A mis amigos Don Juan Donoso Cortés y Don Nicomedes Pastor Díaz

A mis amigos Don Juan Donoso Cortés y Don Nicomedes Pastor Díaz de José Zorrilla
del tomo segundo de las Poesías.


Cuando publiqué el tomo primero de mis poesías cediendo á vuestras instancias, no fue otro mi intento que el de reunir en una collección los versos que tal vez no habían desagradado al público. Escritos estos en diferentes épocas de mi vida, y en diversas circunstancias, y cada composición se resiente de las que la pertenecen. El triste se querella, y el alegre canta; uno gime desesperado, y otro ríe á carcajadas, y esto es muy natural; de aquí los distintos géneros de mis versos. Tuve, como todos los hombres, momentos de placer y horas de amargura; en estas lloraba y en aquellos reía; por consiguiente el conjunto de mis primeros ensayos no pudieron tener más objeto que el de trasladar al papel las inspiraciones del corazón.

Al publicar el segundo he tenido presentes dos cosas: la patria en que nací, y la religión en que vivo. Español, he buscado en nuestro suelo mis inspiraciones. Cristiano, he creído que mi religión encierra más poesía que el paganismo. Español, tengo á mengua cantar himnos á Hércules, á Leonidas, á Horacio Cocles y á Julio César, y abandonar en el polvo del olvido al Cid y á Don Pedro Ansurez, á Hernán Cortés y García de Paredes. Cristiano, creo que vale más nuestra María llorando, nuestra severa semana santa, y las suntuosas ceremonias de nuestros templos, que la impúdica Venus, las nauseabundas fiestas Lupercales, y los vergonzosos sacrificios de Baco y de Plutón. Español, hallo cuando menos mezquino y ridículo buscar héroes en tierras remotas en menoscabo de los de nuestra patria; y cristiano, tengo por criminal olvidar nuestras creencias, por las de otra religión contra cuyos errores protestamos á cada paso.

En cuanto al género de mis versos aprovecho el momento de la inspiración, sin curarme de las formas con que los atavío, y sin seguir más escuela que mi propio capricho. Convengo en que esto puede ser muy perjudicial; pero yo pienso así, y cada cual tiene derecho á pensar lo que más le plazca, en tanto que no piense más de lo que le toca.

Y ahora, amigos míos, me queda una sola cosa que deciros, y es: que como es muy probable que los poetas no poseamos nunca más que nuestros versos, os dedico los míos, porque no me ocurre otra cosa que poderos ofrecer; y (por vía de paréntesis) me llamo poeta no porque yo me tenga presuntuosamente por tal, sino porque he escrito estas poesías.

Leedlas, sino os cansan, y acordaos siempre de vuestro amigo

José Zorrilla.
Madrid 15 de Junio de 1838