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Abolición de la esclavitud Emilio Castelar


el grande acto de llamar a la vida civil, de llamar a la vida del derecho, 400.000 hombres.

He dicho muchas veces la causa que nos movió a guardar en este triste asunto un silencio que muchas veces nos ha pesado. Hoy día, al levantarme a pedir la abolición inmediata, declaro que descargo de un peso inmenso mi corazón y mi conciencia.

Sírvame de disculpa por haber callado tanto tiempo; sírvame de disculpa la frase del Sr. Figueras, magistral como todas las suyas: delante de una guerra, las inspiraciones del patriotismo.

Es verdad, solamente la Patria puede excusarnos. A todos sucede que después de haber leído la historia de las grandes mujeres, ninguno prefiere a su madre; y después de haber leído la historia de las grandes mujeres, ninguno prefiere a su Patria. Por lo mismo que el amor a la Patria es tan grande, es tan inmenso, por lo mismo tenemos el deber de decir la verdad, toda la verdad, sobre todo cuando la ocasión se nos presenta por iniciativa del Gobierno, cueste lo que cueste, suceda lo que suceda; que nunca puede suceder nada tan horrible como lo que trato de evitar con esa enmienda, la ruina de la honra nacional.

Señores, los que quieren dar a las naciones gran influencia y gran brillo, necesitan infundirles una grande idea. Los pueblos crecen, se agigantan, brillan, piensan y trabajan con gloria cuando sirven a una idea progresiva. Por las ideas se explica la varia grandeza de las razas. La raza arábiga, que hoy es apenas un cadáver, se extendió por un lado hasta recónditas regiones de Asia, por otro lado hasta los mares de Sicilia, cuando educaba en el monoteísmo las razas atrasadas y politeístas.La gran raza latina brilló en el mundo cuando el principio de unidad política o unidad espiritual atraía a sí todas las conciencias. Pero desde el momento en que