¡A escape y al vuelo!: 04

¡A escape y al vuelo! de José Zorrilla


IVEditar

guetaria

—¡Vaya un hotel peregrino!
—El de Sebastián Elcano.
—¿Por qué en mitad del camino?
—Porque es el pueblo cercano
patria de tan gran marino.

—¿Esa es Guetaria? —Esa es:
de esas ondas espumantes
que al cerro baten los pies,
salió con sus mareantes
Elcano. —¡A Guetaria, pues!

¡Qué caprichosa postura,
sentada en la peña dura
con su faro en la cabeza,
es, pequeña en su grandeza,
Gibraltar en miniatura!

¡Vaya… y con qué antecedentes!
Cuna de descubridores,
albergue de pescadores
y baluarte de valientes,
es noble por sus mayores
y brava por sus presentes.

Defendió su libertad
con tan fiel tenacidad,
que no cedió en la batalla
sino cuando la metralla
la dejó sin vecindad.

—¿De modo que las razones
de que hoy esos murallones
estén hechos un cedazo,
fueron balas de cañones?
—Cada hueco un cañonazo.

—¡Jesús, qué desolación!
¡Maldita guerra civil;
no reventara el cañón
que horadó aquel rosetón
tan esbelto y tan gentil!

¿Quién pensara que aquí había
recuerdos de tal valía?
¡Qué templo! ¡Qué torreones!,
¡qué ojivas, qué canalones!…
¡Lo que de ver me perdía!

¡Qué pórticos, qué sillares,
qué aristas y qué pilares:
qué gallardía en los fustes,
qué cimbra, qué arcos, qué ajustes
en sus líneas angulares!

De admirarlos con el gozo
de entusiasmo me remozo;
pero, ¡qué ruina, Dios santo!,
¡qué pobreza y qué destrozo!
¿Quién hizo aquí daño tanto?

—La guerra…, ¡de tantos rea!
—¡Ay de quien la trae en pos!
¿En qué Dios cree quien pelea,
que hunde así y agujerea
las santas casas de Dios?

¿Y un buen retablo italiano
que había aquí, y que sé yo
que era de muy buena mano
de imaginería? —Ardió:
fué el fuego que calentó
los ranchos. —¡Dios soberano,
maldito sea el mal cristiano
que templo tal profanó!

Vámonos de aquí, y que quede
la paz de Dios en Guetaria.
—Así sea: pero puede
que el diablo otra vez la enrede
en otra lid sanguinaria
y… —Pensar es desatino
en agüeros tan fatales.
¡A escape y libre el camino!

y a las rachas desiguales
del acre viento marino,
era el landó un remolino
de velos, rizos y chales.


¡A escape y al vuelo! de José Zorrilla

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