Pensamientos (Rousseau 1824): 36

EDUCACIÓN.


Nacemos débiles, necesitamos fuerzas: nacemos desprovistos de todo, necesitamos

juicio. Todo aquello de que carecemos al nacer, y que necesitamos cuando somos mayores, se nos da por la educacion.

Esta nos viene de la naturaleza, de los hombres, ó de las cosas. La educacion de la naturaleza es el desarrollo interno de nuestras facultades y de nuestros órganos: el uso que se nos ensaña á hacer de este desarrollo, es la educacion de los hombres; y lo que nuestra propia esperiencia nos da á conocer en los objetos que hacen impresion sobre nosotros, es la educacion de las cosas.

Cada uno de nosotros se forma por estas tres especies de maestros. El discípulo en quien se contrarían sus diversas lecciones, está mal educado, y jamas estrará de acuerdo consigo mismo: aquel en quien todas recaen sobre los mismos puntos y se dirigen á los mismos fines, es el único que va á su objeto y camina consecuentemente. Este solo merecerá el nombre de bien educado.

La que mas importa es la educacion de la infancia, y esta primera educacion pertenece incontestablemente á las mugeres. Si el Autor de la naturaleza hubiese querido que perteneciese á los hombres, habría provisto de leche sus pechos para alimentar con

ella á sus hijos. Hablad pues siempre á las mugeres con preferencia en vuestros tratados de educacion, porque ademas de que estan al alcance de velar sobre ella mas de cerca que los hombres, y siempre tienen mayor influencia, les interesa tambien el éxito mucho mas que á estos, pues que la mayor parte de las viudas vienen á hallarse casi á la merced de sus hijos, que entónces las hacen sentir vivamente en bien ó en mal los efectos del modo con que ellas los han educado. Las leyes tan ocupadas siempre de los bienes y tan poco de las personas, porque tienen por objeto la paz y no la virtud, no dan bastante autoridad á las madres. Sin embargo, su estado es mas seguro que el de los padres, sus obligaciones mas penosas, sus cuidados importan mas al buen órden de la familia; generalmente ellas tienen mas apego á los hijos. Hay ocasiones en que un hijo que falta al respeto á su padre puede escusarsele en cierto modo; pero si en alguna ocasion, cualquiera que fuese, llegase á ser hijo tan desnaturalizdo que fuese capaz de faltar á la madre que le ha llevado en su vientre, le ha alimentado con su leche, y durante algunos años se ha olvidado dado de sí misma para no ocuparse mas que de él, deberíamos apresurarnos á ahogar á este miserable como un monstruo indigno de ver la luz del dia.

El mejor educado de entre nosotros es el que sabe soportar mejor los bienes y los males de esta vida; de que se sigue que la verdadera educacion consiste mas en ejercicios que en preceptos.

Si naciesen los hombres apegados al suelo de un pais, si durase todo el año una misma estacion, si cada uno pudiese sujetar su fortuna de modo que jamas pudiera mudarse, en este caso, pues, la práctica de la educacion establecida seria buena bajo cierto respecto: educado el niño para su estado, no saliendo jamas de él, no podria estar espuesto á los inconvenientes de otro; pero en vista de la instabilidad de las cosas humanas; en vista del espíritu inquieto y revoltoso de este siglo, que á cada generacion todo lo trastorna, ¿puede concebirse un método mas insensato que el de educar á un niño como si jamas hubiese de salir de su cuarto, y como si debiese estar siempre rodeado de su familia? Si este desgraciado da un solo paso sobre la tierra, si baja un solo

grado, es perdido. Esto no es enseñarle á soportar la pena, es ejercitarle á sentirla.

Acordaos siempre que el espíritu de una buena institucion no es el de enseñar muchas cosas al niño, sino el de no dejar entrar jamas en su cerebro mas que ideas exactas y claras.

La parte mas esencial de la educacion de un niño, y de la que jamas se hace mérito en las mas cuidadosas educaciones, es hacerle conocer bien su miseria, su debilidad, su dependencia, y el pesado yugo de la necesidad que impone al hombre la naturaleza; y esto no se le hará conocer solamente para que sea sensible á lo que se hace para aligerarle este yugo, sino sobre todo para que conozca desde muy temprano en que categoría le ha colocado la Providencia, para que no se haga mas superior que lo que le permite, y para que nada de lo humano le parezca estraño.

Apropiad la eduacion del hombre al hombre, y no á lo que no es él. ¿No veis que trabajando para formarle esclusivamente para un estado, le haceis inútil para cualquier otro, y que si place á la fortuna, solo habréis trabajado para hacerla infeliz?

Poned todas las lecciones de los jóvenes en acciones mas bien que en discursos. Haced que nada aprendan en los libros de lo que pueda enseñarles la esperiencia.

El pedante y el institutor dicen poco mas ó menos las mismas cosas; pero el primero las dice á cada instante, y el segundo cuando está seguro de su efecto.