Soliloquios: Marco Aurelio-Teofrasto-Epicteto-Cebes (1888)
de Marco Aurelio
traducción de Jacinto Díaz de Miranda
Libro III
Nota: Se respeta la ortografía original de la época

LIBRO TERCERO.

No se debe contentar[1] uno con hacerse sólo la cuenta que, acortándosele de día en día el tiempo de la vida, la parte que le queda, por instantes se le va haciendo menor, sino que mucho más debe reflexionar, que si más tiempo viviere, estará siempre incierto si una igual disposición de mente en que se halla le acompañará en adelante pronta para la inteligencia de las cosas ocurrentes y para aquella meditación que de suyo conduce al verdadero conocimiento de las cosas divinas y humanas. Porque si una vez la razón empezare á flaquear, por más que no le falte á uno, ni la transpiración, ni la nutrición, ni la fuerza de imaginar y de apetecer, ni de otras facultades semejantes, con todo, se le apagará el vigor para poder usar de sí mism.o, para cumplir á la[1] Este excede todo el arte de recopilar en que tanto se ejercitaba antes la filologiaun lu en que la materia es tan copiosa, que perfección[2] con su deber, para ordenar y arreglar bien sus pensamientos y para resolver con madurezsi ya es tiempo de darse[3] la muerte; finalmente, para ejecutar todas aquellas cosas que piden una razón ejercitada y vigorosa. Conviene, pues, darse prisa, no sólo porque por momentos se va uno acercando más á la muerte, sino porque de antemano le vadesamparando también el conocimiento y reflexión en los negocios ocurrentes.

Ni deja de ser cosa digna de consideración quetodo aquello que es como sobrepuesto á alguna obra principal de las que hace la naturaleza, lleva un no sé qué de gracia[4] y atractivo particular. Lo mismo vemos que sucede al pan que en el horno se abre, y[2] La frase griega que los latinos exprimen con omnes numeros erequi, obire, habere, corresponde al español: hacer á la perfeccion, con todo el primor del arte ó con todos los perfiles. Aquí significa una acción honesta, que en la materia, en el fin y en las circunstancias sea del todo cabal y perfecta.

[3] Esta es aquella todoyoc ifaywyh de los estoicos, insania la más irracional; que un sabio, cuando lo pide la Filosofia, debe ser un homicida de si mismo. Toda la luz de larazón, toda la autoridad de los otros filósofos, no bastaba para humanizar la barbarie de un estoico, el cual, á manera de un Brachman de la secta más hórrida y agreste de los Gimnosofistas, se enfurecía contra su vida; injurioso á Dios,.

autor y dueño de ella; injurioso al cuerpo de la sociedad separándose de ella; injurioso á la misma Filosofia, cuyos deeretos de fortaleza y paciencia en las adversidades violaba; injurioso al honor de su misma secta, á la cual convencia de mole y afeminada, escogiendo la muerte, mal en su opinión menor que aquel que, muriendo, pretendía evitar.

[4] M. Aurelio toca de paso y disuelve ligeramente el argumento de los epicúreos, que negaban ser la naturalezaobra de un Dios próvido, porque se veían ciertos eftctos, ó inútiles en un todo, ó perniciosos al hombre.

no obstante eso, aunque aquellas hendiduras son de algún modo fuera de la intención del panadero, con todo, le dan hermosura y excitan muy particularmente la gana de comerle. Asimismo los higos, cuando están muy sazonados, suelen abrirse, y en las aceitunas rebentadas de maduras, el mismo distar poco de la corrupción, añade al fruto una estima y aprecio singular. Y si uno se pusiese á considerar despacio, y en particular la naturaleza, hallaría, que el inclinarse hacia abajo las espigas; que la melena del león; que la espuma en la boca del jabalí; y, por abreviar, otras mil cosas más, aunque por si mismas ninguna hermosura ofrezcan á la vista, no obstante, por ser añadiduras que de suyo van con las demás obras de la naturaleza, á un mismo tiempo las hermosean y causan admiración: de modo que si uno tuviese un ánimo atento y fijase altamente la consideración en las cosas que se hacen en el mundo, estoy por decir, que aun en estas como consecuencias y adiciones naturales, nada se le presentaria que no le pareciese en cierta manera más agradable, y así también aquella abertura de boca, vista en las fieras, á quienes es natural, no le deleitaría menos de lo que suele deleitar, cuando los pintores y estatuarios la remedan é imitan al vivo, y esto mismo podría, con ojos cast os[5] mirar igualmente la amable belleza de los niños que aquella madurez y gracia ya pasada que muestran en su[5] Aquí no puede menos de notarse que M. Aurelio alude al dicho de Pericles, tan celebrado entre los antiguos, con el cual reprendió á Sofocles, su compañero, que alababa mucho la belleza de un joven que acababa de ver.

