A doña María Ana Beck

A doña María Ana Beck de José María Blanco White


Cual tañedor de armónico instrumento 
Que deseando complacer, lo mira, 
Hiere al azar sus cuerdas, y suspira 
Incierto, temeroso y descontento; 


Si escucha un conocido, tierno acento, 
Anhelante despierta, en torno gira 
los arrasados ojos y respira 
Poseído de un nuevo y alto aliento, 


Tal, si aún viviese en mí la pura llama 
Y el don de la divina poesía, 
Pudiera yo cantar a tu mandado; 


Mas el poeta humilde que te ama, 
Teme tocar ¡oh María Ana mía! 
Un laúd que la edad ha destemplado. 


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