A la desierta plaza

A la desierta plaza
de Antonio Machado


  A la desierta plaza 
conduce un laberinto de callejas. 
A un lado, el viejo paredón sombrío 
de una ruinosa iglesia; 
a otro lado, la tapia blanquecina 
de un huerto de cipreses y palmeras, 
y, frente a mí, la casa, 
y en la casa la reja 
ante el cristal que levemente empaña 
su figurilla plácida y risueña. 
Me apartaré. No quiero 
llamar a tu ventana... Primavera 
viene --su veste blanca 
flota en el aire de la plaza muerta--; 
viene a encender las rosas 
rojas de tus rosales... Quiero verla...