semblante las personas de mucha edad. Y, por último, otras muchas cosas de este jaez se le pondrían delante, las cuales no pueden ser del gusto de todos, sino sólo de aquel que se ha hecho familiar la naturaleza y tiene ejercitada la mente en la verdadera contemplación de sus obras.

Hipócrates, habiendo curado á muchos de grandes males, enfermando él mismo, al cabo murió.

A muchos predijeron la muerte los Chaldeos, y no por eso dejó de llegarles su día y destino fatal. Alejandro, Pompeyo y Cayo Cesar, habiendo tantas veces destruído desde los cimientos muchas ciudades, y habiendo degollado en campo de batalla muchísimas millaradas de infantes y caballos, al fin también fallecieron ellos mismos. Murió Heráclito de enfermedad de hidropesia y cubierto de estiércol vacuno, sin que le preservase una prolija disertación sobre el último incendio del universo. Demócrito[6] murió comido de piojos; y piojos, bien que de otra casta, quitaron la vida á Sócrates[7]. ¿Pero á qué viene todo esto? á qué ha de venir: te embarcaste[8], hiciste tu viaje, llegaste al puerto: desembárcate, que si es para vivir[9] otra vida; ni aun allá[6] Sólo M. A. da esta muerte pedicular á Demócrito, todos los otros le hacen morir de puro viejo. Laërt. lib. 1x.

[7] Es gracioso el chiste con que M. A. llamó á Anito y Melito, piojos, que acabaron con Sócrates, aludiendo á la calumnia que le levantaron, ni es cosa desusada el dar á los hombres viles el nombre de estos insectos sucios y molestos.

[8] El símil era muy del gusto de los filósofos, que comparaban la vida con la navegación y la muerte con el arribar al puerto.

[9] Aun dado caso que los estoicos estuviesen persuadiM, AURELO.-8OLILOQUI08.

41 echarás de menos á los dioses, pero si es para quedarte del todo sin sentido, acabarás ya de verte agobiado de penas y privado de gustos, no sirviendo ya á ese vaso inmundo de tu cuerpo, que es de condición tan inferior, y que de suyo debiera servir como esclavo, puesto que en el hombre la una parte consiste en la mente y espíritu, la otra no es más que tierra y podre.

No malogres el tiempo de vida que te queda en averiguar vidas ajenas, á no ser que lo hagas con la mira de servir al público; quiero decir, que no revuelvas en tu imaginación qué hace fulano y por qué lo hace; qué dice, qué piensa, qué maquina y otras cosas á este modo, porque la curiosidad de los hechos ajenos distrae á uno del cultivo y cuidado de su mismo espíritu. Es menester, pues, guardarse mucho que en la serle y discurso de tus pensamientos nada se entrometa de temerario y superfluo, y con más especialidad, nada de curioso y maligno, y también acostumbrarse á meditar solamente en aquello sobre lo cual de repente reconvenido, en qué piensas ahora? pudieses al punto con toda franqueza responder: yo, ahora, en esto ó en aquello pensaba; de suerte que por la tal respuesta al momento se dejase ver un ánimo en todo sincero y bondadoso, propio de quien ama la sociedad, de quien desprecia los placeres y de una vez echa de sí las ideas de una vida mole y afeminada, de quien ni tiene tema, ni envidia, ni sospecha contra nadie, dos de la inmortalidad del alma, con todo usaban muy á menudo del dilema, muy común á todo filósofo, que aqní forma M. A. para apartar el horror natural que todos tienen á la muerte.

