¡A escape y al vuelo!: 13

¡A escape y al vuelo! de José Zorrilla



XIIIEditar

azpeitia

Bautismal pila y capilla
parroquial de San Ignacio.
Pero, ¿por qué tan despacio
vamos cruzando esta villa?

¡Hola!, aquí se hace cumplir
la ley: para no estropear
el empedrado, al pasar
nos hacen al paso ir.

¡Gloria a la administración
de municipio sin par!
Vamos un vistazo a dar
al templo y la población.


¡Buena iglesia!… ¡Torre extraña!
¡gótico pie y arabesco
remate caballeresco,
la Cruz y el patrón de España!

Portada de orden toscano,
nave triple, anchas capillas:
descuidadas por rencillas
de amor propio asaz mundano.

En una un enterramiento,
ejemplar muy peregrino
de trabajo florentino
y del buen renacimiento.

Don Martín Zurbano yace
allí: su estatua de hinojos,
elevando manos y ojos,
por sí mismo oración hace.

Dos ángeles se la ofrecen
a Dios: figuras aladas,
sueltas y bien modeladas:
las tres más culto merecen

La tumba, con estatuetas
y hornacinas decorada,
es una, aunque allí arrumbada,
de las obras más completas.

Aun con sus aditamentos
extraños e irregulares,
la iglesia es rica en altares
y más rica en ornamentos.

Guárdanse en cajonería
múltiple y bien encajada,
en una muy bien cerrada
y ostentosa sacristía.

La fábrica es, en total,
pro su planta, su esbeltez,
amplitud y solidez,
digno templo parroquial.

Bajo su coro, en el fondo
se encierra tras gruesa verja
(y porque nada se inmerja
impuro en su tazón hondo

bajo cubierta de plata),
la pila de agua bendita
en que el primer Jesuita
pagó su primer oblata;

pues en su bordo al poner
su cabeza a bautizar,
sus derechos al altar
hubo de satisfacer.

Hoy como buenos paisanos,
de devoción santo objeto,
tienen un santo amuleto
en ella los azpeitianos.

¡Buen templo y curiosa villa!


mas basta , gente curiosa,
¡y hala la alegre cuadrilla,
que el sol nos sigue y nos pilla
y la prisa nos a cosa!

Y ¡hala!, otra vez por la orilla
del Urola, cuya undosa
corriente borbolla y brilla
entre la selva ramosa.


Y al quebrarse la calzada,
que entre cerros se abre calle
con el Urola apareada,
a nuestra vista asombrada
se abrió de Loyola el valle.


¡A escape y al vuelo! de José Zorrilla

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