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Abolición de la esclavitud Emilio Castelar


habían encontrado un nuevo campo de batalla donde medir sus fuerzas. Señores Diputados, ¿qué es la ley por el Sr. Ministro de Ultramar presentada? ¿Qué es esa ley? Una ley doctrinaria, una ley de reforma gradual, una ley de conciliación. Parece imposible que cuando tal principio ha muerto ya en esta Cámara, cuando se levantan contra él la ciencia y la experiencia, todavía haya hombres de Estado, que deben deducir las conclusiones lógicamente de las premisas, todavía haya hombres de Estado que se queden paralíticos y yertos a la sombra de esa idea, tan homicida como la sombra del manzanillo de los trópicos.

Pero se nos dice: «Olvidáis que esta ley debe ser una ley de transacciones porque se refiere a la propiedad. » ¡Propiedad! ¿Propiedad de quién? ¿Propiedad de qué? ¿Propiedad cómo? ¿Propiedad con qué títulos? Pues qué, el hombre, el ser inteligente y libre, activo y moral, ¿puede ser propiedad de alguien? Pues que, si alguien tiene derecho sobre él, ¿no debe él renunciar al ejercicio de sus facultades, al ejercicio de sus miembros, de sus brazos, de su cabeza? Y si no puede ni física ni moralmente hacer esto, ¿cómo exigís lo imposible, cómo establecéis la propiedad, sobre lo que es inapropiable para el amo e irrenunciable en el siervo?

¡Ah Sres. Diputados! La propiedad supone cosa apropiada. Probadme que el negro es una cosa; probadme qua es como vuestro arado, como el terrón de vuestra tierra, que no tiene ni personalidad, ni alma, ni conciencia. La propiedad es jus uiendi et abutendi. Luego ¿podéis usar y abusar del esclavo? Luego ¿podéis usar y abusar a vuestro antojo de una imagen divina, de una naturaleza moral, del alma, de la conciencia, del derecho? Si un hombre puede ser objeto de propiedad, todos los hombres