ni otro afecto alguno desordenado, por el cual te sea preciso avergonzarte al decir claramente que aquello era lo que en la mente tenías. Porque un hombre de esta clase, debiendo sin más pruebas ser reputado por un varón perfecto, viene á ser como un sacerdote y ministro de los dioses que se sirve, como es razón, de aquel numen que tiene en su pecho consagrado. Esto mismo hace en un hombre tal, que no se contamine con los deleites; que sea invencible en todo trabajo, exento de toda especie de injuria, ni le haga impresión alguna la maldad ajena; que sea un atleta glorioso en el más bello certamen[10], nunca vencido ni arrastrado de pasión alguna, empapado en la justicia y virtud, abrazando con toda el alma cuanto acontece y dispensan los hados, entretenido rara vez, y nunca sin grande necesidad y utilidad pública, en pensar lo que otros dicen, hacen ó maquinan; únicamente para sus mientes en perfeccionar sus acciones y está atento continuamente á la parte que le cabe en el repartimiento de los hados consiguientes en el universo, y así en lo uno cumple con su deber y en lo otro se persuade que las disposiciones son santas, puesto que la suerte que á cada uno en particular se le ha destinado, sobre cuadrarle[11] muy bien, al mismo tiempo se ve serle muy útil. El mismo tiene bien presente, que[10] El aprecio que la antigüedad hacia de los atletas, dió motivo á esta metáfora tan frecuente para significar al que con mucho ahinco se ejercitaba en alguna dificil empresa, que por lo mismo se llamó certamen ó contienda.

[11] Atendiendo á la doctrina estoica, no puede dudarse que la presente es la flor de toda ella, por lo que mira al hado ordenador, promotor y ejecutor de los, movimientos del ánimo.

logrando todo lo que participa de razón, un común parentesco también es conforme á la naturaleza humana el cuidar é interesarse en las cosas pertenecientes á su prójino, pero no de modo que busque el aplauso y aprobación[12] de todos, sino solamente de aquellos[13] que sin disputa alguna viven conforme á las leyes de la naturaleza, porque respecto de los que no viven en esta forma, no se olvida · jamás de como estos tales se portan en casa y fuera · de ella, de día y de noche, y como gustan de revolcarse en un mismo lodo con otros sus iguales; por consiguiente tampoco cuenta con las alabanzas de aquellos que de si mismos no están satisfechos.

No hagas cosa alguna de mala gana ni hagas tus cosas sin respeto al bien común; nada harás sin examinarlo de antemano, ni lo harás arrastrado de alguna pasión. No busques un adorno afectado de palabras[14] para explicar tus pensamientos; no seas amigo de hablar demasiado ni hombre de muchos negocios. Antes bien, procura que ese tu dios, ó tu[12] Acabaríase la clase de gente ambiciosa del aura popular, si sólo quisiese ser aplaudida á lo estoico : Paucis se malle. et sapientibus esse probatum, como decía Lucil, satap. Non. 14, ó si por lo menos siguiese el gusto de la antigua cómica ó romana cantatriz: -- satis est equitem mihi plaudere; ut audax, Contemptis aliis, explosa Arbuscula dicit.

Hor. ser. 1. 1. sat.

[13] A este propósito viene bien aquello de Cicerón, lib. I1, de Finib. Nihil es turpius, quam sapientis vitam ab insipientium sermone pendere.

[14] El consejo es cio de un ánimo poco sabio y nada varonil. Non est ornamentum virile concinnitas, que dijo Séneca, epist. 115.

atón, y es indubitable que es indiespíritu, sea el conductor y como el ángel.custodio de un varón grave, de un anciano, de un ciudadano amante del público, de un romano, de un principe; á partirse de esta vida sobre la marcha, al mismo punto que oyere la señal de la retirada[15]. Nunca necesites de juramento ni de testigo alguno para ser creido. A más de esto, mantén un semblante placentero, indicio de un ánimo, que no necesita de ministerio exterior, ni de que otros le procuren su tranquilidad interior; es necesario, pues, que te mantengas sobre tí, no necesitando de otro apoyo.

