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Abolición de la esclavitud Emilio Castelar


primordiales, sea cualquiera la ley o el pretexto que invoque, comete el asesinato de las conciencias, el asesinato de las almas, crimen que castiga la cólera celeste, y que se purga con una eterna infamia en el eterno infierno de la historia. (Aplausos.)

Yo conozco la causa de nuestra lentitud en dar reformas a las Antillas. La conozco, y la diré sin ofensa de nadie, porque yo atribuyo esta lentitud a las ideas que predominaron en el Gobierno de Septiembre ¿Fue aquella una sola revolución? No; en la revolución de Septiembre ha habido dos movimientos: uno análogo al movimiento francés de 1830, y otro análogo al movimiento francés de 1848. No hubo, pues, ni unidad de ideas, ni conformidad de propósitos en sus elementos primordiales. La insolencia del antiguo régimen fue tan grande, que todos, conservadores y radicales, decidimos atajarla. Hasta aquí unidad de negaciones. Pero la diferencia estaba en las afirmaciones.

El partido conservador quería la renovación de la Monarquía, el partido radical la salud del pueblo; el partido conservador la educación progresiva de las democracias, el partido radical el advenimiento súbito de las democracias; el partido conservador el derecho escrito, el partido radical el derecho eterno; el partido conservador la libertad, pero poniéndole ciertas limitaciones legales, el partido radical la libertad, pero extendiéndola hasta los mismos límites a donde se extiende la naturaleza humana; el partido conservador las reformas graduales, el partido radical las reformas instantáneas; fuerzas opuestas, enemigas, que creyeron haber firmado en la Constitución de 1869 un pacto, cuando solo habían firmado una tregua, y que creyeron haber encontrado en la revolución de 1868 un cauce donde mezclar sus corrientes, cuando solo