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¿Qué hacer?: Anexo. Intento de fusionar "Iskra" con "Rabócheie Dielo"

Anexo. Intento de fusionar "Iskra" con "Rabócheie Dielo[95]Editar

Nos resta esbozar la táctica adoptada y consecuentemente aplicada por Iskra en las relaciones orgánicas con Rabócheie Dielo. Esta táctica ha sido expuesta ya por completo en el número 1 de Iskra, en el artículo sobre La escisión de la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero*. Admitimos en seguida el punto de vista de que la verdadera Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero, reconocida por el I Congreso de nuestro partido como su representante fuera del país, se había escindido en dos organizaciones; que seguía pendiente el problema de la representación del partido, puesto que lo había resuelto sólo con carácter provisional y convencional, en el Congreso internacional celebrado en París, la elección de dos miembros procedentes de Rusia, uno por cada parte de la Unión escindida, para el Buró Socialista Internacional permanente (96) hemos declarado que, en fondo, Rabócheie Dielo no tenía razón; en cuanto a los principios, nos colocamos resueltamente al lado del grupo Emancipación del Trabajo, pero nos negamos, al mismo tiempo, a entrar en detalles de la escisión y señalamos los méritos de la Unión en el terreno de la labor puramente práctica**.

De modo que nos manteníamos, hasta cierto punto, a la expectativa: hacíamos una concesión al criterio imperante entre la mayoría de los socialdemócratas rusos, los cuales sostenían que incluso los enemigos más decididos del "economismo" podían trabajar codo con codo con la Unión, porque ésta había declarado más de una vez que estaba de acuerdo en principio con el grupo Emancipación del Trabajo y que no pretendía, según afirmaba, tener una posición independiente en los problemas cardinales de la teoría y de la táctica. El acierto de la posición que habíamos adoptado lo corrobora indirectamente el hecho de que, casi en el momento de aparecer el primer número de Iskra (diciembre de 1900), se separaron de la Unión tres miembros, formando el llamado grupo de iniciadores, los cuales se dirigieron: 1) a la sección de la organización de Iskra en el extranjero; 2) a la Organización Revolucionaria Sotsial-Demokrat, y 3) a la Unión, proponiendo sus mediación para entablar negociaciones conciliadoras. Las dos primeras organizaciones aceptaron en seguida, la tercera se negó. Por cierto, cuando en el Congreso de "unificación", celebrado el año pasado, uno de los oradores expuso los hechos citados, un miembro de la administración de la Unión declaró que su negativa se debía exclusivamente a que la Unión estaba descontenta de la composición del grupo de iniciadores. Estimando que es mi deber insertar esta explicación, no puedo, sin embargo, dejar de observar por mi parte que no la considero satisfactoria: como la Unión estaba al tanto de la conformidad de las dos organizaciones para entablar negociaciones, podía dirigirse a ellas por conducto de otro mediador o directamente.

En la primavera de 1901, tanto Zariá (núm. 1, abril) como Iskra (núm. 4, mayo) entablaron una polémica directa contra Rabócheie Dielo***. Iskra atacó, sobre todo, el Viraje histórico de Rabócheie Dielo, que en su hoja de abril, esto es, después de los acontecimientos de primavera, dio ya muestras de poca firmeza respecto al apasionamiento por el terrorismo y por los llamamientos "sanguinarios". A pesar de esta polémica, la Unión contestó que estaba dispuesta a reanudar las negociaciones de conciliación por intermedio de un nuevo grupo de "conciliadores". La conferencia preliminar de representantes de las tres organizaciones citadas se celebró ene l mes de junio y elaboró un proyecto de pacto basado en un detalladísimo "acuerdo en principio", publicado por la Unión en el folleto Dos congresos y por la Liga en el folleto Documentos del Congreso de "unificación".

