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Ramos de violetas

apoyada en tu brazo miraba á la inmensidad, y te decía: no comprendo la vida sin la luz... Recuerda cuánto he sufrido, Sofía, las pocas condiciones que yo tenía de vida propia y, sin embargo, viví... Me encontraba más sola que tú en la tierra y al fin hallé hermanos del alma y, como el hijo pródigo, encontré un Dios, un padre cariñoso; no desesperes de la providencia divina, si no puedes aceptar tan triste prueba con el entusiasmo del héroe, acéptala, al menos, con la resignación del mártir.

Si en tus pasadas existencias fueron grandes tus culpas, en la presente, muchos seres desgraciados te han debido consuelo, entre ellos yo; muchas lágrimas has enjugado, y lo que hoy te causa tan inmenso dolor, la desaparición de tu hija, será tal vez lo que influya poderosamente, en tus últimos días, para tu completa regeneración.

Vive y espera. El célebre Dumas, á pesar de su ateísmo, decía que la sabiduría humana se reducía á estas dos palabras: confiar y esperar.

Confía en Dios y espera en su justicia divina, y así como otras te dirán que no llores, yo te digo, llora, pobre Sofía, llora, porque el llanto es el Jordán bendito que regenera á la humanidad.


1873.