Si en el discurso de la vida hallares algo más recomendable que la justicia, la verdad, la moderación, la fortaleza, y, para decirlo de una vez, de mayor aprecio que aquella disposición de ánimo, en fuerza de la cual uno se conforma gustoso con la recta razón en la práctica de sus acciones, y se contenta con las disposiciones del hado, que no dependen de su elección; si algo, digo, hubieres visto de mejor condición, abrazándolo con toda tu alma, goza enhorabuena de ese mayor bien. Pero, si nada se te presentare más excelente que ese tu espíritu ó numen en tu pecho consagrado, que es el que tiene á raya sus propios apetitos; que examina los pensamientos que se ofrecen á la fantasía; que se desprende de los halagos de los sentidos, como Sócrates solía decir; que se sujeta asimismo á los dioses, y que tiene cuenta con el bien del prójimo; si hallares, pues, que toda otra cosa es mucho menor y de menos[15] Marco Aurelio no se olvida que es Emperador cuando nos habla con voces militares: Esperar que toquen la retirada; erpedito para obedecer: la metáfora es muy recibida entre los antiguos.

valor que ese tu espíritu, no quieras dar cabida á otro bien alguno, al cual, si una vez te rindieres, ya no podrás después, sin mucha repugnancia y contradicción, dar el primer lugar á aquel otro, que es propiamente tu bien. Y, en realidad de verdad, no es conforme á justicia y razón que ningún otro género de bien, como es el aplauso popular, el mando, la riqueza, el deleite, se atreva á disputar cara á cara el primer lugar contra el bien honesto, propio de la razón y sociedad; bien entendido, que si uno juzgare deber condescender en algo, por poco[16] que sea, con cualquiera de estos bienes, ellos, de repente, enseñoreados de su corazón, lo arrastrarán tras si. Digo, pues, que, escogiendo tú, de buena fe y generosamente, lo mejor, te afirmes en ello. Y, sin duda, lo mejor[17] es lo más útil, y en que deberás mantenerte, si te conduce como á racional, y huir, si como á dominado del apetito; y, sobre todo, procura conservar un juicio recto y libre de preocupaciones, para que, con toda seguridad, puedas hacer un examen verdadero.

Jamás califiques de útil para tí mismo lo que, tal vez, puede empeñarte en faltar á tu palabra; en[16] El aviso en boca de un estoico suele proceder de la arrogante presunción que la apatia está del todo mano, pudiendo hacer que las pasiones no salgan de sus líuites, á lo que aludía Séneca, epist. 85: į Cujus dementie est credere, quarum rerum extra nostrum arbitrium posita principia sunt, earum nostri arbitrii esse terminos ? Y Sapient., cap. XIx, se nos da un aviso muy semejante al que apunta Marco Aurelio.

[17] Esto es aquel consejo de Pitágoras: Eloo Piov äpiotov.

18ov 8 dutdv 1 ouvjona notfor Escoge el mejor género de vida, y el uso te lo hará gustoso, Plut. de Sanitnuestra desestimar la modestia; en aborrecer á otro; en tenerle por sospechoso; en abominar de él; en mostrarte doble; finalmente, en apasionarte por alguna cosa de las que no pueden hacerse sino á puertas cerradas y tiradas las cortinas. Pues quien á todo lo demás antepusiere su mentey alma, no habiendo para él cosa más sagrada que el culto, y, por decirlo así, que las religiosas ceremonias[18] de la virtud, este tal no dará escena[19], no se entregará al llanto, no temerá la soledad[20] ni el concurso, es más, no vivirá buscando la muerte ni huyendo de ella, persuadido que nada le va[21] en que, por más ó menos tiempo, viva unida su alma con su cuerpo.

