Abolición de la esclavitud: 24

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Abolición de la esclavitud Emilio Castelar


vamos a la prueba, porque en los partidos conservadores y doctrinarios no hay argumentos tan fuertes como los argumentos de experiencia, los argumentos históricos.

Era, Sres. Diputados, contando, por nuestro Calendario republicano, que también nosotros tenemos Calendario; era el 16 Pluvioso del año segundo de la República francesa. La Convención se hallaba reunida, aquella cúspide de la conciencia humana, donde todo era grande, el odio y el amor, como en las altas montañas son grandes las alturas y grandes los abismos. Un hombre, un esclavo, un negro, se había arrastrado desde el fondo de su ergástula hasta la cima de la Convención francesa. Era Diputado, y encarándose a la Asamblea le dijo: Yo pertenezco a una raza sin conciencia, sin patria, sin hogar, sin dignidad, sin familia, y vengo a refugiarme, vengo a traer esa raza a la sombra de los derechos por vosotros tan admirablemente proclamados. Vuestros derechos humanos (como se llamaba entonces a los derechos individuales), vuestros derechos humanos son mentira, vuestra libertad es mentira, vuestra igualdad es mentira, mientras consintáis la esclavitud de los negros.

Levasseure se levanto a apoyar aquella petición del esclavo. La Asamblea vaciló, como vacilan todos esos grandes cuerpos colectivos cuando van a pasar una de las líneas misteriosas que dividen los hemisferios del tiempo.

Lacroix dijo: “Es verdad: declarando la libertad de los franceses, nos hemos olvidado de la libertad de los negros, olvido que no por involuntario deja de ser criminal. Solo podemos repararlo declarando ahora mismo la libertad de los negros. »

La Asamblea volvió a vaciar, y entonces. Lacroix grito: «Pido a la Convención que no se deshonre prolongando este incomprensible debate. » Y se levantó Danton, el hijo de la Enciclopedia, la