra de la democracia! Los puritanos son los patriarcas de la libertad; ellos abren un nuevo mundo en la tierra; ellos abren un nuevo surco en la conciencia; ellos crean una nueva sociedad. Y sin embargo, cuando la Inglaterra quiso dominarlos y vencieron, triunfó la república, y quedó perenne la esclavitud. Washington no pudo hacer más que emancipar a sus negros. Franklin decía que los ingleses de Virginia no podían invocar el nombre de Dios mientras tuvieran la esclavitud. Jay decía que todas las plegarias que enviaba al cielo América, pidiendo la conservación de la libertad, eran, mientras existiese la esclavitud, verdaderas blasfemias. Mason se entristecía y lloraba al contemplar cómo pagarían sus hijos este gran crimen de la patria. Jefferson trazó la línea donde debía estrellarse la negra ola de la servidumbre.

Sin embargo, Sres. Diputados, crecía, crecía y crecía la esclavitud. Yo quiero que os paréis un momento a considerar al hombre que lavó esa gran mancha, en la cual se perdían las estrellas del pabellón americano; yo quiero que os detengáis un momento, porque aquí se ha invocado su nombre, su nombre inmortal, para perpetuar la esclavitud. ¡Ah! No tiene el siglo pasado, no tendrá el siglo del porvenir una figura tan grande, una figura igual, porque a medida que el mal se acaba, se acaba también el heroísmo.

(Faltan las páginas 33 y 34 en el original.)