Porque, si al mismo punto le fuese necesario partirse del mundo, tan expedito y desembarazado se marcharía, como si hubiese de ir á practicar con decoro y buen modo cualquiera otra función de la lo que[18] Haciendo del alma una divinidad, lleva adelante la metáfora de los misterios celebrados ó ceremonias usadas en las fiestas de los gentiles, para significar el ejercicio de la virtud.

[19] No durá escena: dos sentidos puede tener esta expresión : el uno, no se entregará al ecceso de las pasiones, que excita la tragedia ; el otro, no dará argumento á la acción primaria de una tragedia; esto es, no cometerá facinus majoris abollæ, ni se dejará vencer de afecto alguno que le obligue al llanto y desesperación.

[20] Gatakero pretende leer, no temerá, sino necesitará.

La sentencia viene á parar en lo mismo, y es que un sabio saca de su filosofia, como decia Antisthenes, el poder conversar consigo mismo. Laert., lib. vI.

[21] Esta es una de las muchas sofisterias de los estoicos.

Cin., lib. 11 de Fin. Is stoicus potest dicere, perfeci beatam vitam perfectione virtutis : negat enim summo bono adferre incrementum diem. De aquí nacia aquella blasfemia: Sapiens cum diis ex puri vivit.

vida, şiempre acostumbrado á precaverse tan sólo de que su mente, alguna vez, rehuse los oficios propios de hombre racional y sociable.

En el espíritu de un hombre muy moderado y cándido nada hallarás corrompido, contaminado ni ocultamente lisiado. Ni menos podrá la parca arrebatarle la vida en tal estado que no haya llegado ya al término de su perfección[22], al modo que podría alguno decir de una persona de teatro, que se salía de él antes de dar fin á la acción trágica que representaba. A más de esto; en el mismo jamás verás cosa alguna servil, ni afectada, ni postiza, ni sectaria ó sediciosa, ni que se resista al examen, ni que pretenda quedar oculta.

Ten gran cuenta con la facultad opinativa, porque todo depende de ahí, para que jamás se introduzca en tu espíritu alguna opinión repugnante á la naturaleza y condición de un viviente que participa de razón. Y lo que la tal condición requiere es reserva en el juzgar[23], familiaridad para con los hombres y obediencia á los dioses.

Echando, pues, de tí todo otro cuidado, pon sólo la atención en estas consideraciones, y al mismo tiempo acuérdate que cada uno no vive más de lo que es el tiempo presente en que vive, que es un punto indivisible, y que todo el resto de su vida, ó[22] Sobre este punto nos dice Séneca que longa est vita, si plena est, epíst. 93, y en la 32: Considera quam pulcra res sit consummare vitam ante mortem.-Vita non fit beatior, si longior. Mejor se explicó Varron, cuando escribió: Non eos optime vizisse, qui diutissime, sed qui modestissime; non enim vivere bonum est, sed bene vivere in Mod.

[23] La precaución y miramiento en el dar ó no dar ascenso á las ocurrencias de la fantasia, era lo que los estoicos llaya lo acabó de vivir, ó es incierto si lo vivirá, Es, pues, un nada lo que uno vive, un nada el rincón de la tierra en donde pasa su vida, un nada la más extendida fama de la posteridad, fama propagada por la sucesión[24] de unos hombrecillos que muy en breve se morirán, y que no conociéndose bien á sí mismos, están muy lejos de poder juzgar de los que tanto antes murieron.

A los avisos que llevo dichos debe añadirse uno más, y es, que siempre se haga la definición[25] ó la descripción de aquello que nos presentare la imaginación, de modo que distintamente contemple uno cuál es su naturaleza, tomada de por si precisamente, y mirada según todas sus partes; y que tammaban ánpontwaia, y también ánpóntwtov. Zenón definió esta aproptosía (Laërt., lib. VII) Arte de saber dar ó retener el asenso. El vicio contrario era la temeridad en asentir.

