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Abolición de la esclavitud Emilio Castelar


jurisdiccionales, que no eran esa serie de crímenes que ha conducido tantos esclavos a nuestras Antillas; los señoríos jurisdiccionales, que al fin representaban grandes servicios prestados a la Patria fueron destruidos. Y vosotros, progresistas, ¿vais a tener con el negrero más consideraciones que con el sacerdote, que con el Rey, que con los caballeros feudales, al cabo los patriarcas de nuestra nacionalidad, como si el negrero, ese lobo marino, os hubiera llevado alguna vez en sus entrañas?

Yo sé muy bien, porque veo tomar apuntes a los señores Ministro de Ultramar y Alvareda, yo sé muy bien lo que van a decir. Es una la línea de lo ideal, y otra la línea de lo posible.

¿Estará condenada la tierra siempre a que la justicia sea en ella imposible? Ningún hombre de ideal debe ser Gobierno hasta tanto que su ideal sea posible. Yo no lo seré nunca mientras aquí no esté mi ideal completamente realizado; yo no transigiré nunca con los que desconozcan mis principios.

Pero además, yo digo: indudablemente la abolición de la esclavitud va a traer males, los va a traer; es necesario contemplarlos con virilidad, con fuerza, con energía; contemplarlos, sondearlos y aceptarlos; que los que no aceptan el mal, no aceptan tampoco el heroismo. Pues bien, Sres. Diputados, ¿se pueden comparar los males que vais a traer con la abolición de la esclavitud a los males que conserváis conservándola?

No quiero hacer elegías, no quiero conmover vuestros corazones; yo sé muy bien que los corazones de los legisladores suelen ser corazones de piedra. La esclavitud antigua tenía una fuente, al fin heroica, que era la guerra. La esclavitud moderna, la esclavitud contemporánea, tiene