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Abolición de la esclavitud Emilio Castelar


abolición de la esclavitud?. Atiéndame el Sr. Romero Robledo con su clara inteligencia, y reflexione un instante. En Santo Domingo existían 500.000 esclavos y 20.000 libres. Los 20.000 libres vivían la vida muelle, ociosa, del patriciado colonial; los 500.000 esclavos vivían la vida indiferente y brutal de la servidumbre. Había entre aquellas dos razas otra intermedia, hija de los vicios de los blancos; había los mulatos. Sus padres no los vendían. Les daban riquezas; pero no dignidad ante las leyes ni ante las costumbres. Vino la revolución francesa; los negros no sintieron nada. Aquella tempestad no penetró en su pesada, en su bituminosa atmósfera. Los blancos se dividieron, decidiéndose unos por los Borbones, otros por la revolución. Los mulatos dijeron: «Esta es la hora de nuestra emancipación y de nuestra dignidad. » Varios comisionados fueron a París, y hablaron con Lafayette y con Mirabeau. Los amigos del género humano propusieron a la Constituyente este decreto: «Todos los hombres tendrán los mismos derechos civiles,” y fue aprobado. Nada se habló de esclavitud. Este problema quedaba remitido al aliento de la Convención.

¿Sabéis cómo recibieron los blancos la igualdad de derechos con los mulatos, sus hijos? El decreto fue rasgado; los mulatos, que pedían su cumplimiento, ahorcados; y el comisario de la constituyente descuartizado, hecho cuatro pedazos.

Cada uno de estos pedazos llevado a cada una de las cuatro principales ciudades de la isla. ¿Y que sucedió? La guerra social, la más terrible, la más cruenta de las guerras. ¿Quién salvó a Santo Domingo; quién lo conservo para la república, para la Convención, para la Francia? Los negros emancipados, sobre todo un negro, Louverture, a quien cierto célebre escritor sajón del siglo XIX ha llamado guerrero más experimentado que Cronwell y poli-