Eran muy exactos en este punto: primero rechazaban la incomprensibilidad de los objetos, ni podian sufrir la retención perpetua, declarándose á favor del criterio de la vcrdad, que ponian en el carácter, nota, insignia ó distintivo que en las ideas ó especies muchas veces en si descubriesen. Después asentaban aquella su paradoja : sapientem non opinari; la razón era, el que reputaban por una grande falta el asentir cuando la idea no llevase la nota de la verdad.

[24] Cicerón, in Somn. Scip., comprueba esta máxima.

[25] M. Aurelio nos da los elemeutos de una critica moral muy interesante cuando nos aconseja hacer la precisión y examen del noinbre, de la sustancia, de las partes, de la relación, del fruto y del fin de cada cosa que se nos presenta. Antes habia Cicerón mostrado las fuentes de donde nace la perversidad y corrupción de nuestros juicios prácticos, asegurando ser la mala educación, peor disciplina doméstica y ninguna buena enseñanza de los inaestros, etc.

Tusc. QQ., lib. 11, cap. 1x, y se verán también en Persio, sat. 3, desde el verso: Discite vos miseri, et causus cognoscite rerum.

bién diga para consigo mismo: «Tal es el nombre propio y peculiar de la tal cosa, tales los nombres de las partes de que se compuso y en las que se resolverá, » Porque verdaderamente nada contribuye tanto á la grandeza de ánimo como el saber examinar con método y exactitud cada una de las cosas que suelen acontecernos, y poder escudriñar siempre las mismas en tal conformidad que venga en conocimiento de cuál uso sirve la tal cosa, y para cuál mundo tiene su uso, qué estimación se merece comparada con cl universo, y qué aprecio comparada con el hombre, siedo éste, como es, un ciudadano de aquella suprema ciudad, de la cual estas ciudades de acá vienen á ser otras tantas casas y familias; de qué condición es, de qué principios se compuso, por cuánto tiempo deberá naturalmente durar este objeto que ahora ne configura la imaginación; de qué virtud convendrá echarse mano para podérmelas haber con él; por ejemplo, si de mansedumbre, de fortaleza, de verdad, de confianza, de candor, de frugalidad ó de otras semejantes.

Conviene por lo mismo decir en cada acontecimiento particular: «Esto en verdad me viene de la mano[26] de Dios; esotro sucede en fuerza de la coligación de las cosas y del hilo fatal de las parcas, por esta complicación de sucesos y por el acaso de la fortuna; aquello nace de parte del tal, que es hombre de mi misma patria, de mi mismo linaje y mi amigo, pero que al mismo tiempo ignora lo que[26] En este particular deben oirse con mucho recelo los filósofos. Todo viene de la mano de Dios : es una verdad de Fe, si se entiende como ésta nos lo ensefña, es decir, que le corresponde según los derechos de la naturaleza, los cuales sé yo muy bien; por esto me portaré con él con benevolencia y con justicia, conforme lo pide y exige la ley natural de la sociedad, si bien en estas cosas comunes de la vida no perderé de vista que debo tratarle correspondientemente á su mérito. »

Si tú, siguiendo la recta razón, hicieses lo que tienes entre manos con estudio, con empeño y buena voluntad, sin poner la mira en ninguna otra conveniencia ni diversión, antes bien, conservases tu espíritu por entonces tan puro como si ya lo hųbieses de restituir á quien te lo ha dado; si, vuelvo á decir, llevares adelante tu obra no buscando otro bien ni huyendo de otro mal, sino dándote por satisfecho con hacer el presente trabajo conforme á la naturaleza, y con hablar con suma entereza lo que hubieres de decir, vivirás feliz y dichoso; además de que no hay persona alguna que pueda impedírtelo.