El contenido de este acuerdo (o, como suele llamársele, resoluciones a la Conferencia de junio) adoptado con arreglo a los principios demuestra con claridad meridiana que nosotros exigíamos, como condición indispensable para la unificación, que se repudiara del modo más decidido toda manifestación de oportunismo en general y de oportunismo ruso en particular. "Rechazamos –dice el primer párrafo- todas las tentativas de introducir el oportunismo en la lucha de clase del proletariado, tentativas que se han manifestado en el llamado "economismo", bernsteinianismo, millerandismo, etc.". "La esfera de actividad de la socialdemocracia comprende… la lucha ideológica contra todos los adversarios del marxismo revolucionario" (4, c). "En todas las esferas de la labor de agitación y de organización, la socialdemocracia no debe olvidar ni un instante la tarea inmediata del proletariado ruso: derrocar a la autocracia" (5, a); … "la agitación, no sólo en el terreno de la lucha diaria del trabajo asalariado contra el capital" (5,b); … "no reconociendo … la fase de la lucha puramente económica y de la lucha por reivindicaciones políticas parciales" (5, c); … "consideramos de importancia para el movimiento criticar las corrientes que erigen en principio… lo elemental… y lo estrecho de las formas inferiores del movimiento" (5, d). Incluso una persona completamente extraña, después de leer más o menos atentamente estas resoluciones, ha de ver pro su mismo enunciado que se dirigen contra quienes eran oportunistas y "economistas" y han olvidado, aunque sólo sea un instante, la tarea de derribar la autocracia, contra quienes han aceptado la teoría de las fases, han erigido en principio la estrechez de miras, etc. Y quien reconozca más o menos la polémica que el grupo Emancipación del Trabajo, Zariá e Iskra han tenido con Rabócheie Dielo, no dudará un instante que estas resoluciones rechazan, punto por punto, precisamente las aberraciones en que había caído Rabócheie Dielo. Por eso, cuando en el Congreso de "unificación" uno de los miembros de la Unión declaró que los artículos publicados en el número 10 de Rabóchie Dielo no se debían al nuevo "viraje histórico" de la Unión, sino al espíritu demasiado "abstracto"**** de las resoluciones, uno de los oradores lo puso con toda razón en ridículo. Las resoluciones, contestó, lejos de ser abstractas, son increíblemente concretas: basta echarles una ojeada para ver que "se quería cazar a alguien".

Esta expresión motivó en el congreso un episodio característico. Por una parte, B. Krichevski se aferró a la palabra "cazar", creyendo que era un lapsus delator de mala intención por nuestra parte ("tener una emboscada") y exclamó en tono patético: "¿A quién se iba a cazar?" "Sí, en efecto, ¿a quién?", preguntó irónicamente Plejánov. "Yo ayudaré al camarada Plejánov en su perplejidad –contestó B. Krichevski-, yo le explicaré a quien se quería cazar era a la redacción de "R. Dielo". (Hilaridad general) ¡Pero no nos hemos dejado cazar!" (Exclamaciones de la izquierda: "¡Peor para vosotros!") Por otra parte, un miembro del grupo Borbá (grupo de conciliadores), pronunciándose contra las enmiendas de la Unión a las resoluciones, y en su deseo de defender a nuestro orador, declaró que, evidentemente, la expresión "se quería cazar" se había escapado sin querer en el calor de la polémica.

Por lo que a mí se refiere creo que el orador que ha empleado la expresión o se sentirá del todo satisfecho de esta "defensa". Yo creo que las palabras "se quería cazar a alguien" fueron "dichas en broma, pero pensadas en serio": nosotros hemos acusado siempre a R. Dielo de falta de firmeza, de vacilaciones, razón por la cual debíamos, naturalmente, tratar de cazarlo para hacer imposibles las vacilaciones en lo sucesivo. No se podía hablar aquí de mala intención porque se trataba de falta de firmeza en los principios. Y hemos sabido "cazar" a la Unión procediendo lealmente*****, de manera que las resoluciones de junio fueron firmadas por el propio b. Krichevski y por otro miembro de la administración de la Unión.

