A unos amigos que le reconvenían sobre su olvido de la poesía
de Juan Bautista Arriaza


Ceden del tiempo a la voraz corriente   
recias pilastras y columnas duras,   
las cúpulas rindiendo que seguras   
se sustentaban en su excelsa frente.   
 

Caduco desde el Líbano eminente   
baja el añoso cedro a las llanuras,   
ayer frondoso adorno en las alturas,   
hoy triste cebo en el hogar ardiente.   
 

Contra la destrucción tan poco abrigos   
halló mi musa; que si busca ansiosa 
versos que ya la esquivan enemigos,   
 

sólo a ofrecer se atreve, afectuosa,   
verdad, y no ilusión, a mis amigos;   
caricias, no cantares, a mi esposa.