Al modo que los cirujanos tienen siempre á la mano los instrumentos y hierros de su profesión para las curas repentinas, así deberás tú tener prontos tus dogmas, ya para entender las cosas divinas y humanas, ya para hacerlo todo, aun lo mínimo, todo lo que tiene ser positivo tiene por causa eficiente á Dios. Dogma definido por los Santos Padres contra los Maniqueos, como convencen los teólogos con S. Thom., Q. 79, a. 2, todo bien viene de Dios, y todo mal, ahora sea físico, ahora mal de pena, viene del mismo. Si bien hablando con rigor, el mal, por lo que mira á lo que formalmente hace que sea mal, que es la negación de conveniencia, no tiene causa eficiente, sino sólo deficiente, como dicen los teólogos. Pero es un error, como consta del Conc. Trid., se8. 6, cap. vI, el decir que Dios es autor del mal de culpa, como que lo intente ó nos impela á ella.

en tal conformidad como quien tiene presente la mutua relación que unas y otras cosas tienen entre si; por lo que ningún oficio podrás hacer debidamente para con los hombres sin el tal respeto á las cosas divinas, ni tampoco al contrario.

No te extravíes más, supuesto que no has de tener tiempo para acabar de leer tus comentarios, ni las proezas de los antiguos romanos y griegos, ni los apuntamientos que entresacas de los libros y reservas para el tiempo de tu vejez[27]. Date, pues, prisa en llegar al fin, y dejadas las vanas esperanzas, si tienes cuenta contigo mismo, procura mirar por tu bien.

Porque esto aun pueden hacerlo los que no saben cuántos significados tienen los verbos. de robar, de sembrar, de comprar, de descansar, de ver lo que se debe hacer; lo cual no se ve con los ojos corporales, sino con otra cierta vista interior.

Tenemos cuerpo, alma y espíritu: del cuerpo son los sentidos, del alma los apetitos, del espíritu los dogmas. Ello es así, que el formar la fantasía las ideas de los objetos, es cosa común á los brutos; el ser impetuosamente agitado, como lo es un títere, conviene también á las fieras, á los hombres afeminados, á un Falaris y un Nerón, á aquellos que no creen en los dioses, á los enemigos y traidores á su patria, á aquellos, finalmente, que de nada tienen empacho después que cerraron la puerta. Ahora, pues, si todas las otras cosas son comunes á estos de[27] Es un trastorno aprender uno toda la vida lo que nunca ó sólo sirve á la vejez. Catón dijo bien de los discipulos de Isócrates, que empleaban todo el tiempo en estudiar · su Retőrica.

quienes acabamos de hablar, resta que sea propio del hombre virtuoso tener á su espíritu por guía en aquellas cosas que le parecieren ser de su obligación, y abrazar con amor las disposiciones que los hados le hubieren decretado y urdido; el no manchar su espíritu, que á manera de un numen divino lo tiene consagrado en su pecho, ni perturbarlo con un tropel de imaginaciones, antes bien, conservarlo plácido y propicio, obedeciéndole con el mayor respeto y siguiéndole como á un Dios; por fin, el que no diga oosa que sea contra la verdad, ni haga acción alguna contraria á los derechos de la justicia. Y si uno no fuere del agrado y satisfacción de los hombres, porque siga este género de vida sencilla, modesta y plácida, no por eso deberá enojarse contranadie, ni desviarse de aquel camino que conduce y lleva al término de la vida, al cual es necesario que uno llegue puro y tranquilo, desembarazado y sin la menor repugnancia con la propia suerte que le cupiere.


  1. 1,0 1,1
  2. 2,0 2,1
  3. 3,0 3,1
  4. 4,0 4,1
  5. 5,0 5,1
  6. 6,0 6,1
  7. 7,0 7,1
  8. 8,0 8,1
  9. 9,0 9,1
  10. 10,0 10,1
  11. 11,0 11,1
  12. 12,0 12,1
  13. 13,0 13,1
  14. 14,0 14,1
  15. 15,0 15,1
  16. 16,0 16,1
  17. 17,0 17,1
  18. 18,0 18,1
  19. 19,0 19,1
  20. 20,0 20,1
  21. 21,0 21,1
  22. 22,0 22,1
  23. 23,0 23,1
  24. 24,0 24,1
  25. 25,0 25,1
  26. 26,0 26,1
  27. 27,0 27,1