Los artículos publicados en el número 10 de R. Dielo (nuestros camaradas vieron este número sólo cuando hubieron llegado al congreso y unos días antes inaugurarse éste) demostraban claramente que del verano al otoño se había producido otro viraje en la Unión: los "economistas" obtuvieron una vez más la supremacía, y la redacción, dúctil a toda nueva "corriente", volvió a defender a los "más declarados bernsteinianos", la "libertad de crítica" y la "espontaneidad" y a predicar por boca de Martínov la "teoría de restringir" la esfera de nuestra influencia política (con el propósito aparente de complicar esta misma influencia). Una vez más se ha confirmado la certera observación de Parvus de que es difícil cazar a un oportunista con una simple fórmula, porque le cuesta tan poco firmar cualquier fórmula como renegar de ella, ya que el oportunismo consiste precisamente en la falta de principios más o menos definidos y firmes. Hoy, los oportunistas rechazan toda tentativa de introducir el oportunismo, rechazan toda restricción, prometen solemnemente "no olvidar un instante el derrocamiento de la autocracia", hacer "agitación no sólo en el terreno de la lucha diaria del trabajo asalariado contra el capital", etc. Y mañana cambian de tono y vuelven a las andadas so pretexto de defender la espontaneidad, de la marcha progresiva de la lucha cotidiana y monótona, de ensalzar las reivindicaciones que prometen resultados palpables, etc. Al continuar afirmando que en los artículos del número 10 la "Unión no ha visto ni ve ninguna abjuración herética de los principios generales del proyecto de la conferencia" (Dos congresos, pág. 26), la Unión sólo revela con ello que es incapaz por completo o que no quiere comprender el fondo de las discrepancias.

Después del número 10 de R. Diego nos quedaba por hacer una sola tentativa: iniciar una discusión general para convencernos de si toda la Unión se solidarizaba con estos artículos y con su redacción. La Unión, está disgustada con nosotros, sobre todo, por este hecho y nos acusa de que intentamos sembrar la discordia en su seno, de que nos inmiscuimos en cosas ajenas, etc. Acusaciones a todas luces infundadas, porque, teniendo una redacción compuesta por elección y dúctil para "girar" al menor soplo del viento, y éramos nosotros quienes determinábamos esa dirección en las sesiones a puerta cerrada, a las que sólo asistían los miembros de las organizaciones venidas para unificarse. Las enmiendas que se ha introducido en las resoluciones de junio en nombre de la Unión nos han quitado el último asomo de esperanza de llegar a un acuerdo. Las enmiendas son una prueba documental del nuevo viraje hacia el "economismo" y de la solidaridad de la mayoría de la Unión con el número 10 de R. Dielo. Se borraba del número de manifestaciones del oportunismo el "llamado economismo" (debido ala supuesta "vaguedad" de estas palabras, si bien de esta motivación no se deduce sino la necesidad de definir con mayor exactitud la esencia de una aberración muy extendida); también se borraba el "millerandismo" (si bien B. Krichevski lo defendía en R. Dielo, núm. 2-3, pág. 83-84, y con mayor franqueza aún en Vorwärts******). A pesar de que las resoluciones de junio indicaban de manera terminante que la tarea de la socialdemocracia consistía en "dirigir todas las manifestaciones de lucha del proletariado contra todas las formas de opresión política, económica y social", exigiendo con ello que se introdujera método y unidad en todas estas manifestaciones de lucha, la Unión añadía palabras superfluas por demás, diciendo que la "lucha económica es un poderoso estímulo para el movimiento de masas" (estas palabras, de pro sí, son indiscutibles, pero, existiendo un "economismo" estrecho, no podían menos de llevar a interpretaciones falsas). Más aún, se ha llegado hasta a restringir con descaro en las resoluciones de junio la "política", ya eliminando las palabras "ni por un instante" (no olvidar el objetivo del derrocamiento de la autocracia), ya añadiendo las palabras "la lucha económica es el medio aplicable con la mayor amplitud para incorporar a las masas a la lucha política activa". Es natural que, una vez introducidas estas enmiendas, todos los oradores de nuestra parte fueran renunciando uno tras otro a la palabra, pues veían la completa inutilidad de seguir negociando con gente que volvía a girar hacia el "economismo" y se reservaba la libertad de vacilar.

