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«Pax»

«Pax»
Esta poesía forma parte del libro Lira póstuma - Vol. XXI

«PAX»


En sangre y en llanto está la tierra antigua.
La Muerte cautelosa, o abrasante o ambigua
pasa sobre las huellas
del Cristo de pies sonrosados
que regó lágrimas y estrellas.


 La humanidad, inquieta,
ve la muerte de un papa y el nacer de un cometa
como en el año mil.


 Y ve una nueva torre de Babel
desmoronarse en hoguera cruel
al estampido del cañón y del fusil.


 «¡Matribus detestata!» Madre negra
a quien el ronco ruido alegra
de los leones: Palas,
odiosa a las dulces mejillas,
puesto que das las flechas y las balas;
abominada seas
por los corrientes siglos y fugaces edades,
porque a pesar de todo, tus fuertes potestades
sucumbirán al trueno de oro de las ideas.


 Amontonad bibliotecas,
poblad las pinacotecas
con los prodigios del pincel
y del buril y del cincel.


 Hace la evocación de Homero, Vinci, Dante
para que vean el
espectáculo cruel
desde el principio hasta el fin:
¡La quijada del rumiante
en la mano de Caín
sobre la frente de Abel!...
..........................................
 Se grita: ¡Guerra Santa!
acercando el puñal a la garganta,
o sacando la espada de la vaina;
y en el nombre de Dios,
casas de Dios en Reims y Lovaina
¡las derrumba el obús 42!...


 ¡No, Reyes! Que la guerra es infernal es cierto;
cierto que duerme un lobo

en el alma fatal del adanida;
mas también Jesucristo no está muerto.
¡Y contra el homicidio, el odio, el robo,
el es la Luz, el Camino y la Vida!...
.........................................
 ¡Emperadores! ¡Reyes! ¡Presidentes! la hora
llegará de la Aurora.
Pasarán las visiones de Durero;
pasarán de Callot los lansquenetes,
los horrores de Goya, el visionario,
en la memoria amarga de la tierra.


 Pasará de la guerra el tigre fiero,
se olvidarán obuses y mosquetes,
y ante la sacra sangre del Calvario
se acabarán las sangres de la guerra.