Abolición de la esclavitud: 25

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Abolición de la esclavitud Emilio Castelar


personificación más genuina de su tiempo, el gigante de la idea y de la acción, la energía revolucionaria, la vida de un siglo condensada en una conciencia; el hombre que, como el Etna, llevaba en su frente el fuego que salía de las entrañas de su corazón, y el fuego que en aquella época tormentosa bajaba de las tempestades del cielo. Danton dijo: «Vuestra libertad es una libertad egoista mientras no la extendáis a todos los hombres. Extendedla, y entonces será humana.Pido, pues, que anunciemos al mundo la emancipación de todos los esclavos. »

Los Diputados, magnetizados con estos pensamientos, se levantaron como un solo hombre, y extendiendo los brazos al cielo como si quisieran tomar a Dios por testigo de su resolución, abolieron unánimes la esclavitud de los negros.

Un grito jubiloso resonó en las tribunas. Este grito se comunicó a los alrededores de la Asamblea. Parecía que la conciencia humana respiraba al descargarse de un gran remordimiento, de un gran peso.

Las puertas de la Convención se abrieron como si las agitara misteriosa mano. Los negros residentes en París invadieron el recinto y abrazaron llorando a sus redentores.

Aunque la Convención hubiera cometido más crímenes, las lágrimas del paria redimido, del eterno Espartano emancipado, del siervo hecho hombre; aquellas lágrimas que condensaban la gratitud de todas las generaciones venideras y la bendición de todas las generaciones muertas que traspasó el clavo vil de la servidumbre, esas lágrimas bastaban a borrar todas las manchas de sangre. (Aplausos.)

Pero nos decía el Sr. Romero Robledo en tardes anteriores: «No olvideis la catástrofe de Santo Domingo. ¿Y qué es la catástrofe de Santo Domingo? ¿Pues hay argumento más valedero en favor de nuestra idea? ¿Puede darse apoyo más grande para el decreto de la inmediata