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A la niña Laurentina Wilson





(EN SUS PRIMEROS DIAS)




 ¡Vedla Parece un querube
En su cuna, Laurentina;
Un ángel que al cielo sube
Envuelto en la blanca nube
De esa tenue muselina.


 En torno de sí tendiendo
Su mirada dulce y pura,
Al mundo está sonriëndo,
Graciosamente entreabriendo
Sus lábios de miniatura.


 ¡Ojalá él tambien te halague
En la edad que aún no divisas!
¡Que nunca tu paz amague!
¡Que nunca, ángel puro, pague
Con lágrimas tus sonrisas!


 Recien al mundo venida
Todo es bello ante tus ojos:
¡Ay! al dintel de la vida,
La muger es flor mecida
Sobre punzantes abrojos.