Salmo VII
de Francisco de Quevedo


¿Dónde Pondré, Señor, mis tristes ojos
que no vea tu poder divino y santo?
Si al cielo los levanto,
del sol en los ardientes Rayos Rojos


te miro hacer asiento;
si al manto de la noche soñoliento,
leyes te veo poner a las estrellas;
si los bajo a las tiernas plantas bellas,


te veo pintar las flores;
si los vuelvo a mirar los pecadores
que tan sin rienda viven como vivo,


con Amor excesivo,
allí hallo tus brazos ocupados
más en sufrir que en castigar pecados.


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