"Precisamente lo que la Unión ha tenido por condición sine qua non para la solidez del futuro acuerdo, o sea, el mantenimiento de la fisonomía de R. Dielo y de su autonomía, es lo que Iskra consideraba un obstáculo para el acuerdo" (Dos congresos, pág. 25). Esto es muy inexacto. Nunca hemos atentado contra la autonomía de R. Dielo*******. Efectivamente, hemos rechazado en forma categórica su fisonomía propia si se entiende por tal la "fisonomía propia" en los problemas de principio de la teoría y de la táctica: las resoluciones de junio contienen precisamente la negación categórica de esta fisonomía propia, porque, en la práctica, esta "fisonomía propia" ha significado siempre, lo repetimos, vacilaciones de toda clase y el apoyo que prestaban a la dispersión imperante en nuestro ambiente, dispersión insoportable desde el punto de vista del partido. Con sus artículos del número 10 y con las "enmiendas", R. Dielo ha manifestado claramente su deseo de mantener precisamente esta fisonomía propia, y semejante deseo ha conducido de manera natural e inevitable a la ruptura y a la declaración de guerra. Pero todos nosotros estábamos dispuestos a reconocer la "fisonomía propia" de R. Dielo en el sentido de que debe concentrarse en determinadas funciones literarias. La distribución acertada de estas funciones se imponía por sí misma: 1) revista científica, 2) periódico político y 3) recopilaciones y folletos de divulgación. Sólo la conformidad de R. Dielo con esta distribución demostraría su sincero deseo de acabar de una vez para siempre con las aberraciones combatidas por las resoluciones de junio; sólo esta distribución eliminaría toda posibilidad de rozamientos aseguraría efectivamente la firmeza del acuerdo, sirviendo a la vez de base par que nuestro movimiento crezca más y alcance nuevos éxitos.

Ahora ningún socialdemócrata ruso puede poner ya en duda que la ruptura definitiva de la tendencia revolucionaria con la oportunista no ha sido originada por cuestiones "de organización", sino precisamente por el deseo de los oportunistas de afianzar la fisonomía propia del oportunismo y de seguir ofuscando las mentes con las disquisiciones de los Krichevski y los Martínov.


Escrito entre el otoño de 1901 y febrero de 1902. publicado por primera vez en marzo de 1902 en folleto aparte en Stuttgart.




(*) Véase V. I. Lenin. Obras Completas, 5ª ed. en ruso, t. 4, pág. 384-385. (N. de la Edit.)

(**) Este juicio sobre la escisión no sólo se basaba en el conocimiento de las publicaciones, sino en datos recogidos en el extranjero por algunos miembros de nuestra organización que habían estado allí.

(***) Véase V. I. Lenin. Obras Completas, 5ª ed. en ruso, t. 5, pág. 1-13 (N. de la Edit.)

(****) Esta afirmación se repite en Dos congresos, pág. 25.

(*****) A saber: en la introducción a las resoluciones de junio dijimos que la socialdemocracia rusa mantuvo siempre en conjunto la posición de fidelidad a los principios del grupo Emancipación del Trabajo y que el mérito de la Unión estaba sobre todo en su actividad en el terreno de las publicaciones y de la organización. En otros términos, dijimos que estábamos completamente dispuestos a olvidar el pasado y a reconocer que la labor de nuestros camaradas de la Unión era útil a la causa, a condición de que acabaran por completo con las vacilaciones, objeto de nuestra "caza". Toda persona imparcial que lea las resoluciones de junio las comprenderá sólo en este sentido. Pero si ahora la Unión nos acusa solemnemente de faltar a la verdad (Dos congresos, pág. 30) por estas palabras sobre sus méritos, después de haber provocado ella misma con su nuevo viraje hacia el "economismo" (en los artículos del número 10 y en las enmiendas) la ruptura, esta acusación, como es natural, no puede menos de provocar una sonrisa.

(******) En Vorwärts se inició una polémica a este respecto entre su redacción actual, Kautsky y Zariá. No dejaremos de dar a conocer esta polémica a los lectores rusos.

(*******) Si no contamos como restricción de la autonomía las reuniones de las redacciones, relacionadas con la formación de un consejo supremo común de las organizaciones unidas, cosa que R. Dielo aceptó también en junio.