¡Ella duerme!

¡ELLA DUERME! de Jorge Isaacs


—No duermas,— suplicante me decía
—escúchame... despierta—.
Cuando haciendo cojín de su regazo,
Soñándome besarla, me dormía.

Más tarde... ¡horror! En convulsivo abrazo
La oprimí el corazón... rígida y yerta!
En vano la besé; —no sonreía;
En vano la llamaba; —no me oía;
¡La llamo en su sepulcro y no despierta!
1874