Abrir menú principal

Pág. 05 de 42
Abolición de la esclavitud Emilio Castelar


Podíamos serlo, debíamos serlo; la conciencia universal nos pedirá estrecha cuenta de la causa porque no lo hemos sido. La historia encontrará esa causa en la debilidad que nos llevó a asirnos a las ideas muertas.

Nosotros no somos sólo una potencia europea; nosotros hemos sido, y seremos siempre, una potencia americana. Hay inmensa trascendencia en los hechos históricos. Los extraordinarios son inmanentes. La conquista de Roma explica no sólo por qué nuestras provincias fueron tributarias de sus Césares, sino también por qué nuestras conciencias son hoy tributarias de sus Pontífices.

La política americana está llena de ingratitudes para España; la política española está llena de errores para América. Pero lo que no podemos destruir, ni los americanos con sus ingratitudes, ni los españoles con nuestros errores, ¡ay! Es el hecho del descubrimiento de América.

Imaginad que esa tierra desaparece, y que solo queda en medio del Atlántico la cima de los Andes; allí, en esa cima quedará petrificada la bandera española, y grabados como por el fuego creador los nombres de nuestros héroes.

Nos importa tener en aquellos continentes, no un dominio material ya irremisiblemente perdido, sino un grande influjo moral. ¿Que debemos hacer para esto, Sres. Diputados? Debemos dar un gran ejemplo a América. La raza latina nos necesita; necesita de España para contrarrestar el ímpetu de la raza sajona: nosotros necesitamos de América para dilatar nuestro espíritu, para tener grande espacio donde desarrollar nuestra actividad, grandes objetos que respondan a nuestra idea.

Si América llega un día a formar la confederación de confederaciones aconsejada por Bolívar, necesitará invocar su origen, que es el fundamento de su unidad, su lengua, su sangre, su historia, y en todos esos elementos.